
Los alimentos ultraprocesados, en cantidades adicionales de 100 g diarios, se asociaron con un mayor riesgo de enfermedades digestivas, hipertensión, síndrome metabólico o diabetes y muerte por cualquier causa. El análisis, publicado en Family Medicine and Community Health, examinó si existían niveles seguros de consumo de estos productos industriales listos para comer o calentar.
Los resultados no establecieron una relación causal, ya que todos los estudios incluidos se basaron en evaluaciones dietéticas subjetivas y excluyeron a menores de 18 años. La revisión reunió 51 estudios de cohortes prospectivos con 8.819.894 personas de América, Europa, Asia y Oceanía, seguidas entre dos y 32 años.
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El estudio fue destacado por Eric Topol, el reconocido referente en longevidad, en su cuenta de X: “El vínculo entre algunos alimentos ultraprocesados y enfermedades crónicas entre 8,8 millones de personas, 51 cohortes prospectivas, con un efecto dosis-respuesta”.
El tema preocupa a los investigadores. Recientemente, un estudio concluyó que una mayor exposición dietaria a aromatizantes, colorantes y edulcorantes presentes en alimentos ultraprocesados se asoció con más riesgo de depresión. La investigación fue publicada en European Journal of Nutrition y fue realizada con datos de 171.818 participantes del Biobanco del Reino Unido.
Riesgos acumulados por cada aumento del consumo

Los participantes del estudio tenían edades promedio de entre 23 y 77 años, y su ingesta se calculó mediante cuestionarios de frecuencia alimentaria, recordatorios dietéticos de 24 horas o historiales de alimentación. Los autores convirtieron el consumo diario de estos productos en porciones de 50 g para estimar su relación con distintos desenlaces de salud.
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La investigación determinó que el mayor consumo de ultraprocesados se asoció con un incremento de estas enfermedades:
- 24% en los eventos cardiovasculares
- 12% en el cáncer
- 23% en obesidad o sobrepeso
- 24% en síndrome metabólico o diabetes
- 27% más de riesgo de depresión o ansiedad
- 31% más de enfermedades digestivas
- 11% más de hipertensión
- 18% más de mortalidad por cualquier causa.
Cada aumento de 100 g diarios se relacionó con un 14% más de riesgo de eventos cardiovasculares, un 4% más de cáncer, un 3% más de mortalidad por cualquier causa y un 2% más de síndrome metabólico o diabetes. Un incremento del 10% en el peso o la energía procedente de estos productos se asoció, además, con un 16% más de riesgo de síndrome metabólico o diabetes.
Los alimentos ultraprocesados podrían afectar la salud por su elevada densidad energética y por su contenido habitual de azúcar y sal, junto con una menor proporción de fibra, proteínas, vitaminas y minerales. El análisis indicó que suelen contener múltiples aditivos y han pasado por un procesamiento industrial extenso.
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Según Johns Hopkins Bloomberg School anda Public Health, el término “alimentos ultraprocesados” se originó en el sistema de clasificación de alimentos Nova, que define los alimentos en cuatro categorías, desde los menos procesados hasta los más procesados:
- Alimentos sin procesar o mínimamente procesados, como frutas, verduras, leche o pescado.
- Ingredientes culinarios procesados como la sal, el azúcar, el aceite de oliva y la manteca.
- Alimentos procesados, como mermelada, encurtidos o fruta enlatada.
- Alimentos ultraprocesados, como bebidas energéticas, avena instantánea, pan de molde o salchichas.
“Los alimentos ultraprocesados contienen uno o más ingredientes que no se encuentran en una cocina convencional, como conservantes químicos, emulsionantes como aceites hidrogenados, edulcorantes como el jarabe de maíz de alta fructosa y colorantes y saborizantes artificiales. Estos alimentos se someten a técnicas de procesamiento como la prefritura, el moldeo, la extrusión, el fraccionamiento y otras alteraciones químicas que hacen que el producto final sea prácticamente idéntico a los ingredientes originales", afirmó la entidad.
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Aditivos y cambios físicos en los productos

La combinación de varios aditivos podría generar un “efecto cóctel” sobre la salud humana, señalaron los investigadores. Estudios de laboratorio también mostraron que la estructura física alterada de estos productos puede afectar de forma negativa al microbioma intestinal y favorecer la inflamación y la resistencia a la insulina.
El trabajo mencionó compuestos que pueden formarse durante el procesamiento y el calentamiento, como la acrilamida, un contaminante presente en alimentos procesados y tratados con calor. También citó la acroleína, que puede generarse al calentar grasas y se ha asociado con una mayor incidencia de enfermedades cardiovasculares.
La ingesta de alimentos ultraprocesados suele formar parte de patrones de comportamiento y estilos de vida más amplios, difíciles de modificar por completo, advirtieron los autores. Esos factores podrían influir en los riesgos de salud a largo plazo, incluida la mortalidad.
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Las enfermedades crónicas vinculadas con estos productos pueden presentarse como multimorbilidad, la coexistencia de varias enfermedades en una misma persona. Los investigadores concluyeron que reducir su consumo y reemplazarlos por alternativas mínimamente procesadas podría ser relevante para la prevención de enfermedades crónicas y la atención primaria.

El Dr. Adam Jacobs, Director Ejecutivo y Consultor Estratégico de Bioestadística de Ergomed, dijo en Sciencie Meida Ceter España que existe un factor de confusión que le parece particularmente preocupante: el estatus socioeconómico. “Las personas que consumen bajas cantidades de UPF suelen tener un nivel socioeconómico más alto que quienes consumen más, y sabemos que la pobreza es uno de los principales indicadores de mala salud. Por lo tanto, es posible que el consumo de UPF sea simplemente un indicador de pobreza, en lugar de ser perjudicial en sí mismo”.
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Por otro lado, el experto señaló que existen otras posibles variables de confusión a considerar, relacionadas con el estilo de vida. “Por ejemplo, las personas que trabajan por turnos o que llevan una vida particularmente estresante pueden consumir más alimentos ultraprocesados. Pocos estudios han tenido en cuenta estos factores”.
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