
Una técnica hospitalaria usada desde hace décadas para bajar el colesterol en pacientes difíciles de tratar también pareció arrastrar, en el proceso, parte de los llamados “químicos eternos” (PFAS) y algunas señales preliminares de microplásticos en la sangre.
El dato surge de un estudio publicado hoy en la revista Brain Health. El trabajo, basado en pacientes tratados en Dresde, Alemania, observó que, después de filtrar la sangre mediante plasmaféresis de doble filtración, bajaron en el plasma varios PFAS. Además, incluyó análisis todavía preliminares para buscar señales de microplásticos y nanopartículas en la sangre.
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Aun así, los autores remarcaron que se trata de cambios agudos tras el procedimiento: no demostraron que el organismo elimine por completo esos contaminantes ni que exista un beneficio clínico duradero.
La máquina no es nueva. Una versión del mismo sistema se usa en salas hospitalarias desde hace cerca de cuatro décadas: extrae sangre de un brazo, separa el plasma, lo hace pasar por un filtro y devuelve la sangre por el otro brazo. Se diseñó para quienes no logran bajar el colesterol con medicamentos.
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En el centro de Dresde —que realiza hasta 10.000 procedimientos al año— los investigadores se hicieron una pregunta simple: si el equipo está pensado para retirar lipoproteínas, ¿qué más queda atrapado en la bolsa de descarte?

A partir de esa lógica, el equipo planteó que, si ciertos contaminantes circulan asociados a grasas o lipoproteínas, el procedimiento podría retirarlos también.
Los autores presentaron una hipótesis: los contaminantes podrían viajar “recubiertos” por una capa de lípidos y proteínas del plasma, una “corona” que los haría más estables en la circulación.
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La autora principal Stefan R. Bornstein, del Departamento de Medicina Interna III del Hospital Universitario Carl Gustav Carus, dijo que dos laboratorios independientes detectaron los mismos compuestos: bajaban en el plasma y aparecían en el eluato. Pero fue tajante con el límite: “Eso significa que la máquina los ha capturado. Pero eso no significa que el cuerpo se haya deshecho de ellos”.
Qué reducciones observó el estudio en sangre
En 34 pacientes, los investigadores tomaron muestras justo antes y después de dos sesiones de plasmaféresis de doble filtración. Tras cada sesión bajaron marcadores de inflamación (proteína C reactiva y fibrinógeno) y también descendieron el colesterol LDL y la lipoproteína(a). La segunda sesión no aportó una baja adicional significativa.
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La novedad estuvo en los PFAS: las muestras de plasma de 14 pacientes mostraron reducciones de hasta 25% en varios compuestos. Además, esos compuestos aparecieron en el eluato, el material que la máquina aparta y desecha. Bornstein lo resumió con cautela: la técnica puede capturarlos, pero eso no prueba que el cuerpo se haya librado de ellos.
Charlotte Steenblock, autora sénior del estudio, planteó el cambio de mirada del equipo: “Durante años tratamos a la lipoproteína como la enfermedad”.
Si también funciona como “vehículo” de contaminantes, la pregunta pasa a ser qué ocurre cuando se retira una parte de ese transporte.
Qué se sabe y qué no sobre microplásticos y nanopartículas
En plásticos, los propios autores advirtieron que las mediciones todavía son difíciles y que los datos son escasos. En sangre de cuatro pacientes, un análisis mostró que el polietileno bajó en los cuatro y el policloruro de vinilo en tres. En cambio, el polipropileno no siguió un patrón claro (bajó en uno, subió en dos y no se detectó en el cuarto). También hubo cambios dispares en otros materiales: el poliestireno subió en un caso y la poliamida 66 bajó.
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Por eso, remarcaron que el resultado no es concluyente y que presentarlo como definitivo sería un error.

Con una muestra tan chica, los autores lo consideraron un hallazgo llamativo pero todavía limitado, y propusieron una posible explicación: parte del plástico circulante podría viajar unido a cromatina extracelular o a vesículas y, así, eliminarse no solo por filtración, sino también por adsorción.
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Con otro método (tinción con Rojo del Nilo y citometría de flujo), se informó una reducción media de alrededor del 70% en el recuento de nanopartículas en cuatro pacientes. La cautela fue la misma: no alcanzó significación con ese tamaño de muestra y el recuento no confirma que todas las partículas sean plásticas, porque el colorante marca sustancias hidrofóbicas en general.
El equipo científico recordó, además, que microplásticos y nanoplásticos ya se detectaron en sangre, placenta, tejido pulmonar y cerebro, y citó estimaciones de ingestión anual de entre 39.000 y 52.000 partículas, cifra que sube a entre 74.000 y 121.000 si se incluye la inhalación.
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Plásticos en el tejido humano y una prueba de laboratorio exploratoria
Los autores subrayaron que medir plásticos en sangre es solo una parte de la historia. El equipo informó que detectó partículas de poliestireno dentro de tejido humano mediante espectroscopia Raman en piel del párpado, y que pudo ver cómo se distribuían en esa zona.

También describieron un experimento exploratorio en células suprarrenales humanas (línea NCI-H295R) expuestas a microesferas de poliestireno de 30 nanómetros. En ese ensayo se observó una tendencia a la muerte celular, medida por la liberación de lactato deshidrogenasa. El suero tomado antes de la aféresis no cambió ese resultado, mientras que el suero recolectado después mostró una tendencia a reducir esa señal. Los autores insistieron en que se trata de una tendencia y no de una prueba concluyente.
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Los límites del estudio y el próximo paso
El trabajo tuvo límites claros: muestras pequeñas, pacientes y sistemas de aféresis heterogéneos, análisis de plásticos todavía exploratorios y riesgo de contaminación durante la toma y el procesamiento de las muestras.
Además, no incluyó un ensayo clínico aleatorizado ni seguimiento a largo plazo. Los investigadores enfatizaron que lo medido corresponde al momento inmediato después del procedimiento y que no se sabe si, con sesiones repetidas, cambia la carga total del cuerpo o si una baja inicial puede compensarse con contaminantes que “salen” desde los tejidos.
Bornstein fue explícito: “Permítanme dejar claro lo que no hemos demostrado”. Y precisó que no han demostrado que la aféresis quite plástico ya depositado en tejidos ni que exista una vía común de depuración.
Como siguiente paso, el equipo pretende estudiar animales grandes expuestos a microplásticos y nanoplásticos marcados con radiotrazadores o hierro, para seguirlos con PET y resonancia magnética antes y después de la aféresis.
En cualquier caso, el mensaje final fue el mismo: reducir la exposición cotidiana a químicos y microplásticos sigue siendo prioritario frente a cualquier intento de “limpieza” posterior.
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