Un estudio reveló por qué un fármaco usado para tratar la hipertensión puede activar la grasa parda y mejorar el metabolismo

Un análisis de más de 100.000 historias clínicas detectó que el medicamento, recetado desde hace décadas para la presión arterial elevada, se asocia con mayor actividad de este tejido que quema calorías y con mejores indicadores cardiovasculares

(Imagen Ilustrativa Infobae)
El estudio fue liderado por investigadores de la Universidad Rockefeller, en Nueva York (Imagen Ilustrativa Infobae)
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Un medicamento recetado desde hace décadas contra la hipertensión arterial mostró un efecto inesperado: activa la grasa parda, el tejido que quema calorías para generar calor y que fue vinculado con una mejor salud cardiovascular, metabólica y psiquiátrica.

Así lo determinó un estudio publicado en la revista Nature, que analizó los historiales médicos de más de 100.000 pacientes mediante inteligencia artificial.

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El fármaco en cuestión es el losartán, un bloqueador de los receptores de angiotensina (ARA II) que se utiliza de forma habitual para controlar la presión arterial. Investigadores de la Universidad Rockefeller, en Nueva York, comprobaron en células y en ratones que el medicamento aumenta directamente la actividad metabólica de la grasa parda, sin alterar el peso corporal de los animales tratados.

El hallazgo fue destacado por Eric Topol, cardiólogo y genetista, en su cuenta de X. Topol señaló que la grasa parda disminuye con la edad, pero que su persistencia en la adultez se asocia con menos enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2 e hipertensión, y resaltó que el nuevo estudio, realizado sobre 100.000 personas mediante IA, suma la reducción de la depresión a la lista de beneficios vinculados a este tejido.

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Cómo se descubrió el vínculo entre el losartán y la grasa parda

Mano abierta sosteniendo varias píldoras blancas redondas, mientras otras píldoras similares flotan cayendo lentamente hacia la palma. El fondo está desenfocado.
El losartán es un fármaco de uso habitual contra la hipertensión arterial (Imagen Ilustrativa Infobae)

El equipo liderado por Paul Cohen, médico e investigador de Rockefeller, se asoció con el Memorial Sloan Kettering Cancer Center (MSKCC) para analizar imágenes por tomografía por emisión de positrones y tomografía computarizada (PET/CT) de pacientes que se habían sometido a estos estudios durante su tratamiento oncológico.

Esas imágenes, que resaltan el tejido metabólicamente activo, permiten identificar también la presencia de grasa parda.

Los investigadores, entre ellos Heiko Schöder y Daniel Lafontaine, del MSKCC, revisaron los historiales clínicos electrónicos y hallaron que quienes tomaban ARA II presentaban una mayor cantidad de grasa parda activa en sus exploraciones. A partir de ese dato, diseñaron experimentos específicos para evaluar el impacto del losartán sobre las células de grasa parda.

“El alcance de este nuevo análisis es mucho más amplio. Duplicamos el número de pacientes y consideramos más de 500 códigos, lo que nos permitió descubrir muchos datos nuevos”, explicó Cohen. El trabajo amplía un estudio anterior del mismo laboratorio, publicado en 2021, que había caracterizado a unos 50.000 pacientes del centro oncológico neoyorquino.

Qué es la grasa parda y por qué despierta interés científico

Muestra microscópica teñida de rosa y morado que contiene numerosas cavidades circulares blancas y núcleos celulares.
La grasa parda quema calorías para generar calor, a diferencia de la grasa blanca, que las almacena (Imagen Ilustrativa Infobae)

A diferencia de la grasa blanca, que almacena energía en el cuerpo, la grasa parda la quema para producir calor. Se localiza principalmente en el cuello, las axilas, el pecho y alrededor de órganos como el corazón y los riñones. Durante décadas se creyó que este tejido desaparecía una vez que los recién nacidos desarrollaban la capacidad de temblar, hasta que en 2009 se confirmó por primera vez su presencia activa en adultos.

Para cuantificar ese tejido en la cohorte de más de 100.000 pacientes, el primer autor del estudio, Nicolás Gómez-Banoy, endocrinólogo e instructor de investigación clínica en el laboratorio de Cohen, aplicó una herramienta de aprendizaje automático que midió el grado de actividad de la grasa parda en aproximadamente 8.700 personas, tanto de forma global como en cada una de las seis regiones anatómicas donde se concentra.

