Es un cordobés muy afable. Como debe ser. No luce como el clásico científico del imaginario cinematográfico. Es claro al hablar, didáctico, humilde. Gabriel Rabinovich es una eminencia mundial en bioquímica destacado por sus investigaciones sobre el tratamiento contra el cáncer. Desde hace poco es miembro asociado extranjero de la Academia de Ciencias de los Estados Unidos de América.

En una extensa charla con Infobae TV, Rabinovich abordó la actual situación del CONICET argentino, reclamó por el ingreso a carrera de sus colegas y se adentró en las preguntas esenciales de la ciencia. Aquí, el diálogo:

— ¿Qué es hacer ciencia hoy?
— Bueno, básicamente hacer ciencia es hacerse preguntas nuevas, la ciencia tiene que ver con la curiosidad. Para mí particularmente hacer ciencia es tratar de hacer preguntas disruptivas y tratar de encontrar respuestas, pero más importante es hacer preguntas. Uno muchas veces no encuentra las respuestas. Antes se hacía mucha disociación entre lo que es la ciencia básica y la ciencia aplicada; yo considero que no existe esa disociación, se hace ciencia buena con compromiso social. Yo creo que lo más importante es tener en la cabeza que la ciencia que uno hace tiene que responder a preguntas que respondan a necesidades de la sociedad; y esto puede ser tan amplio, desde ciencias sociales hasta cáncer, enfermedades autoinmunes como trabajamos nosotros, matemática, física, química, pero lo importante es saber que con lo que yo estoy haciendo voy a aportar un granito de arena a mejorar la salud o mejorar la vida de la gente.

— Vos decías esta vieja división entre ciencia teórica y aplicada, digo: ¿ciencias blandas y ciencias duras tiene sentido como división o no tanto?
— No, ya no tanto, porque el método científico se aplica a ambas, digamos. Para mí lo importante es esto de tomar en serio la ciencia y hacerla rigurosa, que sea reproducible, porque acá hay una revolución muy grande en lo que son las novedades. Todos los días aparecen novedades, pero también hay un compromiso donde no toda la ciencia es sólida, rigurosa y se puede reproducir. Entonces esa ciencia que necesita confirmarse antes de poder generar aplicación. Y nuestros gobernantes tiene que estar al tanto de todo esto, porque son los responsables de poder apoyar la ciencia básica que tarda 15, 20 años, hasta poder llegar a ser ciencia aplicada.

— Me gusta que traigas a los gobernantes, porque vos tenés el privilegio y el merecidísimo honor de estar en la Academia de Ciencias de los Estados Unidos. Miremos la ciencia argentina: ¿en qué estado está, cómo definirías la investigación científica aquí?
— Bueno, yo tengo un amor profundo a lo que son los científicos, pero también los artistas y los educadores acá en Argentina. Me parece que hemos exportado muchos cerebros muy importantes y que los científicos argentinos tenemos algo que es muy buscado en el resto del mundo y es la creatividad. Todo científico argentino que se ha ido en épocas difíciles del país está triunfando en el exterior. Para mí tenemos esa formación de la universidad, universidades públicas o privadas, no hago disquisición, pero que fundamentalmente tenemos eso creativo muy fuerte. Y yo rescato eso, me parece que esa ciencia, si se protege a esos chicos jóvenes que hoy quieren hacer ciencia, que quieren ingresar a la carrera del investigador o ser becarios, me parece que vamos a tener un potencial inmenso para el futuro.

— No me gusta la expresión "competitiva", pero no encuentro otra, vos me vas a ayudar: ¿es competitiva la ciencia argentina en la investigación propiamente dicha?
— Sí, totalmente. Inclusive si lo comparamos con otros países latinoamericanos, publicamos en revistas de alto impacto, o sea, las revistas en las cuales se publican los hallazgos tienen que ver con la novedad de esos hallazgos, si esos hallazgos realmente son novedosos, si generan esa ciencia disruptiva que cambia el pensamiento de lo que va a pasar en el mundo. Bueno, la ciencia de nuestros premios Nobel en su momento, desde Houssay, Leloir, Milstein, y ahora más, hay muchísimos grupos en todas las áreas que publican en las mejores revistas y que los hallazgos son tomados por otros investigadores del exterior.
Entonces yo creo que estamos en un muy buen posicionamiento, solo que necesitamos primero de todo reforzar la autoestima, porque muchas veces en el impacto social vemos que no somos considerados como somos considerados en otros países, yo lo acabo de ver cuando estuve en la Academia de Ciencias de los Estados Unidos. Y por otro lado, el tema de que nuestros políticos lo tomen en serio y generen una buena inversión en ciencia y tecnología.

