
Durante décadas, el sarcoma de Kaposi ha sido una suerte de enigma médico. Se trata de un tipo de cáncer poco frecuente, pero devastador en personas con defensas bajas, especialmente quienes viven con VIH. Este tumor, que en ocasiones aparece como manchas violáceas en la piel, puede afectar órganos internos y es causado por un virus llamado KSHV, que aprovecha un sistema inmunológico debilitado para desarrollarse. Aunque los tratamientos actuales han reducido su frecuencia, todavía hay muchos pacientes para los que la enfermedad avanza a pesar de los medicamentos, y las opciones se vuelven limitadas.
Uno de los grandes desafíos para crear mejores tratamientos, o incluso vacunas, era la falta de un modelo experimental en ratones, como es el que surge en los animales (en este caso ratones), que permitiera estudiar cómo el tumor interactúa con el sistema inmunológico.
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La mayoría de los experimentos a lo largo de los años debían hacerse en animales sin defensas, lo que impedía probar cómo funcionarían nuevas inmunoterapias –un tipo de tratamiento que estimula las propias defensas del cuerpo para enfrentar el cáncer– o vacunas preventivas.
Este obstáculo fue superado gracias a un estudio internacional liderado en gran parte por dos investigadores argentinos, la doctora Carolina Álvarez y el doctor Julián Naipauer (IFIBYNE, CONICET-Universidad de Buenos Aires), que dialogaron con Infobae. Ellos trabajaron en la Universidad de Miami, en el laboratorio del fallecido doctor Enrique Mesri, y participaron en el desarrollo del primer modelo experimental en ratones con sistema inmune intacto que reproduce las principales características del sarcoma de Kaposi humano.
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El avance, que acaba de publicarse en la revista Journal of Medical Virology, promete acelerar la llegada de vacunas y terapias que hasta ahora no podían siquiera probarse en modelos de laboratorio sólidos.
¿Por qué cambiar el modelo experimental abre nuevas puertas?
En palabras sencillas, el nuevo sistema es como crear un simulador de vuelo para los científicos: por primera vez, pueden analizar cómo el tumor, el virus y el sistema inmune interactúan “en vivo” dentro de un organismo con defensas normales.
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Hasta ahora, los ratones utilizados en los estudios carecían de inmunidad, una situación artificial que hace imposible saber si una terapia funcionaría realmente en una persona. Ahora, desde estudiar la respuesta a posibles vacunas hasta observar el efecto de nuevos fármacos, muchas ideas que eran solo teorías podrán testearse directamente.

“La mayoría de los modelos usaban animales inmunodeficientes, así que no permitían estudiar cómo responde el sistema inmune ni evaluar inmunoterapias o vacunas”, explicó la doctora Álvarez a Infobae. “Nuestro trabajo desarrolla el primer modelo en ratones inmunocompetentes, que reproduce muchas características del sarcoma de Kaposi humano y abre la puerta para probar nuevas estrategias terapéuticas”, agregó Naipauer. Es decir, ahora se podrá investigar con precisión cómo el cuerpo combate (o no) este cáncer y cómo ayudarlo a defenderse mejor.
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El papel del VIH y la morfina: dos llaves para entender y enfrentar el problema
El estudio también ayuda a comprender por qué este cáncer está tan asociado al VIH y por qué a veces avanza incluso cuando el virus parece controlado. El Kaposi aprovecha una especie de “brecha” en las defensas del cuerpo: ese vacío ocurre cuando el sistema inmunológico no está lo suficientemente fuerte como para eliminar las células infectadas con el virus KSHV, pero tampoco está totalmente sin funcionar. Es decir, hay suficiente inmunidad como para que el tumor sobreviva, pero no tanta como para detener su avance.
Al investigar en profundidad, los científicos descubrieron que ni una versión de laboratorio del VIH para infectar ratones (llamada EcoHIV) ni el tratamiento con morfina, un potente analgésico, lograban por sí solos que los tumores prosperaran en animales con defensas. Pero, sorprendentemente, la combinación de ambos sí permitió el crecimiento del tumor, recreando el contexto en que suele aparecer este cáncer en personas. Vale aclarar que “el efecto observado corresponde a un modelo experimental en ratones y no implica que la morfina produzca cáncer en personas", destacó Naipauer.
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“El sarcoma de Kaposi es un cáncer causado por el herpesvirus KSHV. Afecta principalmente a personas con algún grado de alteración del sistema inmunológico, especialmente personas con VIH, aunque puede aparecer en otras situaciones”, explicó Álvarez. Para entenderlo con una analogía, es como si el virus y el VIH juntos lograran “desactivar las alarmas” del cuerpo, permitiendo que el tumor crezca sin ser detectado ni atacado.
Al tiempo que agregó: “Nuestros resultados y los de otros investigadores indican que la infección por VIH favorece un ambiente de inmunodisfunción que dificulta que el sistema inmune reconozca y elimine las células infectadas por KSHV. Observamos una menor presentación de antígenos y una disminución de la infiltración de células inmunitarias en el tumor, mecanismos que probablemente ayudan al tumor a escapar del control inmunológico”.
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En ese tono, Naipauer detalló: “Es importante aclarar que nuestro estudio es experimental y está realizado en ratones. No demuestra que la morfina cause cáncer. Lo que observamos es que los opioides, junto con la infección por EcoHIV, modifican el funcionamiento del sistema inmune y generan un ambiente más permisivo para que un tumor ya existente pueda implantarse y crecer”. Es similar, dicho a grandes rasgos, a dejar abierta una ventana (el sistema inmune debilitado) y, a la vez, apagar algunas luces que ayudan a detectar intrusos (el efecto de la morfina).
Qué significa este avance y cómo puede acelerar los tratamientos

