(Christian Heit)
(Christian Heit)

En el actual 2018 el seven de rugby de Playa Varese cumplió 20 años. La iniciativa surgió de un grupo de amigos del Club Pueyrredón de Mar del Plata y se convirtió en una tradición más para "La Feliz". Este último fin de semana el evento trajo deporte, juegos y color, en el que ya es un clásico del verano y para el que se montó una cancha frente al mar.

La escena llama la atención: la playa, las sombrillas, las carpas y en medio de todo, sobre la arena, una cancha de rugby que el día anterior no estaba. No solo hay partidos, los locutores invitan a los bañistas a participar también de juegos, a acercarse a probar suerte en un deporte al que muchos miran de lejos y a veces hasta con algún prejuicio.

En el rugby tradicional hay 15 jugadores por equipo, sin embargo en la versión playera de la ciudad balnearia se opta por la modalidad "seven a side". Solo compiten siete jugadores y eso hace que el espectáculo sea menos trabado, más entretenido, fluyan las jugadas, las corridas y las combinaciones.

El Club Pueyrredón de Mar del Plata tiene 68 años y desde hace 20 que es el responsable de hacer el seven playero. Durante los cuatro primeros veranos fue en Playa Grande, pero a medida que el mar le robó terreno a la arena en esa zona, la iniciativa se mudó a Varese.

Este 2018 fueron 13 equipos masculinos y 4 femeninos los que hicieron volar arena y dieron un espectáculo para todos los que sábado y domingo se encontraron con un paisaje poco habitual. "Nuestro seven es de clubes, se invita gente desde cinco o seis meses antes, que desde hace años son por lo general los mismos que nos apoyan en esto", cuenta Pablo, de Club Pueyrredón, uno de los organizadores.

Entre los protagonistas especiales del torneo estuvo Martín Perego, capitán de los Pumpas XV, que acaba de consagrarse campeón del mundial para chicos con discapacidades intelectuales en Vitoria, España, el año pasado. "El seven es muy distinto a jugar de 15, cambia totalmente", le explicaba al jugador a Infobae a la salida de uno de los cruces.

"A la gente realmente le gusta, el turista pasa, ve algo de música y se queda, lo que está bueno porque mucha gente no conoce este deporte", suma Pablo, que durante dos días todos los veranos, al igual que sus compañeros de "Puey", se aboca a mantener viva la llama de esta tradición.

Los laureles este 2018 y por segundo año consecutivo fueron para La Banda del Toro, con mayoría de jugadores del Club Campo de Pato de Balcarce, que venció en la final de la Copa de Oro a Biguá por 17 a 12.

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