
Seis de la tarde en la Ciudad de Buenos Aires. El obelisco, al fondo del firmamento, cambia de colores. Sobre él se proyectarán durante toda la tarde y la noche diferentes imágenes y videos, el ya clásico mapping. Funcionarios y vecinos se agolpan delante de un escenario montado con la inscripción "vivamos la nueva calle Corrientes".
Sobre sus cabezas, equilibristas cruzan de un edificio a otro a través de sogas instaladas en altura. "¿Están atados, no viejo?", le pregunta una señora a su marido. "Yo qué sé vieja… Si no están atados son unos locos", responde el hombre. Los equilibristas efectivamente están atados. Hacia ellos van flotando unas burbujas gigantescas que generan distintas personas desde los balcones.

Son, dijimos, las seis de la tarde del sábado 13 de abril del 2019. Y pronto, seis cero siete, seis cero ocho, el telón que cubre ese escenario montado se abre. El juega ordena decir que entonces comienza la función. Entonces, comienza la función.

Detrás del telón no aparece un elenco sino más gente, mucha gente. Desde Callao hasta 9 de julio serán muchísimas las personas que se detengan en la diferentes actividades preparadas. En cada cuadra (del lado izquierdo mirando de Callao al Obelisco) hay estaciones con distintos juegos digitales bastante simples. Hay uno de preguntas y respuestas ("de qué calle a qué calle Corrientes será peatonal", preguntan, por ejemplo). También hay pequeños escenarios elevados donde suceden shows o entrevistas (una charla del actor y director José María Muscari con Miguel Ángel Rodríguez, un show musical con Diego Ramos, entre otros).
También hay una estación con un piano y un cartel que invita a subir a tocar a quien guste y sepa. Hay lugares en los que de pronto se arma una coreografía. A eso se lo llama flashmob y van a suceder varios durante toda la tarde noche. Es así: de pronto, un grupo se organiza y se pone a bailar en mitad de la calle. Da la impresión de ser espontáneo pero, dios gracias, es una serie de movimientos ensayados.

Hay también seis espejos distribuidos en Corrientes esquina Paraná. Emulan los espejos de un camarín. En ellos, seis peluqueras atienden a quienes hacen la cola. No ofrecen raros peinados nuevos pero sí un alisadito o algunas maniobras capilares al paso, para poder atender a más gente. Ahí cerca hay un montón de mesas puestas una al lado de la otra con distintos maquillajes. Son estaciones para los más chicos. Los que quieren se sientan y les hacen dibujos en la cara como si estuviéramos en Halloween. Además, todo alrededor, diferentes bandas de música tocando diferentes estilos.
Eduardo Macchiavelli mira suceder las actividades con un gesto de satisfacción. Es el Ministro de Ambiente y Espacio Público de la Ciudad y camina por la avenida junto al elenco de funcionarios que asistió al evento. Su equipo es uno de los que más trabajó la propuesta de la reconversión de Corrientes. "Hay dos antecedentes que nos hacen llegar a esto", dice a Infobae.
"Uno es la continuidad de peatonalizar el centro o microcentro de la Ciudad, porque entendemos que es mejor el desplazamiento a pie. Y el segundo antecedente tiene que ver con lo que se está haciendo en el mundo, como en el Times Square en New York, en San Pablo, y hace poquitos meses en la Gran Vía en Madrid, donde se tomó la decisión de priorizar el espacio para los peatones para, entre otras cosas, favorecer el comercio, los teatros, las pizzería. Toda la vida nocturna que tiene un espacio público. Corrientes era la calle que nunca dormía en la década del '60 y '70, y había perdido esa condición. Nos parecía que ésta era una buena manera de recrear lo que alguna vez fue", explica.
Cerca suyo están el jefe y vicejefe de Gobierno, Horacio Rodríguez Larreta y Diego Santilli. Ambos reciben saludos de la gente y comentarios. Uno de los que saluda a Larreta es Alberto Sarramone. Tiene 85 años y es escritor. Aunque es un vecino más del barrio, llama la atención de todos porque en pleno festejo de la peatonalización, aparece con una especie de moto/monopatín eléctrico. "Es que me cuesta caminar, entonces le quiero pedir permiso a Larreta para que me habiliten esto", dice a Infobae entre risas, mientras saluda a la gente que le extiende la mano simplemente porque le divierte su transporte.

