"Nos disparó a la cabeza a las dos y se fue: cuando escuchó que estábamos vivas, volvió a rematarnos"

El 9 de mayo, el marido de Gloria Amarilla le disparó a la cabeza. Después, le tiró a matar a su hija, de 9 años. Creyó que las había asesinado pero, cuando las escuchó pedir auxilio, volvió. A Gloria le tiró al pecho, a la nena por la espalda. La historia de dos nuevas sobrevivientes de la violencia de género.

 

Era martes y ya era de noche. Carlos Balbuena y su mujer, Gloria Cohene Amarilla, estaban discutiendo en la cocina de su casa, en Del Viso. Ella se había enterado de que él tenía una relación paralela y que, fuera de casa, ya presentaba a esa mujer como su esposa. Gloria le pegó una cachetada y en ese acto, las amenazas que venía recibiendo desde hacía 5 años se concretaron. Balbuena se agachó, agarró un revólver de un baúl, le sujetó la cara y le disparó a la cabeza. Después, fue a buscar a la hija de ella, que tenía 9 años, y también le disparó a la cabeza. Se fue creyendo que las había matado pero las escuchó pedir auxilio. Y volvió para rematarlas.

La historia no es el rejunte de las piezas que suelen hacer los familiares de las víctimas de un femicidio. Es la historia contada por Gloria Amarilla, que hace menos de un mes se convirtió en algo que será para siempre: una sobreviviente. "Fueron cinco años de relación y siempre fue un hombre violento. Las amenazas eran cosa de todos los días: me decía que me iba a romper la cabeza, que me iba a prender fuego", cuenta ella a Infobae.

Pero no eran sólo amenazas: "Me aflojaba los tornillos de la moto, me tajeaba el asiento de punta a punta. Se iba tres o cuatro días y volvía furioso: yo hacía un postre y si no le gustaba me lo tiraba en el patio, nos tiraba el ventilador encima. Me decía que yo no sabía criar a mi hija, quería que la metiera en un tacho con agua fría cuando se portaba mal". 

Y explica por qué no se fue: "Puse todo el trabajo de mi vida en esa casa, y sentía que ya estaba grande para empezar todo otra vez. Si me iba me quedaba en la calle con mi hija. Nunca pensé que si me quedaba podía pasar algo así". Gloria tiene 54 años y 5 hijos de su primer matrimonio. Y la hija de la que habla es la menor, Milagros, que vivía con ellos y que tenía 9 años la noche en que se convirtió en sobreviviente. 

Fue el martes 9 de mayo y la discusión -cuenta ella- fue por lo mismo de siempre: otra infidelidad. "El siempre lo negaba pero yo lo sabía y ya estaba harta. Así que esa noche me cansé y le di una cachetada. Y él se enojó. Se agachó, agarró un arma de un baúl (un revólver calibre 32), me inmovilizó la cara y me dijo: 'tomá hija de puta, a mí no me toca nadie". Gloria sintió un estallido en el interior de su cabeza y cayó al suelo.

"Pero no perdí la conciencia, escuchaba todo. Y mientras yo estaba en el suelo él se metió en la pieza de la nena. Y ahí fue que escuché el disparo", sigue. A Milagros también le tiró a la cabeza. Alcanza con imaginar el tamaño de la cabeza de una nena de 9 años para entender por cuántos centímetros no la mató: la bala entró por la mandíbula. "Creyó que nos había matado y se fue, yo escuché el portón", dice.

Gloria quedó tendida en el piso sin saber si su hija, en la habitación, estaba viva o estaba muerta. "Hasta que la escuché, venía gritando, con la boca llena de sangre. Me miraba y decía 'no, mi mamá no, por favor'. Yo sentía que me desvanecía pero cuando la escuché me levanté y le dije 'Mili, ayudame porque me estoy muriendo". Gloria se apoyó en su hija y con la otra mano se apoyó en el umbral. Después le dijo: "Tenemos que pedir auxilio".

La nena le preguntó cómo se pedía auxilio. "Y yo le dije gritá, gritá auxilio. Y se ve que él no se había ido y nos escuchó. Y volvió a rematarnos". Balbuena -alias "El Gitano"- se les paró enfrente y le disparó tres veces más a Gloria. Apuntó al corazón y erró: la bala entró justo por encima y quedó alojada cerca de la clavícula. Las otras dos le rozaron el dedo de una mano y el hombro. Milagros salió corriendo. Y él le tiró otra vez, por la espalda. "Después escuché el chic, chic, chic, como que seguía gatillando pero no tenía más balas", dice Gloria. Esta vez creyó que sí estaban muertas y se fue.

"Pero las dos nos levantamos. Yo la miré a Mili y le dije: 'Dale hija, vámonos que me desmayo, dale que me estoy muriendo. Y así nos abrazamos y salimos, no sé cómo, porque nos brotaba sangre de todos lados". Juntas llegaron a la casa de una vecina, que llamó a una ambulancia y al 911. Las dos fueron trasladadas de urgencia al Hospital Juan Sanguinetti, en Pilar. Lo que pasó después no pasaría ni en una película.

Lo cuenta Florencia, de 23 años, otra de las hijas de Gloria: "Cuando nos avisaron fuimos corriendo al hospital y yo pedí ver a mi mamá, porque a mi hermanita la estaban trasladando a un hospital de niños", dice. "Y cuando entro a la guardia veo que de un lado estaba mi mamá en la camilla, esperando, con las heridas cubiertas con gasas. Y a unos metros estaba él, Balbuena. Se había entregado, entonces le estaban sacando sangre y le estaban haciendo la alcoholemia al lado de mi mamá". Balbuena, de 66 años, estaba custodiado por un policía pero no estaba esposado.

Gloria pasó una semana internada. El disparo de la cabeza dio contra un hueso duro que está detrás del oído llamado mastoides. Allí, en el cráneo, sigue estando esa bala. La otra quedó alojada cerca de la clavícula. Milagros estuvo en el Hospital de Pediatría Federico Falcón, en Del Viso y, luego la trasladaron a San Justo para hacerle una cirugía de reconstrucción del maxilar con una placa de titanio. La bala que entró por la espalda salió y no tocó ningún órgano vital. Mientras estaba internada cumplió 10 años.

A Gloria le dieron el alta el 16 de mayo y aún no pudo volver a su trabajo como portera en una escuela en Tortuguitas. Milagros todavía tiembla y tiene ataques de llanto y tampoco pudo volver al colegio, donde cursa quinto grado. Balbuena, que trabajaba vendiendo viruta y desfilaba con caballos en una agrupación gaucha llamada "El Palenque", está detenido en la comisaría séptima de Pilar.

"Pero aunque esté detenido yo no estoy tranquila. Ahora hay unas amigas de él que lo van a visitar y vienen a traernos mensajes. Dicen que nos manda a decir que cuando salga nos va a matar a todos porque le arruinamos la vida. Vine a pedir una restricción perimetral para que esa gente no se nos pueda acercar y me dijeron que no se puede: que las perimetrales son solo para familiares", cuenta Gloria, que acaba de salir de la Fiscalía, en Polvorines. Después se sube a un remís y vuelve rápido a la casa de su hija, donde seguirá viviendo de prestado.