
Más de una quinta parte de la superficie terrestre es desierto, y cerca de mil millones de personas viven en esas regiones. A pesar de que son asociados a las dunas y el calor, lo que verdaderamente los define es la escasez de agua: cualquier área que reciba menos de 250 milímetros (10 pulgadas) de precipitación al año (lluvia, nieve o granizo) entra en esa categoría, de acuerdo con los criterios que emplean los científicos climáticos. Forman parte de las llamadas tierras áridas, regiones donde la evaporación supera sistemáticamente a las precipitaciones.
National Geographic clasifica los desiertos en cinco tipos según las causas de su aridez:
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- Subtropicales: los más extensos y los que registran temperaturas más altas. Se forman entre los 15 y los 30 grados de latitud por los patrones de circulación del aire. El Sahara, en el norte de África, es el mayor desierto cálido del mundo.
- Costeros: su aridez se debe a corrientes oceánicas frías que generan niebla densa sin producir lluvia. El desierto de Atacama, en la costa del Pacífico de Chile, es el lugar más seco de la Tierra: algunas de sus estaciones meteorológicas nunca han registrado precipitaciones.
- De sombra de lluvia: se forman en las laderas de sotavento de cordilleras, donde el aire ya llega sin humedad tras descargarla en el lado expuesto al viento. El Valle de la Muerte, en California, es el punto más bajo y seco de América del Norte.
- De interior: existen porque las masas de aire húmedo pierden toda su humedad antes de alcanzar el corazón de los continentes. El desierto de Gobi, entre China y Mongolia, es uno de los ejemplos más representativos.
- Polares: el Ártico y la Antártida entran en esta categoría. Aunque contienen enormes cantidades de agua, esta permanece atrapada en glaciares y capas de hielo. La Antártida es el desierto más grande del mundo y el más frío, con temperaturas que en las tierras altas del interior pueden descender hasta los -60℃.

Qué se siente estar en un desierto y por qué son tan calientes
Pararse en el centro de un desierto cálido al mediodía es una experiencia que el cuerpo difícilmente olvida. Las temperaturas del aire pueden superar los 50℃ y la del suelo puede ser aún más extrema: el récord mundial lo tiene el desierto de Lute, en Irán, con 80,8℃ medidos en la superficie, indicó el experto a The Conversation. A modo de referencia, un baño muy caliente ronda los 43℃, lo que da una idea de cuánto superan esas cifras cualquier límite seguro para la piel.
Tres factores explican por qué los desiertos acumulan tanto calor. El primero tiene que ver con las nubes: en la mayor parte del mundo, la humedad del aire forma nubes que bloquean parte de la radiación solar. En el desierto, el aire es tan seco que esa protección no existe, y toda la energía del sol llega directamente al suelo sin filtro alguno. El segundo factor está en el suelo mismo. La arena y las rocas tienen lo que los científicos llaman un calor específico bajo, lo que significa que se calientan muy rápido al absorber energía solar, pero también la pierden con la misma velocidad al caer la noche. Por eso, como señala Shuang Ye Wu a The Conversation, pueden pasar de temperaturas abrasadoras al mediodía a un frío intenso a medianoche. El tercer factor es la ausencia de vegetación: en zonas con plantas, estas liberan humedad al aire y enfrían el entorno, un fenómeno conocido como enfriamiento por evaporación. En el desierto, con suelo seco y casi sin vegetación, ese mecanismo de regulación natural no opera, y el calor queda atrapado a ras del suelo.
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El viento agrega otra dimensión a la experiencia. Ráfagas de hasta 100 kilómetros por hora azotan algunos desiertos y, sin vegetación que las frene, levantan arena y polvo que pueden viajar miles de kilómetros, según National Geographic. Las tormentas de arena del Sahara, de hecho, transportan partículas que llegan a cruzar el océano Atlántico y tiñen de amarillo los atardeceres de la costa de Florida.
En cuanto al cuerpo humano, el calor extremo representa una amenaza concreta para el organismo. Sin acceso a agua, el cuerpo humano puede deshidratarse en cuestión de horas bajo temperaturas que superan los 40℃. Cuando la pérdida de líquidos no se repone, el corazón trabaja con más esfuerzo para mantener la circulación, la presión arterial cae y el riesgo de golpe de calor se vuelve real. Según National Geographic, las personas que visitan los desiertos enfrentan riesgo de deshidratación e incluso de muerte si no se protegen del sol y mantienen una hidratación adecuada.
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El suelo, por su parte, genera un fenómeno tan desconcertante como el calor mismo: los espejismos. Cuando la arena y las rocas se calientan con la intensidad del sol del mediodía, el aire justo sobre la superficie se calienta tanto que las ondas de luz se distorsionan al pasar por capas de aire con temperaturas distintas. El resultado son imágenes que no existen: láminas de agua en el horizonte, reflejos de objetos lejanos, paisajes que se mueven. National Geographic describe ese efecto como ondas brillantes que “confunden la vista”, producto directo de un suelo que calienta el aire hasta el punto de doblar la luz.
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