Qué es el postre invertido, la estrategia que propone comer más frutas sin renunciar a los dulces

Una investigación de la Universidad de California analizó cómo modificar las proporciones de tortas y frutos secos puede favorecer elecciones alimentarias diferentes

Ilustración de un plato blanco con fresas, frambuesas, mango, arándanos, nueces y una pequeña rebanada de pastel de chocolate con caras dibujadas.
La propuesta del postre invertido de la Universidad de California en Davis plantea elevar al 80% la proporción de frutas y frutos secos en el plato (Imagen Ilustrativa Infobae)
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Un postre puede conservar una porción de torta, helado o tarta y, al mismo tiempo, cambiar de forma visible su composición. La estrategia conocida como “darle la vuelta al postre” propone que las frutas y los frutos secos dejen de ser un acompañamiento reducido y pasen a ocupar la mayor parte del plato. La idea no consiste en adelantar el dulce dentro de la comida, sino en modificar la proporción de sus ingredientes.

El planteo parte de una pregunta concreta de la alimentación cotidiana: ¿es posible sumar fruta a un postre sin eliminar por completo la preparación dulce? Los estudios disponibles ofrecen una respuesta acotada.

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Una prueba con estudiantes universitarios halló mayor aceptación de algunas versiones con predominio de frutas y frutos secos, pero no evaluó efectos sobre el peso, la salud metabólica ni resultados clínicos a largo plazo.

Según publicó The Washington Post, la propuesta fue denominada dessert flip por un equipo de la Universidad de California en Davis. El diario explicó que el formato combina una porción menor de torta con una cantidad mayor de frutas y frutos secos, una alternativa que cambia la composición del plato sin prohibir el postre.

El interés por esa proporción se vincula con el consumo de frutas en Estados Unidos. El Servicio de Investigación Económica del Departamento de Agricultura de ese país informó que, entre 2017 y marzo de 2020, el 14,7% de los adultos cumplía la recomendación de frutas correspondiente a su edad y sexo. Ese contexto no convierte al postre invertido en una pauta nutricional por sí misma, pero permite ubicarlo como una forma de incorporar estos alimentos en una preparación dulce.

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El postre invertido cambia las proporciones, no elimina el dulce

Un plato con un pastel pequeño, frutillas, arándanos, frambuesas, trozos de mango y frutos secos junto a un tenedor y una taza.
Una prueba sensorial con 118 participantes evaluó la aceptación de preparaciones dulces combinadas con frutillas, arándanos, frambuesas y mango (Imagen Ilustrativa Infobae)

La investigación publicada en el Journal of Food Science comparó un postre convencional con otro de proporciones invertidas. En la primera opción, la torta representaba el 80% del peso y las frutas y los frutos secos, el 20%. En la segunda, la distribución se invirtió.

El trabajo, encabezado por Amalie Kurzer, del Departamento de Ciencia y Tecnología de los Alimentos de la Universidad de California en Davis, incluyó a 118 personas en una prueba sensorial realizada en un comedor universitario.

De acuerdo con el estudio publicado en Journal of Food Science, los participantes prefirieron de manera significativa las preparaciones con más fruta y frutos secos frente a las versiones convencionales. Las opciones evaluadas reunían frutillas, frambuesas, arándanos y mango con frutos secos.

La misma investigación incorporó una segunda prueba con 150 participantes. Tras consumir un plato principal, eligieron con mayor frecuencia imágenes de tortas con un 60% de frutas y un 40% de pastel que aquellas en las que este último representaba el 80%. Los autores señalaron que aumentar la proporción de estos ingredientes y de frutos secos puede reducir la presencia de azúcar añadida y grasas saturadas frente a las versiones convencionales.

Los datos se limitan a la aceptación y la elección de postres en una población específica. La muestra estuvo integrada principalmente por estudiantes universitarios y las pruebas se realizaron en un comedor de la institución. Por ese motivo, los resultados no permiten establecer que este formato produzca cambios sostenidos en la alimentación ni que tenga el mismo efecto en todas las personas.

Elegir primero un dulce estudia un mecanismo diferente

Dos platos blancos con porciones de torta de chocolate, frutos rojos, frutos secos, una cuchara, un tenedor y un vaso sobre una mesa de madera.
El Departamento de Agricultura de Estados Unidos reportó que solo el 14,7% de los adultos cumplió con las recomendaciones de consumo de frutas entre 2017 y 2020 (Imagen Ilustrativa Infobae)

La expresión “darle la vuelta al postre” también puede confundirse con otra línea de investigación: la que analiza si elegir primero una opción dulce modifica las decisiones posteriores durante una comida. Esa pregunta es distinta de la composición del plato y conviene separar ambos enfoques para no atribuir al postre invertido resultados que no evaluó.

Un equipo dirigido por Martin Reimann, profesor de marketing de la Universidad de Arizona, realizó cuatro experimentos en una cafetería y en un entorno digital de pedidos. Según informó la Escuela de Negocios Eller de la Universidad de Arizona, quienes elegían primero un postre más calórico tendían después a seleccionar platos principales y acompañamientos de menor contenido calórico.

En promedio, las personas que escogieron el postre más calórico al comienzo registraron una ingesta total 30% menor que quienes elegían primero una opción de fruta. El resultado no se repitió entre los participantes que tomaban decisiones bajo distracción.

La investigación examinó conductas de elección en escenarios determinados; no establece que comer postre antes del plato principal sea una recomendación nutricional general.

La distinción es importante porque un postre con mayor proporción de frutas puede servirse al final de una comida, independientemente del orden en que se haya elegido. En cambio, seleccionar primero una opción más calórica no implica modificar la composición del plato. Ambos estudios analizan aspectos diferentes de las decisiones alimentarias, aunque coinciden en explorar cómo la presentación y la elección de los alimentos pueden influir en los hábitos.

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