
Durante mucho tiempo, el cuerpo humano fue visto como un puzzle de órganos independientes. Sin embargo, la ciencia actual revela que existen conexiones invisibles que pueden cambiar por completo la comprensión de muchas enfermedades.
En este marco, un nuevo hallazgo demuestra que el exceso de ácido oxálico, un residuo metabólico que suele eliminarse a través de la orina, en personas con daño renal puede desencadenar inflamación y afectar también al corazón.
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La enfermedad renal crónica suele avanzar sin señales claras, lo que dificulta su detección temprana. Cuando los riñones dejan de eliminar desechos de manera adecuada, el impacto alcanza a otros sistemas y aumenta el riesgo de sufrir trastornos cardiovasculares. Hoy se calcula que entre 788 y 850 millones de personas viven con esta patología en el planeta, según la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Para explicar cómo el daño en un solo órgano puede producir graves consecuencias en el resto del cuerpo, investigadores del Hospital Universitario de Würzburg y el Centro Max Delbrück de Medicina Molecular en Alemania se enfocaron en el ácido oxálico, una sustancia generada por el metabolismo y presente en diversos alimentos. Descubrieron que su acumulación en quienes tienen función renal disminuida puede desatar una reacción inmune capaz de perjudicar el corazón. Los resultados de esta investigación, realizada en modelos animales, fueron publicados en la revista Cardiovascular Research.
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Cuando el oxalato sale del riñón: inflamación sistémica y daño cardíaco

El grupo científico responsable del estudio comprobó en modelos animales que, al aumentar el oxalato en la dieta, los mecanismos de defensa del cuerpo se ponían en marcha y generaban inflamación en varios órganos.
“En nuestro proyecto de investigación, una dieta enriquecida con oxalato activó el sistema inmunitario de forma sistémica en ratones. En otras palabras, los procesos inflamatorios se extendieron por todo el cuerpo. Esto provocó no solo daño renal, sino también cambios patológicos en el corazón que redujeron la función cardíaca”, afirmó Hendrik Bartolomaeus, miembro del equipo, según el comunicado de prensa.
El ácido oxálico suele eliminarse con la orina cuando los riñones funcionan bien. Si esto no ocurre, la sustancia se acumula, puede formar cristales en el tejido renal y sobrecargar al sistema inmunitario. “El oxalato promovía la producción de IL-17A y alteraba el metabolismo energético de las células inmunitarias”, aclararon los investigadores en el comunicado.
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Esta molécula, llamada interleucina-17A (IL-17A), actúa como mensajera que pone en marcha la inflamación y, si no es controlada, termina afectando la salud cardíaca. Según detalla el estudio, también se observaron niveles elevados de IL-17A en pacientes con hiperoxaluria primaria, una enfermedad hereditaria poco frecuente.
IL-17A: la proteína que activa la alarma

La IL-17A es esencial para que el organismo responda ante ciertas infecciones, pero su exceso resulta perjudicial. El equipo alemán evaluó si bloquear esta molécula podía ofrecer beneficios en el contexto del daño renal.
Los resultados fueron alentadores: “En el modelo animal, varios signos de la enfermedad mejoraron simultáneamente”, explicó Nicola Wilck, coinvestigadora en el Centro de Investigación Experimental y Clínica.
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Más adelante agregó: “Los riñones de los ratones funcionaron mejor, la inflamación y la fibrosis disminuyeron, y el daño cardíaco se redujo. Por lo tanto, describimos un eje potencialmente susceptible de tratamiento: oxalato–IL-17A–lesión cardiorrenal”.
“El oxalato ya no puede considerarse únicamente como una sustancia que forma cristales y daña localmente los riñones. Más bien, representa una carga sistémica para el sistema inmunitario y el metabolismo”, afirmó Moritz Wimmer, primer autor del trabajo, según el comunicado institucional. Si modulan la acción de IL-17A, los especialistas ven una posibilidad para frenar ese círculo de inflamación y daño cardiaco en la insuficiencia renal.
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Más allá del riñón: un problema global en aumento

La Organización Mundial de la Salud resalta que la enfermedad renal crónica crece junto a la diabetes, la hipertensión y el envejecimiento poblacional. “Frecuentemente, la ERC avanza de manera asintomática hasta etapas graves, dificultando el diagnóstico precoz”, señala la OMS en su hoja informativa.
Aunque muchas veces el origen es la diabetes, también pueden causarla enfermedades cardiovasculares, infecciones, alteraciones genéticas o exposiciones a medicamentos y toxinas. La institución remarca que “el control adecuado de la presión arterial, el azúcar y los lípidos, junto con un estilo de vida saludable, puede ayudar a reducir el riesgo de ERC”.
El acceso desigual a diagnósticos y tratamientos —incluidos los medicamentos y la diálisis— agrava la problemática en gran parte del mundo, y cada año provoca millones de muertes prevenibles.
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El descubrimiento del vínculo entre ácido oxálico, IL-17A, riñón e inflamación abre interrogantes sobre cuáles pacientes podrían beneficiarse de nuevos tratamientos antiinflamatorios y cómo anticipar el riesgo cardíaco en quienes ya tienen un diagnóstico renal. “A largo plazo, queremos comprender mejor qué vías inflamatorias en los riñones con daño crónico pueden ser objeto de tratamiento terapéutico y qué pacientes tienen más probabilidades de beneficiarse”, expresó Wilck en el comunicado de prensa.
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