
Dos huesos de la cola hallados en el norte de Uruguay bastaron para cambiar lo que se sabía sobre los dinosaurios que habitaron allí. Esos huesos pertenecen a una especie que nadie conocía.
Se llama Mesetasaurus protector y es un titanosaurio, un subgrupo de los saurópodos, los dinosaurios de cuello largo más grandes que existieron, que vivió en el Cretácico Tardío, hace 83 millones de años.

“Con su nombre quisimos rendir un homenaje a José Artigas, el prócer uruguayo conocido como “Protector de los Pueblos Libres”, cuya capital estuvo a pocos kilómetros del lugar donde aparecieron los fósiles", contó a Infobae el doctor en biología Daniel Perea, profesor de paleontología de vertebrados en la Facultad de Ciencias de la Universidad de la República de Uruguay y uno de los científicos que hizo el análisis de los restos fósiles.
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Trabajó con Matías Soto y Felipe Montenegro, que también forma parte del Instituto de Ciencias Geológicas de la Facultad de Ciencias. La investigación se publicó en la revista Ameghiniana, de la Asociación Paleontológica Argentina.
Gigantes sin nombre en un mapa incompleto

Aunque los titanosaurios fueron el grupo de dinosaurios más abundante y diverso del Cretácico Tardío en América del Sur, Uruguay tenía muy pocos registros propios. El conocimiento sobre estos animales estuvo durante décadas sesgado hacia las formas patagónicas, y países como Uruguay quedaban fuera de ese mapa prehistórico.
A ese vacío se sumaba una pregunta sin respuesta: nadie sabía con certeza qué tan antigua era la Formación Guichón, la capa de roca del noroeste uruguayo donde aparecen estos fósiles.
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Estudios anteriores ubicaban a esa formación en períodos mucho más viejos, lo que generaba confusión sobre la fauna que realmente habitó esa región.
Hasta este trabajo, además, solo se conocía una especie de dinosaurio saurópodo en Uruguay: el Udelartitan celeste, un titanosaurio de una rama familiar distinta.

El objetivo de la nueva investigación fue describir dos vértebras caudales —huesos de la cola— halladas en la Meseta de Artigas, en el norte del departamento de Paysandú, y determinar a qué grupo pertenecían.
Los aeolosaurinos son un grupo de titanosaurios que vivió exclusivamente en el Cretácico Tardío, entre hace unos 89 y 66 millones de años, y su presencia en una formación geológica sirve como pista para fechar las rocas donde aparecen.
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El equipo de investigadores también buscó usar ese hallazgo para resolver el misterio de la edad de la Formación Guichón y establecer si la fauna prehistórica de Uruguay tenía vínculos con la de Argentina y Brasil en ese mismo período.
Dos huesos y un nombre nuevo para la ciencia
Los restos fósiles del dinosaurio fueron encontrados por Guillermo Sena y Daniel Montano en la década de 1980, en un pequeño acantilado cerca de la orilla oeste del río Uruguay.

“Sena y Montano fueron a pescar a esa zona, y allí los encontraron”, señaló Perea. Décadas después, los científicos fotografiaron y midieron los restos con un calibre de precisión y los compararon con vértebras de otras especies de titanosaurios de América del Sur.
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Con esos datos en la mano, realizaron un análisis filogenético (una especie de árbol genealógico basado en características físicas compartidas entre especies) para saber a qué familia de dinosaurios pertenecía el animal.
Usaron una matriz de datos con decenas de especies y el software TNT, que fue inventado por Pablo Goloboff, investigador del Conicet, James Farris y Kevin Nixon.
Para resolver también el misterio de la edad de la Formación Guichón, los investigadores uruguayos construyeron una tabla con la presencia o ausencia de 46 grupos de animales prehistóricos en 36 formaciones geológicas de Uruguay, Argentina, Brasil, Chile, África y Madagascar.
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El objetivo era detectar qué faunas se parecían entre sí y, a partir de eso, estimar en qué período vivieron.

El árbol genealógico ubicó al Mesetasaurus protector dentro del grupo de los aeolosaurinos, lo que lo convirtió en una especie completamente nueva para la ciencia.
Además, pasó a ser la segunda especie de saurópodo registrada en Uruguay, de un linaje distinto al del Udelartitan celeste. “La nueva especie de dinosaurio habría medido diez metros de longitud”, dijo Perea a Infobae.
La comparación de las especies dio otro resultado relevante: la Formación Guichón se agrupa con formaciones patagónicas del Cretácico Tardío, como las formaciones Allen y Los Alamitos de Argentina, con las que comparte la presencia de aeolosaurinos y otros grupos animales del mismo período.
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Eso indica que esa capa de roca es más reciente de lo que se creía: se formó probablemente entre hace 83 y 86 millones de años.
Esa datación más reciente también cambia la lectura sobre otros animales hallados en la misma formación. El cocodrilo prehistórico Uruguaysuchus, por ejemplo, podría haber sobrevivido hasta el Cretácico más tardío de lo que se pensaba.
El material de otros dinosaurios hallados en la Formación Guichón, como terópodos y ornitópodos —dinosaurios carnívoros y herbívoros de dos patas, respectivamente— aún está bajo estudio.
Esos análisis futuros, según los investigadores, podrían aportar más precisión sobre la edad y los vínculos de esta capa geológica con otras regiones de América del Sur.
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