El síndrome que agota más allá del cansancio y transforma la rutina diaria

Una condición subestimada desafía la capacidad de realizar tareas habituales y plantea interrogantes sobre su origen, síntomas y diagnóstico en distintos grupos de la población

Una ilustración de cuatro viñetas con una persona en la cama, en un colectivo, en una oficina frente a un monitor y cenando sola en una mesa.
La encefalomielitis miálgica o síndrome de fatiga crónica es una enfermedad de larga duración que altera la vida cotidiana y la autonomía personal (Imagen Ilustrativa Infobae)
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La encefalomielitis miálgica, también conocida como síndrome de fatiga crónica es una enfermedad compleja y de larga duración que altera de manera profunda la capacidad de sostener las actividades cotidianas. No se trata de un cansancio habitual ni pasajero después de una jornada exigente. Distintos centros médicos y publicaciones especializadas coinciden en que se trata de una afección que puede extenderse durante años y que, en los casos más severos, llega a comprometer la autonomía personal y la vida laboral, escolar o social.

El rasgo central de esta enfermedad es una disminución marcada del nivel de funcionamiento previo, acompañada por un agotamiento intenso que no se resuelve por completo con el descanso. Según Johns Hopkins Medicine, esa limitación puede instalarse de manera gradual o repentina y afectar de forma sostenida la rutina diaria. La enfermedad compromete varios sistemas del organismo y que su impacto va más allá de la sensación de cansancio.

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De acuerdo con la Universidad de Harvard, en personas con esta afección se observaron alteraciones vinculadas con el cerebro, el sistema inmunitario, el metabolismo energético, los vasos sanguíneos y la microbiota intestinal. Un estudio señaló, a su vez, que se trata de una condición multisistémica, con dificultades diagnósticas persistentes por la ausencia de biomarcadores definitivos y por la superposición de sus manifestaciones con otras enfermedades.

Un hombre duerme con la cabeza apoyada en sus brazos sobre un escritorio con un teclado, un ratón, una taza de café, documentos y una ventana.
El síndrome de fatiga crónica provoca un agotamiento intenso que no se resuelve con el descanso y reduce el nivel de funcionamiento previo (Imagen Ilustrativa Infobae)

Por qué surge y cuáles son sus síntomas

La causa exacta todavía no se conoce con precisión. De acuerdo con Mayo Clinic, los especialistas consideran que podría intervenir una combinación de factores y no un único desencadenante. En la misma línea, Johns Hopkins Medicine indicó que ciertos cuadros infecciosos pueden actuar como disparadores, entre ellos la mononucleosis infecciosa, aunque en muchos casos no se logra identificar una causa concreta.

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Según Harvard, en muchas personas la enfermedad comienza después de una infección similar a la gripe o tras un episodio de trauma físico, como una cirugía, aunque también puede desarrollarse de forma gradual. La institución también señaló que existen hallazgos que apuntan a alteraciones en el sistema nervioso autónomo, en la regulación hormonal, en la respuesta inmunitaria, en la producción de energía celular y en la microbiota intestinal. Una revisión publicada en Cureus agregó que la investigación actual explora hipótesis vinculadas con desregulación inmunitaria, disfunción mitocondrial, inflamación persistente, alteraciones metabólicas y posibles mecanismos postvirales, incluidos los asociados al COVID.

Una mujer con abrigo beige y pantalón oscuro se inclina con las manos en las rodillas sobre una vereda mojada. El fondo es una calle urbana con edificios y árboles borrosos.
Entre los síntomas del síndrome de fatiga crónica figuran el malestar post-esfuerzo, el sueño no reparador, las dificultades cognitivas y la intolerancia ortostática (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los autores indicaron que no hay biomarcadores validados para confirmar el diagnóstico, lo que obliga a una evaluación clínica amplia y al descarte de otras patologías con manifestaciones parecidas. Entre los síntomas descritos por expertos aparecen los siguientes:

  • Fatiga intensa y persistente que no mejora de forma suficiente con el descanso.
  • Malestar post-esfuerzo, con empeoramiento de los síntomas tras actividad física, mental o emocional.
  • Sueño no reparador, con sensación de no haber descansado al despertar.
  • Dificultades cognitivas, como problemas de memoria, atención, concentración o para encontrar palabras.
  • Intolerancia ortostática, con mareos, fatiga o malestar al permanecer sentado o de pie durante mucho tiempo.
  • Dolores en músculos y articulaciones.
  • Dolores de cabeza de aparición reciente o con un patrón distinto.
  • Palpitaciones, taquicardia o desmayos en algunos casos.
  • Sensibilidad a la luz, al sonido, a olores, alimentos o medicamentos, según detalló Mayo Clinic.
  • Síntomas gastrointestinales en algunos pacientes, de acuerdo con Cleveland Clinic y con la revisión de Cureus.

Factores de riesgo y población en riesgo

Aunque la enfermedad puede afectar a personas de distintas edades y contextos, los especialistas describen ciertos grupos en los que el diagnóstico aparece con mayor frecuencia. Johns Hopkins Medicine indicó que el síndrome de fatiga crónica se presenta entre dos y cuatro veces más en mujeres que en hombres. Harvard también señaló una mayor afectación femenina, mientras que el estudio Cureus precisó que la proporción puede llegar a 4:1 entre personas diagnosticadas.

Mujer Argentina de unos 45 años, vestida con camisa gris y pantalón, apoyada contra una pared clara con la cabeza inclinada y expresión de cansancio.
El síndrome de fatiga crónica se diagnostica entre dos y cuatro veces más en mujeres que en hombres, según centros médicos y estudios citados (Imagen Ilustrativa Infobae)

En relación con la edad,no existe una franja exclusiva, pero sí tendencias. Es poco común antes de los 10 años y suele comenzar en la adolescencia o en la adultez temprana. Mayo Clinic indicó que afecta con mayor frecuencia a adultos jóvenes y de mediana edad. Cleveland Clinic ubicó como grupos más frecuentes a los adultos de 40 a 60 años y a adolescentes de 10 a 19 años. Harvard, por su parte, mencionó una mayor frecuencia entre los 25 y 45 años, aunque aclaró que puede presentarse a cualquier edad, incluidos los niños.

Los centros médicos también mencionan antecedentes o condiciones que podrían asociarse con mayor riesgo. De acuerdo con Mayo Clinic, personas con otras enfermedades complejas, como fibromialgia o síndrome de taquicardia postural ortostática, pueden tener más probabilidad de desarrollar esta afección. Johns Hopkins Medicine añadió que existe una predisposición genética y que no es infrecuente que más de un integrante de una familia se vea afectado. En adolescentes, esa institución también mencionó una asociación con hipermovilidad articular, con una probabilidad 3,5 veces mayor.

La revisión publicada en Cureus remarcó la relevancia creciente de los cuadros postvirales. En ese punto, junto con Johns Hopkins Medicine coincidieron en que parte de las personas con COVID persistente cumplen criterios diagnósticos compatibles con esta enfermedad, una relación que amplió el interés clínico y científico sobre sus mecanismos y su detección.

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