
Las deficiencias vitamínicas y nutricionales pueden influir en la fatiga crónica y en la falta de motivación, aun en personas que no presentan una enfermedad diagnosticada. Se trata de cuadros que aparecen cuando el organismo no recibe, no absorbe o no utiliza de manera adecuada los micronutrientes que necesita para sostener funciones básicas, desde la producción de energía hasta la formación de glóbulos rojos y el funcionamiento del sistema nervioso.
No siempre se manifiestan con signos evidentes ni responden solo a una alimentación insuficiente. De acuerdo con Cleveland Clinic, Harvard y trabajos científicos, estas carencias también pueden aparecer por dietas poco variadas, problemas digestivos, cirugías bariátricas, consumo excesivo de alcohol, uso de ciertos medicamentos o mayores requerimientos fisiológicos en determinadas etapas de la vida.
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Falta de nutrientes: el vínculo con la fatiga y la falta de motivación
El estudio publicado en Nutrients analizó datos de 602 adultos sanos residentes en la comunidad en Japón. El equipo liderado por Hiroaki Kanouchi, de la Universidad Metropolitana de Osaka, midió concentraciones sanguíneas de homocisteína, folato y vitamina B12, y evaluó fatiga y motivación con herramientas específicas, entre ellas la Escala de Fatiga de Chalder y una escala analógica visual.

De acuerdo con el trabajo, las personas con niveles más altos de homocisteína también tenían niveles más bajos de folato y vitamina B12, tanto en hombres como en mujeres. Luego, los investigadores analizaron si ese marcador en sangre podía estar relacionado con la fatiga. Para hacerlo, también tuvieron en cuenta otros factores que pueden influir en el cansancio, como la edad, las horas de sueño, la carga de trabajo, el peso corporal, la función renal, la actividad física y la calidad de la alimentación.
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Los resultados mostraron una diferencia por sexo. En los hombres, los niveles más altos de homocisteína se asociaron con mayor fatiga física. En las mujeres, el tercil más alto de homocisteína se asoció con menor motivación. En los contrastes por pares, los hombres del grupo con homocisteína más alta mostraron una diferencia ajustada de 1,55 puntos en fatiga física frente al grupo más bajo, mientras que en las mujeres la motivación cayó 5,62 puntos entre el más alto y el más bajo.
Los autores señalaron que se trata de un análisis transversal y exploratorio, por lo que no permite establecer causalidad. Además, cuando la homocisteína se modeló como variable continua, las asociaciones no alcanzaron significación estadística. Aun así, el trabajo plantea una hipótesis de interés: que ciertos estados metabólicos relacionados con vitaminas del grupo B podrían asociarse con formas específicas de cansancio y desánimo.
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Ese marco encuentra apoyo parcial en otras revisiones. Un artículo de Nutrients sobre vitaminas, minerales, energía, fatiga y cognición explicó que varias vitaminas del grupo B participan en rutas esenciales del metabolismo energético, la síntesis de ADN, el transporte de oxígeno y la función neuronal. Ese trabajo, publicado en 2020, indicó que una ingesta insuficiente de micronutrientes puede relacionarse con fatiga física y mental, además de efectos sobre procesos cognitivos y psicológicos. En esa misma línea, una revisión del Journal of Preventive Medicine and Hygiene señaló que las deficiencias subclínicas o marginales de micronutrientes también se han asociado con fatiga general y déficits cognitivos.

La relación biológica propuesta no se limita al aporte calórico. El folato y la vitamina B12 intervienen en el metabolismo de un carbono, una red de reacciones clave para la síntesis celular y para procesos de metilación. La ciencia indicó que la homocisteína puede reflejar alteraciones en ese circuito y que esas alteraciones podrían tener efectos sobre vías neuroquímicas vinculadas con la motivación y la fatiga.
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Otros efectos de las deficiencias vitamínicas
La fatiga persistente no es la única manifestación posible. De acuerdo con Cleveland Clinic, los síntomas de una deficiencia vitamínica dependen de qué nutriente falte y de la gravedad del cuadro. Entre los signos frecuentes figuran cambios de ánimo, problemas de concentración, debilidad muscular, hormigueo, alteraciones del equilibrio, anemia, sangrado de encías, caída del cabello, uñas frágiles, erupciones cutáneas y alteraciones óseas.
Harvard agregó que algunas carencias son más probables en determinados grupos. Entre ellas están la vitamina D, el hierro, la vitamina B12 y el calcio, con mayor riesgo en personas mayores, embarazadas, personas con trastornos digestivos o quienes siguen dietas que excluyen grupos completos de alimentos. También señaló que algunos medicamentos pueden interferir con la absorción de nutrientes, como ocurre con ciertos fármacos usados para el reflujo, la presión arterial o la enfermedad de Parkinson.
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En el plano clínico, la literatura también describe manifestaciones en piel, mucosas y pelo. Una revisión de Clinics in Dermatology indicó que distintas deficiencias vitamínicas pueden expresarse con hiperpigmentación, glositis, queilitis, dermatitis, alopecia y uñas frágiles. Ese trabajo remarcó que, en algunos casos, la piel puede ofrecer las primeras pistas de una carencia nutricional.
Las fuentes coinciden, además, en que no todos los síntomas permiten identificar por sí solos qué vitamina o mineral está comprometido. Muchas deficiencias son sutiles y no pueden confirmarse solo a partir de percepciones subjetivas. Cleveland Clinic señaló que el diagnóstico suele apoyarse en análisis de sangre u orina, indicados según los antecedentes, los síntomas y la evaluación clínica.
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