Por qué un “me gusta” afecta más a unas personas que a otras, según un reciente estudio

Investigadores de Princeton habrían descubierto las razones detrás del impacto en la salud mental de quienes reaccionan con mayor intensidad ante la aprobación social en redes, un hallazgo que contradice lo observado en experimentos de laboratorio

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Ilustración de una persona sentada en una silla, triste, con una nube de tormenta sobre su cabeza y una pantalla con iconos de 'me gusta' y corazón.
Un estudio de la Universidad de Princeton publicado en JAMA Psychiatry analizó más de 17 millones de publicaciones en X para medir el impacto de los “me gusta” en la conducta digital (Imagen Ilustrativa Infobae)

Cada vez que alguien pulsa el botón de “me gusta” en una red social, deja tras de sí una huella casi imperceptible, un gesto automático para la mayoría. Sin embargo, ese pequeño estímulo esconde un proceso psicológico más complejo de lo que parece.

Desde hace años, psicólogos y neurocientíficos investigan cómo estas muestras de aprobación influyen en la conducta digital y modifican hábitos de los usuarios. El conocimiento sobre el impacto de los “me gusta” provenía, en su mayoría, de cuestionarios y experimentos controlados, dejando dudas sobre la espontaneidad real en redes.

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Un reciente estudio de la Universidad de Princeton, publicado en JAMA Psychiatry, analizó más de 17 millones de publicaciones en X (antes Twitter). Sus resultados aportan datos sobre cómo la validación social digital puede incidir en la salud mental y reavivó el debate sobre sus efectos.

Mujer joven con cabello oscuro, camiseta blanca, frente a un portátil con expresión angustiada, manos en la cabeza. Detrás, un letrero de neón muestra un corazón y "0".
El estudio sobre “me gusta” y salud mental reunió tres grupos de participantes, incluidos perfiles con diagnóstico público de depresión y voluntarios reclutados en X (Imagen Ilustrativa Infobae)

Metodología y alcance del estudio de la Universidad de Princeton

El equipo de investigación se propuso averiguar si recibir una cantidad alta de “me gusta” en un día incrementaba la probabilidad de que el usuario compartiera contenido al día siguiente. Este fenómeno se investigó como un caso de aprendizaje por refuerzo, en el que una recompensa aumenta la tendencia a repetir una conducta. Para ello, se analizaron tres conjuntos de participantes y se obtuvo una muestra superior a los 17 millones de publicaciones.

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El primer grupo incluyó perfiles con diagnóstico público de depresión, el segundo reclutó voluntarios mediante anuncios en X, y el tercero sumó sujetos captados por un servicio especializado que completaron cuestionarios psicológicos validados.

Esta metodología permitió observar el comportamiento en escenarios cotidianos y espontáneos, a diferencia de los ensayos clásicos de laboratorio. La escala del estudio supera con creces la de investigaciones previas sobre redes sociales y salud mental.

Jeringa, aguja, inyectando íconos de redes (Imagen Ilustrativa Infobae)
La validación social digital actuó como un refuerzo más intenso en personas con depresión que en el resto de los usuarios analizados en X (Imagen Ilustrativa Infobae)

Resultados principales: relación entre depresión y respuesta a los “me gusta”

El hallazgo central fue la fuerte relación entre la cantidad de “me gusta” recibidos y la frecuencia de publicación entre quienes tenían síntomas depresivos o diagnóstico previo. En estos casos, la validación social ejercía un efecto reforzador especialmente intenso, en comparación con el resto de los usuarios del estudio.

El análisis mostró que el refuerzo digital tenía un impacto notable en la conducta futura de los participantes sensibles a la aprobación externa.

Esta tendencia sugiere que la aprobación social puede influir en las dinámicas de personas que atraviesan dificultades emocionales. Contrario a lo que se pensaba, quienes presentan sintomatología depresiva no son indiferentes a la gratificación digital; por el contrario, muestran una motivación incrementada para publicar tras recibir “me gusta”. El refuerzo social, medido a través de interacciones digitales, se revela como un factor en la actividad de estos usuarios.

