
Un equipo de investigadores de Virginia Tech y el Centro Nacional de Investigación Científica de Francia (CNRS) logró modificar genéticamente bacterias de la piel humana para reducir la producción de los compuestos que atraen a los mosquitos, con resultados que superan la duración de los repelentes convencionales. El avance, disponible en PNAS Nexus, abre una vía hacia una nueva generación de protección contra picaduras basada en el microbioma cutáneo.
La ciencia ya estableció que no todas las personas resultan igual de atractivas para los mosquitos. La diferencia no radica en la “sangre dulce” ni en el azar, sino en la composición química de la piel: las bacterias y hongos que habitan en ella metabolizan compuestos del sudor y los aceites cutáneos, y generan señales odoríferas que los mosquitos detectan a distancia.
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Un estudio de la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres, publicado en BMC Microbiology, confirmó que la composición del microbioma cutáneo varía entre personas con distinto nivel de atracción para los mosquitos Anopheles. El trabajo identificó géneros bacterianos específicos —en particular cepas de Staphylococcus— cuatro veces más abundantes en quienes reciben más picaduras.
La pregunta que siguió fue más precisa. Un trabajo del Instituto Johns Hopkins, publicado en Current Biology, revista científica, buscó identificar cuáles son los compuestos concretos del microbioma responsables de esa diferencia. Para ello, sometió a voluntarios a un sistema de elección múltiple con mosquitos Anopheles gambiae en condiciones semicontroladas en la República de Zambia.
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Los investigadores encontraron que las personas más atractivas para el mosquito de la malaria presentaban niveles elevados de ácidos carboxílicos volátiles —ácido butírico, ácido isobutírico y ácido isovalérico— junto con acetoin, un compuesto producido por microbios de la piel. Quienes resultaban menos atractivos tenían perfiles odoríferos enriquecidos con eucaliptol, un monoterpenoide con propiedades repelentes naturales.

Reprogramar la piel para volverse invisible a los mosquitos
Identificar qué compuestos atraen a los mosquitos fue el primer paso; el siguiente fue determinar cuáles, dentro del microbioma, podrían funcionar en sentido contrario. Un estudio publicado en la revista científica Scientific Reports cuantificó los volátiles producidos por 39 cepas de bacterias cutáneas comunes —Staphylococci y Corynebacterium— y encontró que algunos de esos compuestos, lejos de atraer, disuaden a los mosquitos.
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El ácido 2-metilbutírico redujo el aterrizaje entre un 62% y un 81,6%, y el ácido 3-metilbutírico entre un 87,1% y un 99,6%, según la concentración; el geraniol, un terpeno, redujo la atracción entre un 69% y un 78%.
Ese hallazgo planteó una posibilidad concreta: si el microbioma produce tanto compuestos atractivos como repelentes, modificarlo para inclinar ese equilibrio podría traducirse en protección activa. Fue precisamente esa lógica la que llevaron a la práctica los investigadores de Virginia Tech y el CNRS, quienes modificaron genéticamente dos bacterias habituales de la piel humana —Staphylococcus epidermidis y Corynebacterium amycolatum— para reducir significativamente su capacidad de producir ácido láctico, uno de los principales compuestos que atraen a los mosquitos.
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Al introducir estas bacterias modificadas en la piel de ratones, la atracción de los mosquitos se redujo de forma sostenida durante 11 días consecutivos, un período mayor al de las 4 a 8 horas que ofrece el DEET, el repelente químico de referencia global. La reducción de atracción alcanzó el 55,9 % frente a Anopheles gambiae y el 54,2 % frente a Aedes aegypti, el vector del dengue.
Qué hacer mientras la ciencia avanza
Los autores precisaron que los experimentos se realizaron en modelos animales y bajo condiciones de laboratorio, y que la extrapolación a humanos requiere ensayos clínicos adicionales. La estrategia también plantea preguntas regulatorias y de seguridad aún sin resolver sobre la introducción de bacterias modificadas en el microbioma humano.
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Mientras tanto, las medidas de protección convencionales mantienen su vigencia. DEET sigue siendo el repelente con mayor respaldo científico acumulado. A nivel físico, la ropa tratada con permetrina mata a los mosquitos por contacto; optar por prendas de colores claros reduce la atracción visual que ejercen las tonalidades oscuras, y los ventiladores representan una barrera eficaz dado que estos insectos son malos voladores. En el entorno inmediato, eliminar el agua estancada —macetas, canalones, recipientes— corta el ciclo reproductivo antes de que comience.
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