¿Los entrenamientos linfáticos pueden reducir la hinchazón y la inflamación?

Especialistas en medicina vascular y fisioterapia señalan que moverse con regularidad ayuda a la circulación del fluido linfático y puede aliviar la hinchazón, pero no existen estudios que prueben superioridad de los llamados “entrenamientos linfáticos”

Piernas de una persona en mallas deportivas saltando sobre un mini trampolín en un gimnasio iluminado.
Especialistas en medicina vascular y fisioterapia coinciden en que el movimiento favorece el drenaje linfático, aunque no hay pruebas de que protocolos específicos superen a otras actividades (Imagen Ilustrativa Infobae)
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Los especialistas en medicina vascular, fisioterapia y medicina deportiva consultados por The New York Times, son categóricos: el ejercicio mejora la función linfática y puede reducir la inflamación y la hinchazón, pero ninguna evidencia científica respalda que las rutinas llamadas “entrenamientos linfáticos” sean superiores a cualquier otra actividad física.

La red linfática es un sistema de vasos y ganglios que regula el equilibrio de líquidos en el organismo y refuerza las defensas inmunológicas. A diferencia del sistema cardiovascular, carece de una bomba central: depende de las contracciones musculares, la respiración y la digestión para mover el fluido linfático por el cuerpo.

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¿Qué son los entrenamientos linfáticos?

Infografía explicativa con texto, íconos de personas haciendo ejercicio, esquemas del cuerpo humano y el logotipo de Infobae.
Una infografía de Infobae detalla que el ejercicio físico regular beneficia al sistema linfático y recomienda 150 minutos semanales de actividad aeróbica (Imagen Ilustrativa Infobae)

Entre las rutinas más conocidas se encuentran la “caminata linfática” —un paseo pausado con atención en la postura, la respiración y el movimiento libre de los brazos— y el “rebote”, que consiste en saltar en el lugar o sobre un trampolín. Algunos protocolos incluyen también estiramientos dinámicos y respiración diafragmática profunda.

Marc Miller, fisioterapeuta especializado en salud linfática en el Centro Oncológico M.D. Anderson de Houston, señaló a The New York Times que el interés por este tipo de ejercicios refleja una mayor atención, tanto médica como social, hacia el funcionamiento del sistema linfático.

Sin embargo, Miller y los demás profesionales consultados coincidieron en un punto: para personas sin trastornos linfáticos diagnosticados, no hay datos que respalden que estas rutinas específicas sean superiores a otras formas de movimiento.

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Qué dice la evidencia científica

Persona sentada en una cama con las manos en las rodillas. Sus piernas, tobillos y pies muestran hinchazón. Lleva pantalones azul claro y un suéter marrón.
La respiración diafragmática, presente en varias rutinas populares, podría ayudar porque el diafragma actúa como impulsor natural del flujo linfático; aun así, expertos recomiendan priorizar actividad regular y no promesas sin estudios (Imagen Ilustrativa Infobae)

Por su parte, Jason Wheeler, especialista en medicina vascular de la Cleveland Clinic, precisó que sentirse inflamado o hinchado no equivale a padecer linfedema, una enfermedad en la que el fluido linfático se acumula de forma anormal en distintas partes del cuerpo. Ese malestar cotidiano responde, en la mayoría de los casos, a factores como la alimentación, el sueño insuficiente o las condiciones climáticas.

Un estudio publicado en la revista Aging Cell por investigadores de la Universidad de Harvard aportó datos concretos sobre la relación entre el ejercicio y la salud linfática. La investigación analizó el sistema linfático cardíaco en ratones de edad avanzada y comprobó que sus corazones presentaban menor densidad de vasos linfáticos, mayor dilatación y más inflamación en zonas perilinfáticas.

Tras ocho semanas de ejercicio aeróbico voluntario, los animales mostraron una reversión de ese deterioro: mayor densidad vascular, menor dilatación y reducción de la inflamación y la fibrosis. Los autores concluyeron que el movimiento aeróbico puede restaurar la función linfática alterada por el envejecimiento, sin importar el tipo de rutina empleada.

Ese hallazgo coincide con lo señalado por los expertos consultados por The New York Times: son las contracciones musculares, y no una técnica específica, las que impulsan el fluido linfático. Las recomendaciones apuntan a 150 minutos semanales de actividad aeróbica moderada y al menos dos sesiones de entrenamiento de fuerza por semana, los mismos parámetros sugeridos para la salud general.

Cuándo el ejercicio linfático tiene sentido

Una mujer parada sobre una sola pierna y otra en posición de sentadilla dentro de un gimnasio con pesas al fondo.
Fisioterapeutas y médicos consultados señalan que caminar, saltar o hacer fuerza podrían ayudar por las contracciones musculares, pero no existe investigación comparativa que demuestre que esas rutinas específicas reduzcan más la hinchazón (Imagen Ilustrativa Infobae)

En paralelo, Kelly Sturm, fisioterapeuta de Mineápolis especializada en salud linfática, sostuvo que incorporar estos ejercicios no presenta riesgos para quienes no tienen ningún trastorno diagnosticado. “Realmente se trata de ser constante con el movimiento a lo largo del día”, afirmó en declaraciones recogidas por el medio.

La respiración diafragmática profunda, presente en varias de estas rutinas, también puede favorecer la circulación del fluido linfático, dado que el diafragma actúa como un impulsor natural del sistema. Ese elemento cuenta con respaldo fisiológico entre los especialistas.

El linfedema, en cambio, requiere atención médica especializada. Suele desarrollarse tras daños en la red linfática por lesiones, cirugías o tratamientos oncológicos, aunque el tabaquismo, la obesidad y la edad también elevan el riesgo.

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