El resultado cuestionó la idea de que la depresión implica menor sensibilidad a las recompensas, al menos frente al refuerzo social digital en redes sociales (Freepik)
El resultado cuestionó la idea de que la depresión implica menor sensibilidad a las recompensas, al menos frente al refuerzo social digital en redes sociales (Freepik)

Implicaciones y sorpresas frente a conocimientos previos sobre depresión y recompensa

Este resultado sorprendió a la comunidad científica porque cuestiona la idea aceptada de que la depresión implica menor sensibilidad a las recompensas, sean económicas, afectivas o sociales. En los laboratorios, los experimentos suelen confirmar esa menor reactividad, pero el estudio en X mostró lo contrario respecto al refuerzo social digital. Los usuarios con síntomas depresivos reaccionaron con más intensidad de lo esperado a la validación externa.

El contexto de la vida digital cotidiana podría explicar esta diferencia. Mientras en el laboratorio los estímulos son artificiales y de corta duración, en las redes sociales la interacción y los incentivos emocionales se integran en la experiencia diaria.

Un “me gusta” puede percibirse como aceptación o reconocimiento, elementos que otorgan un significado personal y emocional a los gestos digitales. Así, el entorno virtual aporta matices que modifican la forma en que se procesa la recompensa.

(Imagen Ilustrativa Infobae)
Los autores advirtieron que el diseño observacional del estudio no permite establecer una relación causal entre “me gusta”, depresión y conducta digital (Imagen Ilustrativa Infobae)

Limitaciones del estudio y consideraciones sobre causalidad y generalización

Aunque la muestra es robusta, los autores insisten en que el diseño observacional impide establecer una relación causal. No se puede afirmar si una mayor sensibilidad al refuerzo social provoca síntomas depresivos, si ocurre a la inversa o si ambos fenómenos forman parte de una dinámica compleja y bidireccional. Además, toda la evidencia procede de X, cuya especificidad limita la extrapolación a otras plataformas como Instagram, TikTok o Facebook.

Los indicadores de salud mental se basaron en autoinformes y declaraciones públicas, no en evaluaciones clínicas exhaustivas. Aunque la tendencia apareció de forma consistente en los tres grupos analizados, la magnitud de las asociaciones fue reducida, algo frecuente al estudiar comportamientos humanos en escenarios reales.

Por otro lado, al analizar los retuits como forma de refuerzo, las relaciones detectadas fueron menos claras, lo que sugiere que cada tipo de interacción digital tiene efectos psicológicos distintos.

Ilustración cenital de 12 jóvenes en círculo con móviles proyectando luz. En el centro, una persona se cubre la cara, rodeada de 'delgadez', 'likes', 'fit', 'dieta', 'validación'.
La evidencia se limitó a X y mostró que los retuits tuvieron efectos menos claros, lo que abre nuevas investigaciones sobre redes sociales y bienestar psicológico (Imagen Ilustrativa Infobae)

Perspectivas para futuras investigaciones y relevancia social

El artículo científico abre una línea de investigación para futuras investigaciones al mostrar el valor de analizar millones de interacciones espontáneas.

Los autores sostienen que combinar la precisión de los experimentos de laboratorio con el realismo de la vida digital cotidiana permitirá comprender mejor el vínculo entre las plataformas sociales y el bienestar psicológico. Esta aproximación podría ayudar a explicar fenómenos difíciles de capturar en estudios breves y controlados.

El estudio invita a reconsiderar la importancia de gestos aparentemente triviales como el “me gusta”. Aunque persisten incógnitas sobre su impacto a largo plazo, entender por qué algunas personas responden con especial intensidad a la validación digital puede ayudar a explicar las diferencias individuales en la forma de participar y buscar aprobación en Internet.

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