Cómo el cerebro anticipa y responde a los saques más veloces del tenis

Nuevas investigaciones muestran de qué manera los jugadores procesan señales visuales y ejecutan movimientos precisos en milésimas de segundo, combinando entrenamiento físico y cognitivo para optimizar su rendimiento en la cancha

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En el tenis profesional, la velocidad media de los saques oscila entre 190 y 210 km/h y algunos especialistas superan los 220 km/h (REUTERS/Jaimi Joy)
En el tenis profesional, la velocidad media de los saques oscila entre 190 y 210 km/h y algunos especialistas superan los 220 km/h (REUTERS/Jaimi Joy)

El tenis es un deporte que lleva al límite la capacidad de reacción humana, enfrentando a los jugadores a situaciones de máxima exigencia física y mental. En las canchas de césped de Wimbledon, Thiago Agustín Tirante registró el saque más rápido del torneo hasta el momento, alcanzando casi 238 km/h. Esta cifra impresiona incluso en el contexto del circuito profesional, donde la velocidad media de los saques suele oscilar entre 190 y 210 km/h para los jugadores de élite, aunque algunos especialistas pueden superar con regularidad los 220 km/h.

La exigencia no se limita al servicio. Durante un partido, los tiros (incluidos golpes de fondo, devoluciones y voleas) mantienen velocidades medias que rondan los 110 a 130 km/h, aunque en momentos puntuales, como en devoluciones agresivas o tiros ganadores, pueden superar los 140 kilómetros. Estas velocidades otorgan a los jugadores apenas fracciones de segundo para percibir el trayecto de la pelota, anticipar su trayectoria y ejecutar una respuesta técnica precisa.

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Cuando un saque supera los 230 km/h, el receptor tiene menos de 0,2 segundos para iniciar la devolución en tenis (REUTERS/Jaimi Joy)
Cuando un saque supera los 230 km/h, el receptor tiene menos de 0,2 segundos para iniciar la devolución en tenis (REUTERS/Jaimi Joy)

En este entorno, la capacidad de reacción resulta determinante. Por ejemplo, cuando un saque supera los 230 km/h, el receptor dispone de menos de 0,2 segundos desde que la pelota abandona la raqueta hasta que debe iniciar el movimiento de devolución.

Esta ventana temporal exige que el cerebro procese información visual, tome decisiones tácticas y coordine respuestas musculares en tiempos mínimos, lo que convierte cada punto en un desafío extraordinario para los sistemas neuromotores y cognitivos del deportista.

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El cerebro detrás de los saques en el tenis

Cuando un tenista profesional enfrenta un saque de alta velocidad, el cerebro debe resolver un problema de procesamiento que involucra tanto la percepción visual como la toma de decisiones motoras en un lapso extremadamente breve.

Desde una perspectiva neurofisiológica, el primer reto es la demora natural con la que el sistema visual transmite la información: la retina capta la luz reflejada por la pelota, la convierte en señales eléctricas y las envía por los nervios ópticos hacia la corteza visual, donde se analizan características como color, forma, velocidad y dirección. Este recorrido insume cerca de una décima de segundo, durante el cual la pelota avanza varios metros.

El cerebro del tenista procesa la información visual con una demora cercana a una décima de segundo mientras la pelota avanza varios metros (REUTERS/Andrew Couldridge)
El cerebro del tenista procesa la información visual con una demora cercana a una décima de segundo mientras la pelota avanza varios metros (REUTERS/Andrew Couldridge)

Por ello, la reacción del jugador no depende solo de la información sensorial en tiempo real, sino de la capacidad predictiva del cerebro. El cerebelo, localizado en la parte posterior de la cabeza, genera modelos internos que anticipan tanto el comportamiento corporal como el del entorno.

Mediante estos modelos, el deportista puede ajustar sus movimientos antes de que la información visual completa llegue a su conciencia, lo que permite iniciar una respuesta motora anticipada y precisa, indica un estudio.

Otra región clave es la área MT o V5 de la corteza visual, especialmente sensible al movimiento, explica la ciencia. En este parte se calcula la velocidad y trayectoria de la pelota, información que viaja por la vía visual dorsal hacia la corteza parietal posterior, donde se integra con datos sobre la posición corporal del jugador.

Desde allí, las áreas premotoras y motoras del cerebro diseñan y ejecutan la secuencia muscular para la devolución, mientras que los sistemas oculomotores redirigen la mirada hacia la posición futura de la pelota, optimizando el seguimiento visual y la preparación motriz, agrega la profesora de anatomía de la Universidad de Bristol, Michelle Spear. En conjunto, estos circuitos cerebrales permiten que el tenista realice devoluciones precisas a velocidades que superan la capacidad de percepción visual instantánea.

El tenis y la toma de decisiones bajo presión

Un reciente estudio publicado por Pinnacle Academic Press en 2025 profundiza en cómo el entrenamiento que integra ejercicios físicos de alta intensidad con tareas cognitivas influye en el rendimiento y la toma de decisiones de los tenistas en situaciones de presión.

El trabajo, liderado por investigadores de la Wuyi University, demuestra que los programas que combinan sprints repetidos con ejercicios estructurados de atención, simulaciones de toma de decisiones y resolución de problemas, generan mejoras notables en la agilidad, la velocidad de reacción y la eficiencia táctica durante partidos reales.

Los golpes de fondo, las devoluciones y las voleas mantienen velocidades medias de 110 a 130 km/h y en algunos puntos superan los 140 km/h (Reuters/David Gray)
Los golpes de fondo, las devoluciones y las voleas mantienen velocidades medias de 110 a 130 km/h y en algunos puntos superan los 140 km/h (Reuters/David Gray)

Los participantes del estudio siguieron un programa de ocho semanas que alternaba sesiones de sprints cortos y de alta intensidad con entrenamientos cognitivos enfocados en la gestión de situaciones bajo estrés. Tras el período de intervención, los análisis de video y las pruebas estandarizadas mostraron que quienes completaron este régimen presentaron una mayor capacidad para elegir tácticas eficaces en puntos críticos, aumentando la precisión en la ejecución de golpes bajo presión.

El estudio subraya que el desarrollo conjunto de la preparación física y las habilidades mentales produce un efecto sinérgico: los atletas no solo mejoran su condición física, sino también su resiliencia psicológica y su adaptabilidad en situaciones complejas.

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