
El glioblastoma se ubica entre los tumores cerebrales más agresivos conocidos, debido a su capacidad de crecimiento rápido y a las graves consecuencias que genera en la vida de quienes lo padecen. Este cáncer, que tiene origen en las células gliales denominadas astrocitos, representa aproximadamente la mitad de los tumores cerebrales malignos diagnosticados en adultos. El 15 de julio, Día del Glioblastoma, busca visibilizar una enfermedad poco frecuente, de enorme impacto clínico, funcional y humano, que desafía a la medicina tanto en la Argentina como a nivel internacional.
En Argentina, datos de GLOBOCAN 2022 reportaron 2.012 nuevos casos de tumores malignos de encéfalo y sistema nervioso central en un año, lo que equivale al 1,5% de todos los cánceres estimados en el país. Se registraron además 1.514 muertes y una prevalencia a cinco años de 8.152 personas. A escala global, solo en 2022 se reportaron más de 320.000 nuevos diagnósticos y cerca de 250.000 muertes por tumores cerebrales malignos.
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El glioblastoma, conocido también como GBM, integra el grupo de los gliomas de grado 4, la categoría más grave según la Organización Mundial de la Salud (OMS). Se caracteriza por invadir rápidamente el tejido cerebral circundante, lo que dificulta su eliminación total incluso después de la cirugía. Según Mayo Clinic, se trata del tumor cerebral maligno más frecuente en adultos y puede aparecer a cualquier edad, aunque predomina en adultos mayores.
Los síntomas del glioblastoma varían según la localización y el tamaño del tumor. Entre los más frecuentes figuran dolores de cabeza persistentes o que se agravan, náuseas, convulsiones, alteraciones en el pensamiento, la memoria, la personalidad, el habla, la visión, la fuerza o el equilibrio.
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Elías Ortega Chahla, oncólogo clínico de la Unidad de Neuro-Oncología del Instituto Roffo de la Universidad de Buenos Aires, destaca: “Algunas señales de alarma incluyen cefaleas persistentes o progresivas, convulsiones, alteraciones en la visión, el habla o la audición, náuseas o vómitos frecuentes, cambios en la personalidad, el ánimo o la concentración, dificultad para caminar, pérdida de equilibrio, debilidad en una parte del cuerpo o somnolencia inusual”.
Ortega Chahla precisa también que “ninguno de estos síntomas confirma por sí solo la presencia de un glioblastoma ni de otro tumor cerebral. Muchas de estas manifestaciones pueden tener causas más frecuentes y menos graves. Sin embargo, cuando aparecen de manera nueva, son persistentes, progresivas o se combinan con otros signos neurológicos, justifican una evaluación médica adecuada”.
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El diagnóstico del glioblastoma ha evolucionado en los últimos años, con una creciente importancia de los biomarcadores moleculares. Ortega Chahla detalla: “En términos actuales, el diagnóstico de glioblastoma requiere una mirada integrada. Esto significa combinar información de la neuroimagen, la neurocirugía, la anatomía patológica, los estudios moleculares y la discusión en equipos multidisciplinarios”. Entre los marcadores más relevantes se encuentran IDH, MGMT, EGFR, TERT y ciertas alteraciones cromosómicas. El especialista subraya: “Ya no alcanza con decir ‘hay un tumor cerebral’: es necesario comprender qué tipo de tumor es, qué marcadores presenta y qué implicancias tiene esa información para el pronóstico y el tratamiento”.

Avances científicos: el mecanismo que vuelve más agresivos a los tumores cerebrales
La investigación sobre los tumores cerebrales no se detiene y recientemente un estudio internacional logró identificar un mecanismo clave que vuelve más agresivos a ciertos gliomas, un grupo que incluye al glioblastoma. Según una publicación reciente de Infobae, científicos de centros como Weill Cornell Medicine y Harvard Medical School demostraron que los gliomas con mutación IDH se vuelven más agresivos a medida que pierden marcas de metilación en el ADN. Esta modificación química regula la actividad de los genes y su pérdida impulsa a las células tumorales a adoptar características de células madre, haciéndolas más plásticas y resistentes a los tratamientos.
