Marcha roja contra el aborto en el Congreso: "Yo no quiero ser asesino"

Cientos de personas se concentraron frente a Diputados para manifestarse en contra del proyecto de ley

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Había que buscar un color para oponerse al verde y eligieron el rojo. Las cientos de personas que se congregaron frente al Congreso para manifestar su oposición al aborto seguro, legal y gratuito que comenzó a debatirse en Diputados impregnaron la media cuadra que ocuparon sobre Riobamba, casi Rivadavia, con banderas rojas en las que se leía una síntesis de su pensamiento: "Salvemos las 2 vidas".

"Rojo sangre", explica Camila, pelo negro, aros perla, 22 años, y se extiende en la metáfora con la voz alta: "El rojo es pasión. ¡Es el color de la vida!". No se la escucha bien, porque a su alrededor, unas 300 personas aplauden al mismo ritmo. Pumpúm. Pumpúm. Pumpúm. Una voz femenina se amplía en unos enormes parlantes apoyados en el techo de una Traffic y los fuerza a mantenerse: "Vamos, con las palmas, hagamos el latido del corazón. ¡Por la vida del bebito!".

Las banderas rojas las repartieron los integrantes de Unidad Provida, una plataforma que agrupa distintas organizaciones en contra del aborto y cuyo logo es un corazón hecho de dos manos, efectivamente, de color rojo.

Camila, junto a media docena de chicos y chicas de su edad, fueron los que durante la tarde de este martes repartieron las banderas rojas a las personas que se acercaron y fueron el contraste (cromático e ideológico) de lo que pasaba apenas a 50 metros, donde miles de personas (en su gran mayoría mujeres jóvenes) con el pañuelo verde atado a alguna parte de su cuerpo gritaban en favor de la despenalización del aborto.

Una chica “pro aborto” pasa
Una chica “pro aborto” pasa por entre medio de los “pro vida”

"Lo que ha logrado el verde, que ellos usen el rojo", ironizó Soledad (33) a su amiga Pilar (32), en referencia a la asociación de este color con la revolución socialista. Se pasaron un largo rato observando al grupo antiabortista del otro lado del doble cordón de contención de fervores.

Esta frontera humana estuvo integrada en una primera línea por la Policía de la Ciudad, y en la segunda por chicas -con pecheras verdes- de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal Seguro y Gratuito, encargadas de controlar a quienes querían pasar hacia Riobamba. "Buscamos que no se metan entre el rojo con símbolos verdes para evitar cualquier tipo de inconvenientes", explicó una de ellas, quien prefirió no dar su nombre.

Así todo, ni la cercanía ni las diferencias generaron momentos de tensión entre ambos grupos, cuyas posiciones parece que jamás se tocarán, a pesar de que el debate en Diputados recién comienza y durará tres meses.

"El aborto seguro no existe", comenta Estelvina, jubilada de 76 años, que no agita una bandera roja sino la argentina. Y amplía su argumentación: "Hay diversas causas por las que una mujer decide abortar. Y todas se podrían evitar mediante la educación; apoyando a esa madre aunque dio el mal paso. Y el Estado debe ocuparse; adoptando el niño o sosteniendo a la madre. Y si la mujer fue abusada con mayor razón: un aborto es otra violación".

A pocos metros, detrás de la pared de sonido de los antiabortistas, las miles de chicas de pañuelo verde cantaban canciones cuya lírica está en las antípodas de la posición de Estelvina. "¡Aborto legal, en el hospital!".

Se apruebe o no la ley, el antagonismo argumental entre rojos y verdes no corre riesgo de consenso. "Las jovencitas tienen todo el derecho a reclamar lo que consideren que está bien, pero alguien les tiene que explicar la verdad", comentó Estelvina. La verdad, para esta jubilada de 76 años, madre de tres hijos "a los que defendí del aborto" es clara: "El amor. Es la fase operativa de la verdad. Si hay amor hay verdad".

La posición entre el grupo "provida", compuesto por una equilibrada proporción de gente que iba de los 20 a los 85, está centrada en que desde el momento de la concepción una vida late en el vientre materno. Y que esa interrupción, no importa cuál sea la razón, es un crimen.

Tomás tiene 20 años, vive en Retiro y estudia Derecho en la UBA. "El aborto no es la solución para las mujeres más pobres. Las mujeres en situación de villa mueren queriendo tener al hijo. No hay buena salud. No hay buena educación. El derecho de una mujer para abortar termina cuando empieza la otra vida. No existe la libertad absoluta. La vida se debe defender", opina este joven mientras reparte banderitas rojas.

El chico asegura que entiende que, si se mantiene la ilegalidad, los abortos seguirán pasando. "Es como los robos", compara y sugiere: "El Estado debe trabajar porque esas personas tengan una vida digna".