— ¿Hay buen nivel de inversión o no es suficiente?
— No, yo creo que no es suficiente ahora. Yo estuve hablando este año con el Presidente de la Nación y creo que para el futuro se espera que pueda mejorar. Pero también tiene que haber inversión de los empresarios, tiene que haber inversión privada, de fundaciones. Digamos, la ciencia en el mundo se mantiene; fundamentalmente la ciencia básica la tiene que cuidar el Estado, porque es una ciencia donde todavía el empresario no puede apostar. Pero en ese proceso que dura 15, 20 años hasta que se va gestando una idea, nosotros identificamos el mecanismo; yo identifiqué la proteína con la cual estoy trabajando en el año 1993, o sea, yo tenía en esa época 24 años. Y después durante 20 años descubrimos que la utilizan los tumores para poder escaparse de nuestro sistema inmunológico, que también sirve para enfermedades autoinmunes y que podría resolver una enfermedad autoinmune. Y todo eso nos llevó casi 20 años hasta que tenemos las herramientas para poder ir a la clínica, a los pacientes, o las herramientas terapéuticas para poder tratar los anticuerpos monoclonales o agonistas. Pero tardó un montón de tiempo.
Y en ese momento, cuando yo empecé, nadie decía que yo hacía algo útil; al contrario: decían "estás trabajando el mecanismo pero no está muy claro cuál va a ser el objetivo". Ahora lo tenemos mucho más claro, pero después de haber caminado rigurosamente varios años y haber publicado en esas revistas.
O sea, la ciencia básica como tal, que a veces se la ve como improductiva, no es una situación real, esa ciencia básica va a ser el sustento para la ciencia aplicada. Lo que no hay que hacer es que confundirse con esos espejitos de colores de la ciencia aplicada directa, inmediata, que a veces queda en un pico de utilidad pero que no va a tener una aplicación sostenida en el tiempo.

— Claro. ¿Cómo vivís la grieta como científico?
— Bueno, se ha vivido en la ciencia un poco esto porque justamente el gobierno anterior apoyó mucho la ciencia y tomó como estandarte fundamental el tema de la ciencia. Hubo mucha gente que volvió al país, nosotros valoramos muchísimo eso, mucha gente que se había ido en épocas difíciles volvió al país. Yo creo que tenemos que terminar con la grieta, pero para que eso exista tiene que haber mucho respaldo y valoración por parte del gobierno actual de lo que es la ciencia. Yo creo que hay una falla en inversión pero también comunicacional, muchas veces, en tomar la ciencia como algo muy importante para el país. Me parece que los países que se precian como tales, como desarrollados, tienen a la ciencia, a la cultura, al arte, como valores fundamentales. Me parece que eso hay que rescatarlo, que es la inversión mayor que puede tener un país, la economía del conocimiento.

¿Hoy hay un sostenimiento de aquella inversión, de aquel apoyo, o sos de los que son críticos con lo que está pasando en este momento?
— Mirá, yo estoy en una situación intermedia, yo pienso que es importante seguir apoyando, es importante que, digamos, que ingresen estos investigadores al CONICET que en su momento… que están teniendo problemas para el ingreso al CONICET. Siento que en realidad hay una forma de diálogo para poder lograr esto, he tratado de tenerlo y la tengo con el ministro, tengo una comunicación directa con el Presidente, también le he podido expresar junto con todo mi equipo nuestra preocupación para que se valore la ciencia y la tecnología explicándole la importancia de lo que es la ciencia básica. Me parece que también educar para nosotros y transmitir lo importante que es la ciencia es nuestro rol también. Y en este sentido yo me siento muy privilegiado de alguna manera de que me dieron el honor, tanto el Presidente de la Nación actual como los presidentes… O sea, nosotros publicamos el trabajo de cáncer cell que fue un hito en la época de Néstor Kirchner, en 2004; él me invitó, me invitó Cristina con el trabajo del 2014 y me invitó Mauricio Macri…

Ahora.
— O sea que yo no puedo decir nada con respecto a la grieta a nivel personal, pero sí puedo decir, desde un lugar de convicción y viéndolo todo integralmente, que hace falta mayor inversión, mayor cuidado de nuestros jóvenes y mayor valoración de los científicos, porque así va a explotar la comunidad científica con lo creativa que es.