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El trabajo, publicado en Nature Genetics, analizó muestras de tumores en distintas etapas y grados, y reveló que la progresión de estos gliomas se asocia con una hipometilación generalizada, lo que favorece la activación de genes que deberían estar silenciados en las células adultas. Dan Landau, uno de los autores principales del estudio, explicó que estos tumores “se vuelven más agresivos en el cerebro y más difíciles de tratar”. El estudio también ayuda a comprender por qué algunos pacientes no responden a ciertos medicamentos dirigidos a inhibir la mutación IDH: la hipometilación puede dificultar el efecto de estos fármacos.

Este avance científico refuerza la relevancia de la investigación sobre la biología molecular de los gliomas y el desarrollo de terapias personalizadas, un enfoque que los especialistas consideran imprescindible para mejorar el pronóstico en tumores tan complejos.
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Causas, tratamiento, complicaciones y desafíos clínicos
Las causas del glioblastoma siguen siendo en gran parte desconocidas. Según Mayo Clinic, “el glioblastoma se desarrolla cuando se producen cambios en el ADN de las células del cerebro”. La mayoría de los casos no son hereditarios, aunque se han identificado factores de riesgo como el envejecimiento, la exposición a radiación ionizante y síndromes genéticos poco frecuentes, como Li-Fraumeni y el síndrome de Lynch.
Ortega Chahla aclara: “En la mayoría de los casos, no se identifica una causa clara para el desarrollo de un glioblastoma. A diferencia de otros tumores, no suele asociarse de manera directa con hábitos o exposiciones modificables”. Sobre el uso de celulares, el especialista puntualiza: “La evidencia científica disponible hasta el momento no demuestra una relación causal consistente con el desarrollo de tumores cerebrales. La investigación continúa, pero los estudios epidemiológicos más amplios no han confirmado que el uso habitual de teléfonos móviles explique la aparición de glioblastomas”.
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El tratamiento del glioblastoma requiere la intervención de equipos multidisciplinarios y suele incluir cirugía, radioterapia, quimioterapia y, en algunos casos, terapias innovadoras como los campos eléctricos alternantes (Tumor Treating Fields). Ortega Chahla explica: “El tratamiento inicial suele incluir la resección quirúrgica máxima y segura cuando es posible. La expresión ‘máxima y segura’ es clave: el objetivo es remover la mayor cantidad de tumor posible sin comprometer funciones neurológicas esenciales”. El especialista agrega: “El tratamiento debe individualizarse según la edad, el estado funcional, la localización del tumor, el perfil molecular, las preferencias del paciente y los objetivos de cuidado”.
Ortega Chahla precisa: “La personalización no significa solamente ‘buscar una mutación’. También implica adaptar el tratamiento a la situación clínica real de cada paciente: su estado neurológico, autonomía, edad, síntomas, prioridades, red de apoyo y objetivos personales”.
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La investigación médica sobre el glioblastoma avanza en múltiples frentes: desde terapias dirigidas y ensayos con inmunoterapia y vacunas, hasta métodos innovadores para superar barreras biológicas y técnicas de inteligencia artificial aplicadas al diagnóstico y seguimiento. Ortega Chahla resume: “El gran desafío sigue siendo transformar el conocimiento molecular y tecnológico en beneficios concretos para los pacientes: más supervivencia, mejor calidad de vida, menos toxicidad y decisiones terapéuticas más precisas”.
Hasta el momento, no existen estrategias comprobadas para prevenir el glioblastoma. La mayoría de los diagnósticos se producen sin una causa aparente y la prevención no depende de cambios en el estilo de vida.
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Los especialistas insisten en la importancia de la información y el asesoramiento profesional. “Frente a una enfermedad tan compleja como el glioblastoma, el acceso a información confiable forma parte del cuidado. Comprender la enfermedad, conocer las opciones terapéuticas disponibles y entender por qué hoy se realizan estudios moleculares ayuda a pacientes y familias a participar de manera más activa en la toma de decisiones”, concluye Ortega Chahla. La atención por equipos multidisciplinarios y la participación en ensayos clínicos resultan fundamentales para acceder a estrategias innovadoras y avanzar en el conocimiento científico de una enfermedad que todavía plantea grandes desafíos para la medicina contemporánea.
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