Parecido opina Carlos, empleado administrativo de 56 años, parado detrás de una larga bandera albiceleste con una leyenda pintada que dice "Soy Argentina dejame nacer" y coronada con el dibujo de un bebé en tono rojizo. Para este hombre, padre de cuatro hijos, "todos tenemos derecho a vivir".

Carlos saca de su bolsillo un muñequito de unos cinco centímetros de largo. "¿Ves esto? Es un bebé de 12 semanas. ¿Qué ves? Todos tenemos derecho a vivir. (Con el aborto legal) Ante la duda estás matando a alguien". El hombre coincide con Tomás en la idea de que los abortos clandestinos son inevitables.

El lado verde de la
El lado verde de la marcha

-La posición de quienes apoyan el aborto legal es que ahora la práctica es clandestina y que eso genera muchas muertes. ¿Cuál es su opinión?

-Es como los asesinatos. Van a seguir existiendo. Siempre se mata a un ser humano.

Y luego aclara: "El Estado tiene que cuidar la vida de las dos personas. Yo no quiero ser asesino. Es un tema de si queremos matar gente o no. Defiendo la vida sea de quien sea. De un comunista o liberal o nazi o negro. No quiero que se mate a nadie. Esto es como Hitler, que también pensaba que podía matar seres humanos".

Luis, de 82 años, no conoce a Carlos, pero hace una analogía similar: "Esto es un plan de (el empresario húngaro) George Soros para reducir la población mundial y matar a los pobres. Y sacan bebés abortados y hacen cosméticos. Ni a Hitler se le ocurrió una cosa así. Es una cuestión de razonamiento y sentimiento. Pero hay gente que no razona".

A su lado, Ezequiel, docente e historiador de 27 años, aclara que él está en contra del aborto pero que no opina como Luis. "Hay que brindar una educación sexual completa y en todas las escuelas para evitar que lleguemos al aborto", explica. Y sigue: "Estoy a favor de la vida. El proyecto de ley que empezó a tratarse hoy es insuficiente para solucionar los problemas sociales. La ley de educación sexual tiene fallas. Muchos casos de aborto son por personas que no fueron educadas y no tuvieron capacidad", argumenta.

Del lado verde de la marcha, le responde Sol, que también defiende la vida, pero de las mujeres en riesgo: "El aborto pasa y seguirá pasando. ¿Ellos quieren que se sigan perdiendo vidas? Que se entiendan las necesidades urgentes. Y después seguimos por la educación sexual".

Mientras a su alrededor las 300 personas congregadas cantaban "Con los pibes no, diputados, con los pibes no", y festejaban la aparición de los legisladores que se acercaban a saludarlos (el más aplaudido y vitoreado y conejillo de selfies fue el salteño Alfredo Olmedo, abrigado con campera amarilla a pesar de los 30 grados), Tomás, el estudiante de Derecho, discute la cifra de 500.000 abortos clandestinos por año que hay en Argentina. "Es mentira que es la principal causa de muerte entre mujeres. Son causas obstétricas la mayoría".

Según la Campaña Nacional por el Aborto Legal Seguro y Gratuito la cifra sale de las 50 mil internaciones por año que hay en el país por causa de abortos clandestinos, y se calcula que una de cada diez mujeres que se lo practica acude luego a un hospital.

El diputado salteño Alfredo Olmedo,
El diputado salteño Alfredo Olmedo, entre el grupo que se opone al aborto legal (Nicolás Aboaf)

Al lado suyo, una chica sostiene un cartel amarillo con la leyenda: "La pobreza es la excusa. La muerte es la solución. 500000 abortos=500000 asesinatos. No sean cómplices de una masacre".

Pasando el cordón policial, varias chicas sostenían carteles que apuntaban al sector rojo de la discusión. Como Camila, de 16, que vive en José León Suárez: "No sos provida. No te importa la vida del gestante. No te importa su muerte. Estas a favor de la clandestinidad para dejar tu conciencia moralista tranquila".

Pilar, que observa junto a otras amigas la marcha roja, les pide no ironizar contra quienes están en la otra vereda, y reflexiona: "Nunca nos vamos a poner de acuerdo. Toman el aborto como un anticonceptivo. Como si abortar fuese lindo. Es una responsabilidad y una decisión personal".

Carlos aporta una mirada conspirativa sobre el tema en cuestión. Como Luis, está convencido de que el aborto es un "plan de reducción de población" orquestado por el "Nuevo Orden" y, con modos respetuosos, opina sobre quienes quieren aborto legal. "La otra gente está equivocada. Se niegan a ver. Yo veo las cosas, vi fetos, tengo una hermana médica. ¿Cómo vas a matar a un bebito?".

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