El principal resultado de este trabajo es haber logrado “hacer funcionar el sistema de alarmas” de un organismo realista: animales con sistema inmune natural, que pueden ser utilizados para probar inmunoterapias y vacunas contra el Kaposi. En otras palabras, la ciencia deja de depender de sistemas artificiales y gana un “campo de pruebas” mucho más parecido al cuerpo humano.
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Sobre la importancia de este salto, Naipauer resaltó: “Este modelo permite evaluar estrategias que antes eran muy difíciles de estudiar, como vacunas dirigidas contra KSHV, anticuerpos terapéuticos e inmunoterapias basadas en inhibidores de puntos de control inmunológico, como PD-1 o PD-L1”. Estos tratamientos buscan, justamente, “despertar” al sistema inmune para que reconozca y ataque a las células tumorales. “No significa que ya tengamos una vacuna, sino que ahora contamos con una plataforma mucho más adecuada para ponerlas a prueba antes de llegar a estudios clínicos”, agregó el especialista.
Sin embargo, la pregunta que surge es indiscutida: ¿estamos cerca de usar estas terapias en personas? “Todavía estamos en una etapa preclínica. El siguiente paso es utilizar este modelo para evaluar distintas inmunoterapias y vacunas, identificar cuáles muestran mejores resultados y generar evidencia suficiente para justificar estudios en personas. Este trabajo representa una herramienta para acelerar ese camino, pero todavía queda investigación por delante”, aclaró Naipauer.
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Preguntas y certezas: precauciones y proyecciones

Más allá del avance y su futuro promisorio, la prudencia reina entre los investigadores: “Creo que el mensaje más importante es que este trabajo no presenta un nuevo tratamiento, sino una nueva herramienta experimental”, subrayó Naipauer a Infobae.
“Puede parecer un avance menos visible, pero disponer de un modelo animal que reproduzca mejor la enfermedad es fundamental porque permite estudiar mecanismos que antes no podían analizarse y probar terapias inmunológicas y vacunas con mucha mayor precisión antes de llevarlas a pacientes”, agregó el investigador.
La comunidad científica internacional ya mira con atención este avance, fruto del trabajo conjunto de investigadoras e investigadores del Instituto de Fisiología, Biología Molecular y Neurociencias (IFIBYNE, CONICET–Universidad de Buenos Aires) (Argentina), el Miami Center for AIDS Research y la Miller School of Medicine de la Universidad de Miami (Estados Unidos), el Centro de Investigaciones Inmunológicas Básicas y Aplicadas de la Universidad Nacional de La Plata (Argentina), el Departamento de Patología y Medicina de Laboratorio de Weill Cornell Medicine (Estados Unidos), el Departamento de Cirugía de la Universidad de Miami (Estados Unidos) y el Departamento de Ciencias de la Vida de GITAM University (India). Una carrera larga comienza a verse menos incierta —y la puerta a nuevas terapias, y eventualmente una vacuna, empieza a abrirse— gracias a la ciencia colaborativa internacional.
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