Un director, Beethoven y los vulnerables: cómo "besar" al mundo entero

Sacar a la 9ª Sinfonía de los escenarios clásicos y llevarla a la periferia geográfica y social: es la aventura emprendida por el director de orquesta español Iñigo Pirfano

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La obra maestra de Beethoven ha sido declarada Patrimonio de la Humanidad, y es la única pieza musical en esa condición, se empeña en subrayar Iñigo Pirfano. Pues bien, él se ha propuesto hacer de esa declaración una realidad y permitir que los sectores más desfavorecidos de la sociedad puedan compartir la emoción de escucharla y la hondura de su mensaje.

De paso por Argentina, donde vino a explorar las posibilidades de una gira el año próximo, Pirfano explicó a Infobae su proyecto "A Kiss for All the World" (Un beso para todo el mundo, como dice la 9ª sinfonía), que cuenta con el patrocinio honorífico del célebre tenor Plácido Domingo, entre otras personalidades del mundo de la cultura de España.

"No sólo de pan vive el hombre", dijo Jesús. Sino de todo mensaje espiritual y dignificante podrían agregar los impulsores de A Kiss… Tal parece ser el pensamiento que le inspiró a este director de orquesta español el deseo de llevar la música clásica a quienes están despojados de todo, como los refugiados sirios alojados en centros de acogida en Hamburgo, Alemania, o los pacientes graves de un hospital de Madrid, los internos del Centro Penitenciario La Picota, en Bogotá, Colombia.

Pirfano no lo sabía, pero su idea tiene un antecedente muy argentino: el del consagrado pianista Miguel Ángel Estrella, tucumano que, formado musicalmente en las mejores academias del primer mundo, volvió a la Argentina y se empeñó en llevar su piano y brindar conciertos de música clásica en los más recónditos sitios del país: a los hacheros del monte tucumano, a los aborígenes del Chaco… Como Pirfano ahora, Estrella intuyó que no hacía falta haber ido a la academia para sentir, para experimentar la emoción del arte.

— ¿Qué es A Kiss for All the World?

— "Un beso para todo el mundo" se llama nuestro proyecto. Es uno de los versos con los que termina la Novena Sinfonía de Beethoven: "Abrácense multitudes, este beso para el mundo entero". Lo que pretendemos es acercar el mensaje profundo y transformador de la novena de Beethoven a colectivos vulnerables de todo el mundo. Queremos sacar la gran música de los circuitos tradicionales, de los grandes teatros, y acercarla a todas esas personas más desfavorecidas o más vulnerables.

— ¿Cuándo empezó esto?

— El proyecto lo pusimos en marcha hace un poco más de un año, y hemos tenido un recorrido muy satisfactorio; hemos hecho cuatro giras internacionales. Estuvimos con el proyecto en Bogotá, Colombia; en Panamá; en Lima, Perú, y el último concierto tuvo lugar el pasado mes de julio en un campo de refugiados sirios y afganos en Hamburgo, Alemania.

— ¿Cómo se solventa esta iniciativa?

— Por su pura naturaleza, por su pura definición, este es un proyecto de gratuidad. Todas laos que participamos en él lo hacemos desinteresadamente, con lo cual, pues, le podemos dedicar el tiempo que le podemos dedicar… Es cierto que tiene unos costes de producción, viajes, alojamientos, etcétera, y lo que hacemos es fundamentalmente acudir al sector privado, empresas que conocen el proyecto, se enamoran de él, lo quieren apoyar, económicamente o en especies, alojamientos en los hoteles, pasajes de avión, etcétera.

— Cuando se desplazan para llevar esta iniciativa, ¿de cuánta gente estamos hablando?

— No, claro, desplazar a todo el orgánico necesario para interpretar la novena de Beethoven es absolutamente implanteable; estamos hablando de 200 personas. Nosotros nos movemos con un equipo de entre 15 y 20 personas, dentro del cual hay algunos músicos, el cuarteto vocal, el solista, el director musical que soy yo, y luego un equipo de producción audiovisual. Y lo que hacemos es buscar la colaboración, establecer alianzas con las principales orquestas y coros locales que conocen el proyecto y aportan sus músicos, sus plantillas, para las respectivas presentaciones.

— Entonces usted está en Argentina haciendo buscando esas alianzas…

— Sí, de hecho, las reuniones que estoy teniendo son realmente muy prometedoras. Donde lo estoy contando la gente se está enamorando de la idea y ya podemos contar con la colaboración en firme de las instituciones que van a hacer esto posible acá en Buenos Aires en el año 2017. Todavía está por definirse el momento, seguramente será entre los meses de julio y de agosto. Estamos viendo los lugares a los que vamos a acercarla, pero todavía no hemos elegido, con lo cual tampoco quiero generar expectativas que quizás después no se cumplen.

— Ahora, me pongo en abogado del diablo. Seguramente ya se lo habrán preguntado. Esa gente que está en situación vulnerable, gente marginada por la pobreza o por la guerra. ¿Es música lo que necesitan? ¿No sería mejor llevarles cosas materiales?

— Por supuesto, es importantísimo, es imprescindible, llevarles comida, ropa, medicinas, agua, etcétera. Por suerte eso ya lo hacen muchas organizaciones. Sin embargo, este proyecto viene a que toda la sociedad se replantee el concepto de las primeras necesidades. Lo que nosotros defendemos es que la dignidad que da la cultura también lo es. Queremos tratar a esas personas no solamente como estómagos a los que alimentar sino como personas, por lo tanto dotadas de dignidad y de grandeza, como cualquier espectador de cualquier teatro del primerísimo mundo. Eso es lo que hace a esta acción tan especial y tan original. Se ha visto muchas veces que se organiza un concierto benéfico cuya recaudación se destina a un colectivo vulnerable; lo que hasta ahora no se había visto era llevar la música al colectivo vulnerable. Que tengan una experiencia realmente única en sus vidas y que sientan no solo la interpretación de esta obra maestra que es patrimonio de la humanidad, la Novena de Beethoven, sino que con esa interpretación también sientan el calor, el abrazo, ese beso, ese kiss, que nosotros queremos acercar a todas esas personas.