¿Estás enseñando ahora, estás dando clases?
— Sí, sí, soy profesor de la Universidad de Buenos Aires, soy profesor titular de Inmunología, que es lo que amo profundamente.

Claro. ¿Y cómo vivís, Gabriel, por ejemplo, la toma de los colegios, la toma de la universidad?
— Bueno, yo creo que es importante el tema de que los jóvenes tengan su posibilidad de expresarse. A nivel personal, me parece importante que los jóvenes puedan estudiar y que puedan… También que tengan una apertura al cambio. Pero por otro lado que se puedan expresar libremente y que puedan decir todo lo que piensan, bueno, de la forma que puedan. Me parece que… Yo lo apoyo.

— O sea, ¿la toma es un modo de expresión válido para vos?
— Siento que es una forma más de expresión. Cada uno elige su forma de expresarse y a veces tiene que ver con lo que uno puede hacer. Yo pasé épocas donde, por ejemplo, no nos dieron subsidios que merecíamos en la época del 2001, y salí a la calle a protestar, porque yo me quería quedar en el país, yo siento que este es el país donde nací, donde crecí y de donde me gustaría que saliera el tratamiento asociado a todo lo que trabajamos tantos años. Yo no quiero irme. Ahora, después de la Academia de Ciencias de los Estados Unidos, tuvimos ofertas para poder irnos al exterior con sueldos que son realmente muy tentadores, y a veces pienso: "No, yo me quedé durante tantos años, no me fui cuando era más joven, no voy a decir 'joven', pero cuando era más joven, y tampoco quiero irme ahora". Yo quiero quedarme en mi país, y se lo transmití al Presidente, y quiero que todos los chicos jóvenes que tienen los mismos sueños que yo tuve en un determinado momento puedan hacer las cosas en este país. Y yo confío en que se ilumine el Presidente y se iluminen todos los que manejan todo esto para poder hacer fácil la vida de tantos chicos creativos, que si los perdemos…

— Hablamos de un capital humano…
— Impresionante, impresionante.

 ¿Qué dicen tus compañeros, tus colegas miembros de la Academia, cuando vos tenes que explicarles estas cosas de lo que pasa en la Argentina?
— Bueno, a veces no pueden ni creer. Por ejemplo, hay cosas que no pueden creer, como lo que nos cuesta el tema de las importaciones. Cuando nosotros tenemos que importar, nosotros trabajamos mucho en biomedicina con anticuerpos, con reactivos, que muchas veces tenemos que pagarlos tres veces más porque estamos acá con subsidios diez veces menores de los que tienen en el exterior. Y competir con un laboratorio de afuera; nosotros cuando empezamos a trabajar en el tema de galectinas, no había tantos grupos que publicaran tanto, y ahora el hecho de que hayamos publicado al principio hizo que muchos grupos se interesaran en nuestro tema, lo cual es buenísimo, porque lo mejor que le pasa a un científico es que en realidad se puedan reproducir sus resultados y que haya mucha gente laburando. Y bueno, cuando yo les cuento lo difícil que es, a veces tardamos tres meses en tener un anticuerpo que lo podríamos tener en 24 horas si trabajáramos en Harvard o en (0:11:32.9), en Nueva York, en Boston, no pueden creer que hayamos podido lograr desde acá publicar en las revistas Cell o Nature, Inmunology. Y bueno, la verdad es que son muy respetuosos de nuestro trabajo y nos invitan a dar conferencias en distintos lugares.
Para mí, el hecho de que me hayan nominado a la Academia de Ciencia con la edad que tengo fue un placer y un orgullo enorme.

Estás obsesivo con la edad, ¿cuántos años tenes?
— Tengo en este momento 48.

