Eduardo “Cacho” Vázquez
Eduardo “Cacho” Vázquez

En sus ediciones del 3 de enero de 2000, los principales diarios porteños y el platense El Día dieron una noticia que conmovió a los gourmets, los amantes del buen vino y a gran parte del ambiente cultural y artístico de Buenos Aires. "Murió ahogado en el Tigre el dueño del conocido local El Club del Vino", titulaba el tradicional diario de la ciudad de La Plata, y contaba que Eduardo Cacho Vázquez, de 59 años, marido de la actriz Cristina Banegas, había muerto la madrugada del día anterior por asfixia por inmersión cuando nadaba en la primera sección del Río Capitán.

En sus primeros párrafos, la nota explicaba de manera sucinta que Vázquez había entrado en el río para nadar poco después del amanecer y que "desapareció de la superficie del agua y comenzó a ser buscado con desesperación por los familiares y amigos que se encontraban en la orilla del río. A los pocos minutos lograron encontrar al empresario flotando en la superficie del río con evidentes señales de asfixia y en grave estado. Inmediatamente -continuaba relatando la nota de El Día – Vázquez fue conducido por sus amigos hasta una sala sanitaria de la zona, donde murió a las 6.40 por asfixia por inmersión".

Estaba en pareja con la actriz Cristina Banegas
Estaba en pareja con la actriz Cristina Banegas

En todos los artículos -además de su relación con Banegas – se contaba que Cacho Vázquez había creado 15 años antes El Club del Vino, en el barrio porteño de Palermo, un famoso centro gastronómico y cultural que funcionaba en un local de la calle Cabrera 4737 diseñado por él mismo, donde además de comer y beber muy bien se podía disfrutar de las presentaciones de reconocidos intérpretes de tango y de otros géneros musicales. También se decía que Vázquez había sido el creador -a partir de una idea que había traído de España, donde había vivido algunos años- de la primera red de distribución y venta de vinos con denominación de origen que las bodegas producían especialmente para él.

Lo que ninguno contaba -por desconocimiento– eran las razones por las que Cacho Vázquez, nacido en Bahía Blanca y otrora estudiante de Arquitectura en la Universidad Nacional de La Plata, se había radicado en Madrid durante la última dictadura y sólo había retornado a la Argentina una vez recuperada la democracia.

Lo que no se decía era que el talentoso empresario del Club del Vino había sido años antes uno de los dirigentes más importantes de la organización político militar Fuerzas Argentinas de Liberación "22 de agosto" (FAL 22) y que había tenido que salir clandestinamente del país con su mujer y su hijo en 1977 para salvar sus vidas.

De la Facultad a la revolución

A comienzos de los '60, Eduardo Vázquez dejó su Bahía Blanca natal para ir a estudiar Arquitectura en la Universidad Nacional de La Plata. Gobernaba Arturo Illia y después sobrevino el golpe militar de 1966 y también la resistencia a la dictadura de la llamada "Revolución Argentina". Faltaba poco tiempo para que estallara el Cordobazo, que marcaría el principio del fin del general de caballería Juan Carlos Onganía.

La ciudad de las diagonales era un hervidero antidictatorial, fogoneado por una activa militancia estudiantil -en la que convivían agrupaciones de diferentes líneas marxistas, trotskistas y peronistas- y por los históricamente combativos obreros del polo industrial de Ensenada y Berisso, con los delegados de los frigoríficos, Propulsora Siderúrgica y Astilleros Río Santiago a la cabeza.

Cacho Vázquez junto a su primera esposa Lucila (abajo), y su amigo José María Company Céspedes y su pareja María
Cacho Vázquez junto a su primera esposa Lucila (abajo), y su amigo José María Company Céspedes y su pareja María

Cacho Vázquez no tardó en sumarse a esa militancia estudiantil, donde fue uno de los principales impulsores de los Grupos Revolucionarios de Base (GRB). Eran tiempos vertiginosos y muy pronto la activa militancia de Vázquez y su compromiso político lo llevaron a tener importantes responsabilidades en la conducción de las Fuerzas Argentinas de Liberación "22 de Agosto". Desde allí, una de sus primeras tareas fue articular a esa organización guerrillera, de orientación marxista-leninista, con los militantes estudiantiles de los GRB, que ya tenían una fuerte inserción en casi todas las facultades.

-Puedo decir con exactitud cuándo lo conocí personalmente a Cacho, porque fue una fecha inolvidable, el 25 de mayo de 1973. Yo había ido con las columnas de los GRB desde La Plata y nos encontramos en la Plaza de Mayo. Ahí nos juntamos con los compañeros de Buenos Aires y desplegamos las banderas de las FAL 22. Ahí nos conocimos personalmente y nos dimos un fuerte abrazo Después fuimos todos a Devoto, para la liberación de los presos políticos – recuerda José María Company Céspedes, uno de los fundadores de los Grupos Revolucionarios de Base que no tardó en incorporarse a la dirección nacional de las FAL 22.

