El secreto de sus ojos… para salvar los ojos de miles de almas, ha sido coronado una vez más.

El médico–mago Roberto Zaldívar (New Haven, Connecticut, 1957), según la indiscutible revista inglesa The Ophtalmologist, está en su Power List 2018 como uno de los 100 oftalmólogos "más influyentes del mundo", y uno de los dos elegidos de América latina junto con el brasileño Renato Ambrosio.

Sus 35 años de carrera. Sus 35 libros (¡uno por año!). Sus 250 viajes por el entero planeta. Todo eso bastaría para los laureles.

Pero dejarían atrás –las cifras siempre son frías– lo realmente asombroso: su espíritu, su carne y sangre de sabio innovador, vanguardista, creador de técnicas quirúrgicas aplaudidas (y adoptadas) planetariamente. Por caso, el uso combinado de la técnica LASIK y lente fáquico, bautizado por él como "Bioptics" en 1996: un paso adelante, inédito, que permitió tratar a miles de pacientes con altas ametropías (anomalía que impide que las imágenes se enfoquen correctamente en la retina).

No por casualidad se lo llama "el padre de los lentes fáquicos de cámara posterior (ICL)", por desarrollarlos y tener en su cuadro de honor más de 18 mil implantes y un cuarto de siglo de seguimiento.

Muchos recuerdan (recordamos), allá por los años 80, las peregrinaciones casi religiosas rumbo a Mendoza, la patria chica en la que el genio empezó a salvar ojos. Que es como salvar la vida. Ojos enfermos que de pronto vieron a pleno el mar, las montañas, las estrellas del Universo… y todo cuanto Dios desplegó en la Creación.

Por eso Roberto Zaldívar está entre los 100 más grandes. Pero también por algo más. Porque su vocación, su afán, su sabiduría, su pasión por derrotar a la oscuridad o a la penumbra o a la niebla que abruma a los ojos humanos… tiene algo de santidad.

Algo de Aquél que un día dijo "Hágase la luz".