La máquina de escribir de Arlt y la casa en la que vivió Sabato se esconden en Córdoba: una periodista tras los mitos de los escritores argentinos

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Bibiana Fulchieri en la casa en la que vivió Ernesto Sabato en Córdoba
Bibiana Fulchieri en la casa en la que vivió Ernesto Sabato en Córdoba

Cuando en noviembre de 2017 Bibiana Fulchieri presentó en la Agencia Córdoba Cultura su idea, tras una convocatoria que entonces ya pensaba en el VIII Congreso Internacional de la Lengua (CILE), definitivamente el proyecto no era lo que terminó siendo.

La escritora y periodista se embarcó en una investigación que la llevó a lo largo de 6.000 kilómetros de ruta por la provincia de Córdoba, detrás de leyendas urbanas que tenían como protagonistas a varios de los escritores más importantes de la Argentina. El objetivo: descubrir si eran ciertas.

-A usted que le gusta el periodismo, acá en Río Ceballos vivió Rodolfo Walsh- le dijo un día el conserje del hotel.

-Sí, acá todos me dicen lo mismo pero nadie sabe donde- le respondió Bibiana encarando la puerta, que no era la primera vez que escuchaba la historia.

-Yo sé donde está la casa- contestó el otro. Y ese fue el principio.

Ese instante, esa tarde que ella podría haber salido hablando por teléfono, apurada, pasado de largo sin sostenerle al conserje la mirada que a él le dio el pie para sacarle charla, fue la clave. La primera pista de la que se aferraría para desandar los pasos perdidos de Rodolfo Walsh a los pies de las Sierras Chicas de Córdoba.

Rodolfo Walsh
Rodolfo Walsh

"Acá siempre se dijo que estuvo refugiado Rodolfo Walsh, en las Sierras Chicas, que se dice que son 'chicas' pero que son enormes porque abarcan 250 kilómetros hasta el Valle de Punilla", describe Fulchieri, poniendo en perspectiva las dificultades geográficas de ir tras el mito.

Aquella tarde no sólo le señalaron la casa donde había vivido el autor de "Operación masacre", sino que llegó al dato de que había una escritora local había hecho un libro sobre Río Ceballos y en un pasaje mencionaba la presencia de Walsh.

La búsqueda de la escritora no fue fácil, pero Bibiana la encontró. Una foto fue la clave. "Me dijo que si, que ella había entrado y que conocía al casero de esa casa. Ella construyó un texto al que le puso aditamentos nuevos, en el que ahondó en la vida de él ahí, en qué cosas había hecho, en qué cosas no", adelantó sobre uno de los fragmentos de Cartografía de la Lengua de Córdoba, su libro.

Cartografía de la Lengua de Córdoba
Cartografía de la Lengua de Córdoba

La presentación es este viernes a las 18:00 en el Centro Cultural Córdoba, en el marco del CILE, y de la publicación participaron otros 55 autores especializados en cada una de las figuras. Esa fue la decisión que tomó Bibiana y de la que remarca no se arrepiente. "Fui buscando padrinos y madrinas y se hizo un libro muy ecléctico y con textos maravillosos", lo resume ella.

"Comenzó como un libro modesto, un poco circunscripto a las casas museos en Córdoba, pensado para los visitantes que quizás no saben con toda la riqueza cultural con la que cuenta esta provincia, pero en el camino comenzaron a florecer, a salir y a ocurrir historias que me fueron fascinando, a abrirse un universo literario inmenso", describe el proceso por el que su libro -el que pensó en 2017- se convirtió en otra cosa.

"Otra historia es la de una hermosa casa donde Ernesto Sabato con una enorme crisis existencial, se recluyó para decidir si dedicarse a escribir o a la física. Él necesitaba irse de Buenos Aires, buscaba un páramo y le prestaron una casa en el medio de las sierras, en un lugar que se llama El Pantanillo", dice como al pasar, narrando al vuelo una parte desconocida de la biografía más íntima de la literatura argentina.