Los beneficios cardiometabólicos y psiquiátricos observados

Un hombre camina sobre una cinta con electrodos adheridos a la espalda mientras un médico observa un monitor de electrocardiograma.
Un modelo de inteligencia artificial permitió cuantificar la actividad de este tejido en miles de pacientes (Imagen Ilustrativa Infobae)

El análisis reveló que, en todos los diagnósticos considerados, las enfermedades cardiovasculares y psiquiátricas fueron menos frecuentes entre quienes tenían grasa parda activa. Los pacientes con este tejido mostraron además mejores parámetros glucémicos, perfiles lipídicos, marcadores inflamatorios e índices ecocardiográficos que quienes carecían de él.

“Por ejemplo, la zona axilar se asoció con un menor riesgo de hipertensión arterial en comparación con otras regiones”, detalló Gómez-Banoy. “Pero, en general, los pacientes con grasa parda presentan mejores parámetros glucémicos, perfiles lipídicos e índices ecocardiográficos, así como marcadores inflamatorios más bajos”.

El hallazgo que más sorprendió al equipo fue la asociación con la salud mental: una menor incidencia de depresión y ansiedad en los pacientes con mayor actividad de grasa parda. “Sabemos que las personas metabólicamente sanas tienden a tener una menor incidencia de enfermedades psiquiátricas, por lo que podría ser que tener grasa parda contribuya a una mejor salud metabólica, y esto se correlacione con menos problemas psiquiátricos”, señaló Gómez-Banoy. En sentido inverso, los investigadores detectaron que los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS), de uso frecuente contra la depresión, tuvieron un efecto inhibidor sobre la actividad de este tejido.

Un mecanismo independiente del efecto sobre la presión arterial

Ilustración de un brazo con un tensiómetro digital en la muñeca que marca 140/90, un corazón y trazados de pulso cardíaco.
La investigación analizó los historiales médicos de más de 100.000 pacientes (Imagen Ilustrativa Infobae)

Uno de los datos más relevantes del estudio es que las vías moleculares mediante las cuales el losartán activa la grasa parda son distintas de los mecanismos que explican su efecto hipotensor. Esa separación abre la posibilidad de desarrollar terapias que estimulen este tejido sin necesidad de modificar la presión arterial de personas que ya la tienen en rangos normales.

“El hecho de que sus distintos efectos estén mediados por diferentes vías moleculares es ventajoso, ya que significa que podríamos aislarlas potencialmente en futuras terapias”, afirmó Gómez-Banoy. “De esa forma, se podría estimular la grasa parda en personas con presión arterial normal”.

En los ensayos con ratones sanos, el tratamiento con losartán se tradujo en un mayor gasto energético, un mayor consumo de oxígeno y una mayor producción de dióxido de carbono, indicadores de un metabolismo más activo, sin que se registraran cambios en el peso corporal de los animales.

Otros métodos conocidos para activar este tejido

Persona con gorro de lana gris sumergida en agua helada con trozos de hielo, ojos cerrados y expresión serena. Vapor sobre el agua y fondo nevado borroso.
La exposición al frío era, hasta ahora, uno de los métodos conocidos para activar la grasa parda (Imagen Ilustrativa Infobae)

Hasta ahora, la exposición al frío era el método más estudiado para activar la grasa parda, aunque su aplicación práctica es limitada. “Pero a la mayoría de la gente no le gusta el frío”, señaló Cohen, por lo que no representa una solución viable salvo para quienes practican la natación en aguas frías.

También se había identificado al mirabegrón, un fármaco utilizado para tratar la incontinencia urinaria, como activador de este tejido, aunque su uso está limitado por efectos secundarios cardiovasculares. El losartán, en cambio, cuenta con un perfil de seguridad ya establecido tras décadas de uso clínico contra la hipertensión.

Qué sigue después de este hallazgo

Los científicos buscan ahora confirmar estos efectos en ensayos clínicos con humanos (Efe)
Los científicos buscan ahora confirmar estos efectos en ensayos clínicos con humanos (Efe)

Los autores adelantaron que el losartán no es el único fármaco con potencial para activar este tejido. “En nuestra amplia muestra, encontramos muchos otros medicamentos relacionados con la actividad de la grasa parda”, indicó Cohen. “Esto es solo el comienzo”.

Entre las próximas líneas de investigación que el equipo busca explorar figuran la genética de las personas con alta actividad de grasa parda, su vínculo con la ansiedad y la depresión, y posibles efectos adversos asociados a este tejido, como un mayor riesgo de osteoporosis y enfermedades de la piel.

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