"Lo que he puteado a Horacio con todas las obras y reparaciones que estaban haciendo, porque vivo acá…", cuenta entonces. Y sigue: "Yo le decía: 'Arreglame la Corrientes'. Y él: 'ya va, ya va'. Y la terminó rápido eh. Quedó hermosa".
Para él, Corrientes es la calle de los sueños. "Y los sueños no se olvidan nunca. Yo compraba libros en Corrientes y ahora los vendo", dice con una alegría que no disimula. Mientras, la gente sigue admirando su extraño monopatín.
Es increíble la curiosidad que despiertan los rodados en la nueva calle Corrientes. A pocos metros de ahí, una oficial de la Policía de la Ciudad está parada al lado de su móvil y la gente le pide permiso para sacarse una foto encima de él. Es que, claro, no es un auto ni una moto ni un cuatriciclo, es -explica la oficial- un Trimóvil.
La oficial se llama Emiliana y tiene 27 años. Egresó de la Academia de Policías de la Ciudad en diciembre. Tiene licencia para manejar el tan mentado Trimóvil, así como autos y cuatriciclos. El Trimóvil es como si fuera un atril aparatoso con tres ruedas, dos al frente y una atrás. Es el tipo de patrulleros que se verán entre los peatones en la calle Corrientes. Suena poco atractivo tal vez, pero lo cierto es que la gente se sube como si se tratara de una nave espacial y se saca fotos. Emiliana sonríe, sabe que hoy es tan solo una inauguración. Algunas especificaciones técnicas: el Trimóvil viaja a 20 kilómetros por hora pero puede "chipearse" para que llegue a 70. En la peatonal se usarán solo a paso de hombre.
-¿Y si sucede un robo y el ladrón se escapa?
-Y bueno… me bajo y lo corro, obvio -dice la oficial.

Otro de los funcionarios presentes en la inauguración es Enrique Avogadro, Ministro de Cultura de la Ciudad y un reconocido amante del teatro. "A mi me gustan mucho las revistas y Corrientes siempre fue el lugar donde venir a conseguir revistas raras. También recuerdo venir con mi familia al teatro infantil, y después empezar a ir solo al teatro San Martín. Además, mi mujer es actriz y es nieta de Luis Sandrini, y me cuenta que cuando él hacía Donde los duendes cazan perdices se hacía una cola tan larga que él salía en persona y les ofrecía café a las personas que estaba en la fila, como un gesto", dice.
Sin embargo, para él la conversión de Corrientes no es exclusivamente para recuperar el esplendor pasado: "Esta avenida siempre tuvo una impronta cultural que queremos proteger. Pero además de ir a la identidad de la Corrientes del siglo XX, queremos pensar la Corrientes del siglo XXI", explica.
La recuperación no solo se trata de teatro y comercio sino también de gastronomía. Son justamente las pizzerías algunos de los lugares más activos durante la fiesta. Además, hubo un taller de pizza en plena calle. No sucedió sin embargo frente a una pizzería sino delante La Giralda. Allí, Rodrigo Mattera, el ganador de El gran premio de la cocina (el concurso de cheffs de El Trece), brindó un taller de pizzas y brusquetas. La histórica confitería cerró hace unos meses y pronto volverá a abrir (con otros dueños), por lo que la actividad tuvo doble misión: por un lado entretener a la gente, y por el otro ocupar un lugar histórico por sus churros y chocolates calientes.

Ahí cerca, casi llegando al Obelisco, fue el lugar de los shows. Carmen Barbieri hizo una pequeña presentación con su compañía de Teatro de Revista. Además de Carmen, bailó Valeria Archimó junto a un cuerpo de bailarines y bailarinas.
También se presentaron Raúl Lavié y Nito Artaza, que desfilaron junto al elenco de La Jaula de las Locas. Al son de "Soy lo que soy" y haciendo flamear la bandera del orgullo gay, los actores caminaron por la avenida despertando el aplauso de la gente. Y después llegó Nacha Guevara que cantó tangos y entonó "Yo extraño a mi ciudad", como si en su recuerdo Buenos Aires fuera otra, la misma Buenos Aires que proyectan con lágrimas en los ojos el montón de adultos mayores que pasan por el evento y ante cada guiño de nostalgia aplauden.

Pero el mayor aplauso, la ovación que no tuvo ni un atisbo de pompa ni superproducción, la despertó alguien que no estaba en la programación oficial del evento. Se trató de Alejandro Brumengo, un cantante no vidente que llegó con su equipo de música y emocionó a todos cantando "A mi manera" o diferentes canzonetas napolitanas. Fue un momento en el que el destello de Corrientes no dependió de la brillantina ni de las marquesinas. Un momento sin tiempo que, quien sabe, vuelva a ocurrir. A eso se dedica Brumengo: canta en las calles para vivir, para encontrar quien lo escuche. A partir de ahora, tendrá mucho más Corrientes para seguir conmoviendo.
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