"Para confirmarlo rastreé el director del diario de Villa Carlos Paz, que me dijo que fue él quien acompañó a Sabato a despedirse de esa casa", revela y con cada detalle que comparte recupera un nuevo capítulo de una historia que quien la escucha no puede dejar de pensar, podría haberse perdido para siempre con sus últimos testigos, si ella no la hubiera rescatado.

Matilde Richter y Ernesto Sabato
Matilde Richter y Ernesto Sabato

El mundo literario le es cercano. Bibiana fue fotógrafa de Juan Filloy, de Andrés Rivera, Manuel Mugica Lainez y Jorge Barón Biza, entre otros. Hace 30 años se dedica al periodismo cultural y quizás sea por eso que tuvo siempre clara la necesidad de hacer lo que estaba haciendo. Le dedicó un año entero a recorrer, como si se tratara de una detective detrás de un misterio que no la deja dormir, leyendas urbanas de escritores.

"Para mi fueron grandes hallazgos, estoy feliz de haber podido incorporarlo a este libro", le dice a Infobae sin poder evitar la sonrisa, desde su casa de Mendiolza, en el departamento cordobés de Colón y antes de descubrir otro de sus hallazgos, de las historias que la pusieron en la ruta, esta vez no para perseguir a un escritor argentino, sino a uno paraguayo.

"Me habían dicho que Roa Bastos había dado clases en un pueblo perdido, Cruz Alta, en el límite con Santa Fe. Preguntaba y me decían que no, que 'a mi me contaron', que 'me dijo fulano', entonces llamé al colegio", suelta dejando en ese momento el silencio que dejan antes del remate los que saben contar historias: "y la directora me dijo que era verdad, pero que no podía decirme nada porque eso había pasado hacía 50 años". Pero ella no iba a darse por vencida.

Augusto Roa Bastos
Augusto Roa Bastos

La certeza que había conseguido, que Augusto Roa Bastos, ganador del Premio Cervantes en 1989, había dado clases en una escuela perdida de Córdoba, puso a funcionar toda su creatividad ahora para demostrarlo. Le pidió a la directora con la que había hablado la lista de alumnas de esa época. Encontró a dos de ellas vivas. "Me contaron todo, como era él, cómo era el aula" y por segunda vez no puede evitar la sonrisa.

Pero no sólo encontró historias. Dio también por ejemplo con la máquina de escribir en la que Roberto Arlt empezó a escribir en 1923 "El Juguete Rabioso", cuando esa, su primera novela, todavía se llamaba "La Vida Puerca" y que publicaría tres años más tarde. La razón que lo llevó a Córdoba fue la ilusión de una geografía que ayudara a su mujer, Carmen, a recuperarse de la tuberculosis.

"Cuando él se va la deja en la casa que alquilaban. Le deja todas las pertenencias, que eran pocas porque eran pobres, a un íntimo amigo que tenía un grupo de teatro anarquista, que vivía refugiado, se lo dejó como un legado. Y este hombre guardó todo en un teatro", repasa las circunstancias que llevaron a que hoy un coleccionista de Cosquín cuide con recelo la máquina de Arlt. "Me llevó tiempo lograr convencerlo, pero está comprobado que es la máquina de él", confía la autora.

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Las de los escritores por Córdoba no son las únicas historias la Cartografía de Fulchieri, que incorpora también al Hotel Edén, hoy museo, donde se quedaron Rubén Darío Albert Einstein o de las locaciones en las que se filmó tras la muerte de Federico García Lorca la película "Bodas de sangre", lugar mantenido durante años en secreto, porque no podía saberse donde los protagonistas estaban refugiados.

Al final de la charla, una sola pregunta queda dando vueltas:

-¿Alguna de las leyendas urbanas no era cierta?

-Todas fueron ciertas. Lo que hubo fueron historias que no logré demostrar. Pero quedarán para la segunda parte.

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