
Un suplemento diario de probióticos con tres cepas bacterianas redujo los niveles de pTau181 y mejoró algunas pruebas de cognición en adultos mayores con deterioro cognitivo temprano, tras 24 semanas de tratamiento. El marcador sanguíneo pTau181 está asociado con cambios cerebrales vinculados al Alzheimer, aunque el ensayo no demuestra que estas bacterias reduzcan directamente las acumulaciones de proteína tau en el cerebro.
El estudio incluyó inicialmente a 100 personas de la cohorte surcoreana Gwangju Alzheimer’s Disease and Related Dementias, orientada a seguir la evolución del deterioro cognitivo. Completaron la intervención 40 participantes del grupo que recibió el probiótico y 47 del grupo placebo, sin que los voluntarios ni los investigadores supieran qué tratamiento había recibido cada uno.
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Los resultados fueron publicados en el Journal of Alzheimer’s Disease. Los autores los consideran preliminares y sostienen que serán necesarios ensayos más extensos y prolongados antes de establecer una utilidad clínica contra la enfermedad de Alzheimer.
Más de 57 millones de personas en el mundo conviven con demencia, y la Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que esta cifra ascenderá a 139 millones para 2050. La enfermedad de Alzheimer representa entre el 60% y el 70% de los casos a nivel global. Frente a este desafío, los últimos hallazgos científicos indagan en la detección precoz y la prevención temparana.
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Un marcador de Alzheimer y pruebas de memoria visual

La pTau181 mide en sangre una forma fosforilada de la proteína tau, cuya presencia puede reflejar alteraciones asociadas al Alzheimer dentro del cerebro. Antes de la aparición de síntomas de demencia, sus concentraciones suelen elevarse en la sangre.
En los cuadros de demencia, las proteínas tau pueden plegarse de manera anormal y formar ovillos que interfieren con las células cerebrales. Al término del tratamiento, el grupo que recibió el suplemento mostró una disminución significativa de pTau181 plasmática frente al placebo.
El producto evaluado, denominado KL-P301, contenía subespecies de Bifidobacterium animalis, Limosilactobacillus fermentum y Levilactobacillus brevis. Los participantes podían consumir el polvo directamente o disolverlo en agua.
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Además de la variación del biomarcador, quienes tomaron el probiótico obtuvieron resultados significativamente mejores en un sistema de evaluación clínica de la demencia. También mejoraron en tareas que exigían interpretar información visual, comprender la organización espacial y reproducir figuras complejas, aunque no todas las comparaciones con el grupo placebo alcanzaron significación estadística.
Los neurólogos Kang-Ho Choi y Kun Ho Lee, de la República de Corea, señalaron que la reducción paralela de pTau181 y la conservación de la construcción visuoespacial y de la memoria visual aportan indicios convergentes sobre una posible interacción entre microbiota, sistema inmunitario y cerebro durante los procesos neurodegenerativos tempranos.
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La inflamación como posible vínculo entre intestino y cerebro

La mayoría de los marcadores inflamatorios registraron cambios modestos después de las 24 semanas. Sin embargo, la interleucina 1 beta, una citocina implicada en la respuesta inmunitaria, descendió más en el grupo tratado que en el placebo.
Los investigadores plantearon que este resultado “puede sugerir un efecto antiinflamatorio selectivo del probiótico multicepa sobre vías específicas de citocinas”. La hipótesis es que una mejora de la salud intestinal podría reducir algunas señales de inflamación sistémica capaces de alcanzar el cerebro.
Una alteración de la salud intestinal puede activar respuestas inmunitarias que debiliten la barrera hematoencefálica, la estructura que regula el paso de sustancias entre la sangre y el sistema nervioso. También podría contribuir a la neuroinflamación y al daño de las neuronas.
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Ensayos previos con combinaciones de Bifidobacterium y Lactobacillus en personas con Alzheimer diagnosticado clínicamente habían asociado estos suplementos con mejores marcadores cerebrales en sangre y con menores señales circulantes de inflamación y estrés oxidativo.
El nuevo trabajo evaluó a personas en una fase anterior y combinó mediciones de función cognitiva con indicadores sanguíneos de la patología tau.
Los autores advirtieron que los resultados obtenidos en animales no siempre se reproducen en seres humanos. Propusieron estudios de mayor tamaño y duración que incorporen tomografías por emisión de positrones para tau y beta-amiloide, con el fin de evaluar la persistencia de los efectos, su relevancia clínica y la utilidad de la cognición visuoespacial como criterio de evaluación.
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