Asturias 1979: Cacho, Company Céspedes junto a su pareja María, y Lucila Blinder, esposa de Vázquez
Asturias 1979: Cacho, Company Céspedes junto a su pareja María, y Lucila Blinder, esposa de Vázquez

Sus compañeros en la organización lo recuerdan como un militante comprometido, incansable, fuertemente crítico y muy inteligente.

-En un momento de discusión política sobre la orientación que íbamos a tomar, me tocó hacer con Cacho una gira por las diferentes regionales que tenían las FAL 22. Ahí tuve la posibilidad de hablar mucho con él. Era un tipo brillante, de una enorme capacidad política, aunque a veces molestaba la rotunda claridad en sus argumentaciones. Te daba vuelta, cuando discutías con él te sentías como un estudiante de primer año de ingeniería que quería discutir con un ingeniero consagrado, te hacía pelota. Se lo respetaba y se lo escuchaba. En ese sentido fue un poco el alma mater de la organización – dice H.L.S., otro integrante de la dirección nacional de las FAL 22.

-Era brillante, irónico y de una dialéctica increíble – confirma Company Céspedes.

Peronismo y elecciones

Dentro de las FAL 22 se desarrolló un fuerte debate político sobre qué postura tomar ante las elecciones de 1973 y Cacho Vázquez fue uno de sus principales promotores. Su propuesta de apoyar críticamente al peronismo frente a las elecciones resultó finalmente triunfante, y a contramano de la mayor parte de las organizaciones marxistas, las FAL 22 decidieron apoyar críticamente no sólo la candidatura de Héctor J. Cámpora sino también, para las elecciones de septiembre, a la fórmula en la que Juan Domingo Perón impuso a su mujer, Isabel Martínez, como candidata a vicepresidente.

Volante de las FAL22
Volante de las FAL22

-Fue Cacho quien promovió que se diera apoyo crítico al peronismo, ya en 1972. De allí salió la consigna de las FAL 22 frente a las elecciones: "Cámpora presidente, libertad a los combatientes". Por esa época ya era la dirección real de la organización, y tuvo la tarea de llevar adelante las conversaciones para fusionarnos con los Comandos Populares de Liberación (CPL), otra organización que era bastante afín, con el objetivo de madurar las condiciones de una posible fusión – dice Company Céspedes.

H.L.S. coincide en el lugar protagónico que tuvo Vázquez en el apoyo crítico al FREJULI.

-Cacho planteó que el eje debía ser político en el camino del retorno a la democracia, y consecuentemente proponía acompañar críticamente al peronismo. Eso hizo que nosotros revalorizáramos un poco el papel del peronismo desde la izquierda. Fue un momento importante, por las definiciones – confirma.

La política antes que las armas

Los dirigentes de las FAL 22 consultados por Infobae para esta nota recuerdan también que caracterizaban esa etapa como "pre-revolucionaria", en la que el grado de conciencia popular no daba cabida a la lucha armada, y sostenían que su trabajo político era de acumulación de fuerzas en conciencia y organización revolucionaria. Eso los diferenciaba de otras organizaciones político-militares que consideraban que se estaba ante una de guerra revolucionaria – dice H.L.S.

Esa posición, en 1975, provocó fuertes divisiones dentro de las FAL 22 y el alejamiento de muchos de sus militantes hacia otras organizaciones armadas, como el PRT-ERP, Montoneros y la Organización Comunista Poder Obrero, que había empezado a actuar militarmente con sus Brigadas Rojas. Vázquez criticó esos alejamientos, pero también empezó a cuestionar el futuro de la organización a la cual seguía perteneciendo.

-Era crítico sobre el futuro de las FAL 22, dado el proceso de radicalización y violencia que se estaba viviendo en la Argentina. De hecho, poco después se separó – recuerda Company Céspedes.

Cacho y Lucila Blinder, su pareja y compañera de militancia
Cacho y Lucila Blinder, su pareja y compañera de militancia

-Se apartó de la dirección de la organización debido a las diferencias políticas irreconciliables que coexistían adentro, pero se quedó colaborando desde la base en tiempos muy críticos del país y de la militancia. Finalmente tuvimos que irnos en el año 1977 – dice Lucila Blinder, su pareja y compañera de militancia desde 1971.

Para entonces, Cacho Vázquez ya estaba en la clandestinidad, puesto que su identidad y su pertenencia a las FAL fueron conocidas después de la caída del comando Benjo Cruz de la organización.

El exilio europeo

Cacho Vázquez, su compañera Lucila y Santiago –de 5 años, hijo de ambos– salieron del país en 1977. La partida al exilio no fue fácil. En forma repentina iniciaron un largo y trabajoso periplo que los hizo pasar varias semanas en Uruguay y Brasil, para llegar después a España y finalmente Italia.

-En Italia estuvimos casi un año, en Milán, donde nos acogieron amorosa y generosamente viejos amigos. Conseguimos trabajos dignos con escuálidos sueldos y escuela comunal muy solidaria para nuestro pequeño. Igual decidimos volver a España, más precisamente a Madrid, donde compañeros estaban pensando cómo mejorar las condiciones de un exilio cada día más numeroso en un país que no contaba con legislación de asilo y estaba saliendo del franquismo. Llegamos de nuevo a España, esta vez decididos a legalizar nuestra situación allí, ya que estaba cada vez más claro que nuestra idea de volver a Argentina rápidamente se iba diluyendo con la virulencia creciente de la dictadura. Es así que Cacho se presenta ante la delegación policial de Madrid para blanquear su situación y solicitar un documento porque había entrado clandestinamente al país con otra identidad – relata Lucila.