—Hay una concepción algo elitista de pensar que ese tipo de música es para determinado tipo de gente, que tiene cultura musical. ¿Qué experiencia han tenido al llevar esta música a gente que tal vez no la escuchó nunca?

— Sí, no es solo que exista ese prejuicio, sino que es una realidad. La música clásica o culta está casi relegada al ámbito de las personas con más posibilidades socioeconómicas. Sin embargo, es patrimonio de toda la humanidad. En la música encontramos respuestas; ningún ser humano debería verse privado de la posibilidad de ese encuentro. Desde que nos pusimos a trabajar en este proyecto, los testimonios que hemos ido recogiendo son absolutamente sobrecogedores, la gente se emociona, la gente llora. El proyecto arrancó con un concierto en un hospital emblemático de Madrid; los pacientes, los enfermos, nos decían, llorando, "ustedes no saben lo que nos han traído hoy, no son conscientes de lo que nos han dado". En la cárcel de La Picota, por ejemplo, en Bogotá, los internos de la cárcel nos decían, era un testimonio unánime: "Ustedes hoy nos han traído libertad".

— La música es un lenguaje universal, se dice. ¿Es así?

— Sí, claro, esa es la gran ventaja de la música: a pesar de ser una disciplina artística como más abstracta, más alejada de nuestra cotidianeidad, en el fondo es la que de manera más directa entra en nuestras emociones y toca nuestros resortes más íntimos. Además, la Novena Sinfonía de Beethoven es la única obra musical que ha sido declarada patrimonio de la humanidad por la Unesco, por algo. Y es que es la pieza que de manera más eminente, más directa y más automática nos habla a los seres humanos de la necesidad de tender puentes donde quizás con demasiada y triste frecuencia levantamos muros. La música es comunicación, la música es unión, la música es comunión, es diálogo, es lenguaje, es acercamiento. Y además la novena sinfonía está planteada por Beethoven como un proceso de transformación interior. El hombre solamente puede llegar al clímax final, el que conoce todo el mundo, la "Oda a la alegría", que nos invita a que todos nos unamos en un abrazo. Bien, pero solamente se puede llegar a ese clímax final, cuando uno se ha vaciado de sí mismo. Toda la sinfonía está planteada dramatúrgicamente como un proceso de transformación por el cual el sujeto se va vaciando de sí mismo y en esa medida es capaz de abrirse con generosidad a los demás. Por eso el proyecto queda perfectamente cerrado con la interpretación de esta obra que en el fondo habla de lo mismo que el proyecto.

— ¿La tocan completa? Porque dura más de una hora, ¿no?

— Sí, 65 minutos, una cosa así. La gente la escucha concentrada. Y es gente que no tiene ninguna preparación, ninguna educación musical, y es asombroso. Incluso público infantil, que a priori puede parecer más complicado. En Bogotá tocamos para niños que tenían entre 7 y 13 años, y estaban como hipnotizados por la música, cautivados. La interpretación en directo de una obra tan colosal como esta, necesariamente, aunque quizás no entiendas demasiado, te conmueve, te sacude por dentro. Y esas personas para las que tocamos son quizás el público más agradecido que hay. Puesto que lo único que te pueden dar a cambio es su aplauso, su cariño y su reconocimiento. Muchas veces en esos circuitos tan elitistas de la música las motivaciones del público son bastante extra musicales; interesa más quizás el concierto como acontecimiento, como lugar de encuentro, lo cual tiene su valor pero no es un valor musical. A veces esos púbicos que menos tienen son los que más agradecen y más entienden el mensaje profundo de la música.

— ¿Y cómo recibe la Europa en crisis este tipo de iniciativas? ¿Es indiferente o siente interés, necesidad de acercarse a los vulnerables?

— Hay un poco de todo. Pero mi experiencia trabajando en este proyecto, para el que me he tenido que reunir con muchas personas, de entrada, para organizar nuestro Patronato de Honor, en el que tenemos la suerte de contar con Plácido Domingo, la baronesa Thyssen, y muchas otras personalidades muy relevantes del mundo de la cultura de España, es que he encontrado un enorme entusiasmo porque este proyecto viene a traernos un punto de ilusión en un momento en el que en el Viejo Mundo reina tanto pesimismo, incertidumbre, malestar. Hay una crisis que no es solo económica, sino que anida en los corazones de las personas. Y en medio de tanta corrupción, de tantas conductas reprobables y censurables, de pronto un proyecto en el que todos los que participamos lo hacemos desinteresadamente, y además gozosamente, y lo que estamos haciendo es poner al servicio de los más necesitados nuestro talento, nuestro arte, todo lo que nos llena el corazón y la cabeza, pues está suscitando una respuesta entusiasta. Es un proyecto muy atractivo porque reúne de una parte todo lo sofisticado de la gran música con una acción de solidaridad de primera magnitud. Tocamos Beethoven, y después almorzamos con unos internos en la cárcel, con unos chicos en un orfanato o ante los pacientes de un hospital siquiátrico u oncológico.

 

Por Claudia Peiró  cpeiro@infobae.com  

@PeiroClaudia