
Vestida con un elegante vestido blanco y acompañada por su nieto Dante, Evangelina Salazar fue vista la noche del viernes en el Multiteatro de la Ciudad de Buenos Aires. La actriz asistió para presenciar la obra “El divorcio del año”, encabezada por Guillermina Valdés, su exnuera. El reencuentro se distinguió por gestos amables entre ambas, y la coincidencia de que el personaje de Valdés también se llama Evangelina acentuó el guiño personal.
El encuentro entre Evangelina Salazar y Guillermina Valdés en el teatro puso en primer plano la convivencia madura de una familia que logró recomponer su relación tras años difíciles. Salazar acudió acompañada por Dante, hijo de la actriz y Sebastián Ortega. Ambas compartieron gestos de cercanía durante y después de la función, evidenciando una relación cordial y un ambiente de respeto, a pesar de la historia sentimental y las crisis previas entre Valdés y Ortega. Las imágenes capturaron a ambas sonriendo y tomadas de la mano.
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Los comienzos de Guillermina Valdés y Sebastián Ortega
La relación sentimental entre Guillermina Valdés y Sebastián Ortega comenzó en 1998, cuando ella iniciaba su carrera profesional como modelo. Ese vínculo se consolidó rápidamente y, en un principio, se mantuvo alejado de la exposición mediática. Apenas un año después, la llegada de su primer hijo, Dante, marcó el inicio de la familia.
“Es que en aquel entonces eso era felicidad para mí. Estaba medio apagadita... Se ve que necesitaba pasar por eso para ser quien soy”, recordó alguna vez Valdés en una entrevista con Valeria Mazza, dando cuenta de la transformación personal que supuso esa etapa. Ella decidió dejar en pausa su desarrollo profesional para dedicarse a la maternidad, describiéndolo como una elección propia. “Era mi opción. No está bueno decir ‘no podía’ o ‘no me dejaba’. Tengo demasiada personalidad para que me digan lo que debo hacer”.
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Del crecimiento familiar a la separación
Con el paso de los años, la familia creció con la llegada de Paloma y Helena. Mientras sus hijos crecían, Valdés profundizaba en su formación como actriz y estudiante de psicología. Sin embargo, esa dedicación exclusiva al hogar y a la maternidad derivó en una sensación de desconexión.
“Sentía que había perdido parte de mi identidad o el rumbo de lo que quería hacer para mi futuro”, admitió la actriz al referirse a esa etapa. Tras el nacimiento de Paloma, volvió a estudiar y luego tomó clases de teatro, lo que le permitió recuperar un espacio personal. “Cada lunes manejaba 50 kilómetros de regreso a casa llena de procesos, de interrogantes y de ideas. De a poco, la Psicología y el teatro me ayudaron a recuperar un espacio que era muy propio”, evocó Valdés.
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Tras varios años juntos, las crisis, los intentos y las revisiones se hicieron evidentes. “Fui por acá, fui por allá... Y llegó un momento en que le dije: `Ay, qué lástima... Pero no´”, relató Valdés sobre la decisión de poner fin a la convivencia. Finalmente, tras 12 años juntos, ambos decidieron separarse. “Yo me separé muy tranquila de haber hecho todo, de haber apostado. No se pudo. Nos divorciamos. Cada uno hizo su vida y para mí estuvo muy bien”.

El impacto de la exposición pública tras la ruptura
Luego de la separación, la relación entre Valdés y Ortega atravesó un período especialmente complejo, debido a la atención mediática surgida a partir del vínculo posterior de Valdés con Marcelo Tinelli. Las disputas públicas influyeron en el entorno familiar e intensificaron el conflicto. Fue, parafraseando al título de la obra donde actúa Valdés, el divorcio de aquel año.
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Con el paso del tiempo, especialmente después de la ruptura entre Valdés y Tinelli, la situación se calmó. El centro de la relación volvió a ser el bienestar de Dante, Paloma y Helena. El vínculo parental, que llegó a estar distante, encontró luego un camino para una coexistencia cordial.
Una familia recompuesta y la palabra de Evangelina Salazar
Por su parte, Evangelina Salazar también habló hace algunos años sobre las sensaciones que vivió durante la ruptura entre su hijo y Valdés: “Las separaciones las vivimos con mucho dolor, no fue fácil para nosotros, los chicos lo vivieron con el sufrimiento lógico y a nosotros nos dolió e hicimos todo lo posible para recomponer, pero es su vida y no podemos hacer más que escucharlos y darles nuestra opinión”.
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Sobre el presente, Salazar señaló: “Con Guillermina nos hablamos por teléfono por el tema de los chicos”. El contacto es frecuente y se sostiene en el afecto de los nietos, que suelen visitar a su abuela y compartir tiempo con su entorno.
Hoy, la familia ha logrado superar los momentos difíciles y mantiene relaciones basadas en el respeto y la cercanía, enfocando su energía en fortalecer los vínculos entre las distintas generaciones.
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Fotos: RS Fotos
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