Cacho con Lucila y Santiago en Madrid
Cacho con Lucila y Santiago en Madrid

Esa decisión casi le cuesta la expulsión de España para devolverlo a la Argentina, donde con seguridad lo esperaban la cárcel o la muerte. Fue entonces que recurrió al Alto Comisionado de las Naciones Unidas de Ayuda al Refugiado (ACNUR) donde les dieron la condición de refugiados a los tres.

-Recuerdo que otros cuatro compañeros más, uruguayos y chilenos, compartían esa condición de expulsados. El Gobierno de España resolvió que debían volver a sus países de origen para conseguir el visado. Fue entonces que se movilizaron varios organismos de cooperación, solidaridad y derechos humanos, y a su vez se crearon otros gracias a la gestión y participación de personalidades destacadas de la sociedad española. Todos ellos tenían un doble objetivo: resolver la situación de los afectados por esa resolución y simultáneamente ampliar las luchas para profundizar el establecimiento de la incipiente democracia. La Coordinadora Latinoamericana fue una instancia importante a la hora de gestionar la derogación de la resolución. Eduardo Luis Duhalde y Gustavo Roca nos estimularon y apoyaron fuertemente para conseguir los objetivos de no expulsión. Lo que finalmente se logró – dice Lucila a Infobae.

Cacho y Santiago durante un invierno en España
Cacho y Santiago durante un invierno en España

De todos modos, las condiciones de vida de Cacho y su familia estaban lejos de ser cómodas:

-Las penurias no terminaron allí. Estábamos en Madrid sin un mango, con un hijo de 5 años y sin trabajo. Había que empezar de cero y en condiciones muy adversas como casi todos los exiliados en Madrid – cuenta Lucila.

Con otros exiliados, comenzaron a constituir lo que sería la Casa Argentina en Madrid, una organización pensada por fuera de cualquier pertenencia política y destinada a lograr una integración saludable de los exiliados en una sociedad que para casi todos era completamente desconocida. Ese proceso tuvo a Cacho Vázquez como uno de los principales actores.

El Club del Vino español

Mientras tanto fue trabajando en lo que podía. Su primer empleo fue en una fábrica metalmecánica dedicada a la producción de sistemas de tabiques para oficinas. Después consiguió empleo como fotógrafo en una editorial que editaba revistas sobre diferentes temas.

Cacho con Santiago
Cacho con Santiago

Fue entonces que entró en contacto con el Club del Vino de Madrid, llamado en realidad Vinoselección, y empezó a trabajar como fotógrafo de sus productos. Después unos meses, pudo conocer todos los secretos de la actividad y del negocio. Fue entonces cuando le propuso al dueño, Máximo Galimberti, hacer una revista de vinos y gastronomía para publicar todo lo referente a los productos del Club y su procedencia. Poco después lanzaban Sobremesa, que llegó a ocupar un lugar privilegiado dentro de las revistas de gastronomía de la comunidad europea.

En 1984, con el retorno de la democracia, Vázquez decidió volver a Argentina.

La revolución del vino en Buenos Aires

Apenas desembarcado en la Argentina, Cacho Vázquez montó el mismo sistema de distribución desde un pequeño departamento situado sobre la Avenida Santa Fe en Palermo. Al comienzo, contó con el apoyo del dueño del club español, Máximo Galimberti.

Fue uno de los impulsores de la denominación de origen y del rescate de los productores de la producción de varietales destinados exclusivamente a vinerías y restaurantes. Y también de selecciones especiales que él mismo se encargó de distribuir desde el Club a través de un acertado mecanismo de socios que creció rápidamente.

No pasó mucho tiempo hasta que abrió su propia sede. Primero un local en la calle Gorriti y luego otro, mucho más amplio, en la Calle Cabrera, en Palermo, ambos diseñados y remodelados por él.

Un artículo de la época lo describía así: "El edificio tiene museo, boutique, bodega, teatro y restaurante, como corresponde para acompañar y realzar los vinos (…) En la carta de vinos hay ejemplos inhallables hasta en las vinotecas".

Al mismo tiempo, las reuniones de cata y los espectáculos musicales, con la participación de importantes intérpretes, se transformaron en un clásico porteño. El resto es historia conocida.

Eduardo Cacho Vázquez seguía trabajando con el mismo entusiasmo del primer día cuando la muerte lo encontró en un río del Tigre el 2 de enero de 2000. Por entonces estaba también acunando otras ideas.

-Después de la muerte de Cacho, Eduardo Luis Duhalde lamentó no haber llegado a concretar el libro que se habían prometido escribir en ese año, el 2000 – dice Lucila.

-Supe que quería escribir sobre los años de las FAL 22, sobre la militancia política, pero le costaba empezar a hacerlo porque recordar le reavivaba el dolor de haber perdido tantos compañeros – confirma Company Céspedes.

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