O sea, nada, sos híper joven, por qué estás tan…
— Al contrario, digamos, tan joven, haber entrado tan joven.

Por eso, sos súper joven, totalmente.
— Porque normalmente estas cosas de la Academia les tocan a los 60 años o más. Y entonces no lo esperaba, no lo esperaba este año. Y bueno, fue una gran sorpresa, una linda sorpresa.

Vuelvo al comienzo para ir cerrando la nota. Vos decías "hacer ciencia es hacer preguntas disruptivas". ¿Incluido cuál es el sentido de la vida?
— Todas, hasta lo que podamos, todo lo que podamos. Yo creo que cada uno en su temática y en su disciplina puede ver en profundidad cuáles son las preguntas que más pueden llegar a cambiar la historia de esa disciplina.

¿Cuál es tu pregunta disruptiva?
— Bueno, a mí en realidad me obsesiona muchísimo poder encontrar los mecanismos de resistencia de los tumores. Yo tengo en mi familia historias, muchas historias, de gente que tuvo cáncer, y eso inspiró mucho mi proyecto de investigación. Desde muy chico, desde que yo tenía veintipico de años, a pesar de que la proteína que descubrimos lo hicimos utilizando la retina de pollo, casi de casualidad, como un resultado inesperado, pero lo fuimos llevando hacia cáncer por esta obsesión.
Y yo creo que todos tenemos mecanismos, digamos, que permiten evadir la respuesta inmunológica frente a infecciones o frente al crecimiento de un tumor. Y que es posible tratar absolutamente todos los tumores si uno descubre cuál el punto débil de ese tumor. Básicamente, todos nosotros tenemos células de nuestras defensas que son los linfocitos T que reconocen cuando te infecta por ejemplo un virus, una bacteria, inmediatamente la eliminan; cuando está creciendo un tumor, también lo eliminan, porque son proteínas extrañas que surgen de esa masa tumoral. Sin embargo, en la mayoría de los casos la eliminan y en muchos casos quedan indemnes los linfocitos paralizados alrededor del tumor sin poder matarlo. Y lo que nosotros descubrimos es que los tumores producen esta proteína, Galectina-1, a los fines de eliminar esos linfocitos T que son como los soldados que se paran alrededor del tumor para poder matarlo. Se han descripto en el mundo otros mecanismos de escape aparte de Galectina-1.
Yo lo que pienso es que los tumores, a medida que vos los bloqueás con una terapia, inmediatamente pergeñan otra estrategia para poder escaparse del sistema inmunológico, y que está en nosotros poder sacarle el tumor al paciente, poder ver qué mecanismos de resistencia tienen y tener un arsenal de anticuerpos diferentes para poder bloquear esos nuevos mecanismos de escape. Nosotros podemos acorralar al tumor.
Probablemente el objetivo más grande que tengo es, tanto con el tumor como con las enfermedades autoinmunes, poder mejorarle un poco la vida a la gente con la investigación que hacemos.

Nada menos. Y la pregunta más disruptiva para mí: ¿cuál es el sentido de la vida?
— Bueno, es la pregunta del millón. Yo creo que es encontrar un balance entre construir y ser feliz. Digamos, construir tratando de ayudar a que el otro viva mejor, porque si no, no tiene sentido nuestra vida si solo pensamos en nosotros. Pero también encontrando en ese espacio tan chiquito, en ese rango de tiempo, la mayor autenticidad para poder ser felices nosotros con lo que hacemos.

Es curiosidad siempre profesional cuando estoy frente a un científico de la envergadura tuya: ¿creés en Dios?
— Yo creía, digamos… Crecí en una familia típicamente judía e iba a la sinagoga. Creo que hay algo, pero las cosas que me pasaron en la vida me hacen que un poco haya perdido esa fe. Veo por ejemplo la religión con mucha admiración al que cree, porque creo que tiene una fortaleza muy grande. Y también lo veo desde un lugar cultural como muy rico; el estudio de la Biblia es muy rico y a mí me ha enriquecido muchísimo, y haber tenido esa cultura me ha permitido también ser lo que soy hoy. Pero bueno, está endeble un poco la fe por todo lo que ha pasado en mi vida.

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