
Durante los últimos meses, pocas alertas médicas generaron tanta angustia entre las mujeres embarazadas como la sospecha de que tomar paracetamol para el dolor de cabeza o la fiebre pudiera dañar el cerebro del futuro hijo.
La novedad más reciente llega desde una investigación internacional publicada en JAMA Internal Medicine, que analizó datos de Hong Kong y concluyó que la exposición prenatal al paracetamol no se asoció con un mayor riesgo de TEA ni de TDAH cuando se controlaron los factores familiares mediante un diseño de comparación entre hermanos.
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El estudio partió de una cohorte de 708.020 pares madre-hijo en Hong Kong (aproximadamente el 43,3% con exposición prenatal al paracetamol) y construyó una cohorte emparejada de hermanos para el análisis.
En ese diseño, los autores evaluaron 124.333 niños para TEA y 97.285 para TDAH: en los análisis entre hermanos, la exposición prenatal al paracetamol no se asoció con TEA (cociente de riesgos ajustado 1,00; IC 95%: 0,91-1,11) ni con TDAH (cociente de riesgos ajustado 1,01; IC 95%: 0,93-1,08).
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Además, el resultado se mantuvo, según el trabajo, independientemente del momento de exposición durante el embarazo, el patrón de uso y la dosis acumulada.
Qué midió el estudio y por qué el diseño entre hermanos es clave

El objetivo de la investigación fue evaluar si el paracetamol (acetaminofén) se asociaba con TEA o TDAH en la descendencia una vez considerados los factores de confusión familiares no medidos. Para eso, los investigadores usaron registros electrónicos de salud anonimizados y definieron la exposición prenatal a partir de datos de dispensación, con información sobre nombre del medicamento, concentración, dosis y fechas de prescripción.
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El punto central fue el emparejamiento de hermanos: en lugar de comparar niños de familias completamente distintas, el análisis se enfocó en hermanos biológicos nacidos de la misma madre, con embarazos discordantes (en uno hubo exposición prenatal al paracetamol y en el otro no). El supuesto del diseño es que, al compartir la misma base genética materna y un entorno doméstico similar, se reduce el sesgo de confusión familiar que puede distorsionar asociaciones observadas en estudios convencionales.
Los autores también definieron cómo identificaron los diagnósticos: TEA y TDAH según códigos de la Clasificación Internacional de Enfermedades, Novena Revisión, Modificación Clínica (TEA, código 299; TDAH, código 314), o bien por una receta para fármacos específicos autorizados en Hong Kong para TDAH (metilfenidato, atomoxetina o lisdexanfetamina).
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Resultados: sin señales por dosis, trimestre ni patrón de uso

De acuerdo con los puntos clave del artículo, los hallazgos nulos fueron consistentes “independientemente del momento, el patrón y la dosis” de exposición prenatal al paracetamol.
El estudio describió patrones de uso como esporádico, intermitente y persistente, y señaló que los resultados se mantuvieron en análisis de sensibilidad.
Un dato relevante del trabajo es que, aunque en los análisis de cohortes convencionales se observaron asociaciones positivas, estas no se sostuvieron al aplicar el emparejamiento entre hermanos. En ese marco, el estudio interpretó que las señales previas reportadas en investigaciones observacionales podrían estar “considerablemente sesgadas” por factores familiares no medidos.
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La prueba de control negativo: qué significa que aparezca “riesgo” antes del embarazo

La investigación incorporó un control negativo: la exposición al paracetamol antes del embarazo. Según las conclusiones del trabajo, también se observaron asociaciones positivas en análisis convencionales cuando la exposición ocurrió antes de la gestación para TEA (HR 1,12; IC 95%: 1,08-1,17) y TDAH (HR 1,24; IC 95%: 1,20-1,28).
En los términos del propio estudio, ese patrón refuerza la lectura de que las asociaciones detectadas en análisis tradicionales podrían responder a características estables de la madre y del entorno familiar, más que a un efecto atribuible al fármaco durante la gestación.
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Antecedentes: qué se sabía hasta ahora

Antes de esta publicación en JAMA Internal Medicine, Infobae ya había informado sobre otras investigaciones que abordaron el mismo debate.
En una nota previa, se describió un metaanálisis internacional publicado en The Lancet Obstetrics, Gynecology & Women’s Health, dirigido por investigadores de City St George’s de la Universidad de Londres, que concluyó que no existía relación entre el uso de paracetamol durante el embarazo y el riesgo de autismo, TDAH o discapacidad intelectual en los hijos. Ese análisis incluyó 43 investigaciones previas con altos estándares metodológicos.
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En esa misma cobertura, se reportó que el metaanálisis analizó a 262.852 niños evaluados para autismo, 335.255 para TDAH y 406.681 para discapacidad intelectual, y que al comparar hermanos nacidos de la misma madre no se hallaron diferencias significativas en los riesgos.
Como antecedente, Infobae había informado en noviembre de 2025 sobre una investigación publicada en BMJ y liderada por la Universidad de Liverpool, Reino Unido, que evaluó nueve revisiones sistemáticas que abarcaron 40 estudios observacionales sobre paracetamol en el embarazo y el riesgo de autismo, TDAH y otros trastornos del neurodesarrollo. Según ese trabajo, los autores concluyeron que no existía evidencia sólida que relacionara el uso del medicamento con autismo o TDAH en los niños y destacaron que la confianza en los hallazgos de los estudios revisados era “baja a críticamente baja”.
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Los antecedentes se suman a la discusión sobre el peso de los sesgos en estudios observacionales y el valor de los diseños que controlan factores familiares. La novedad, ahora, es la evidencia aportada por el estudio publicado en JAMA Internal Medicine con un diseño de cohortes emparejadas de hermanos y un control negativo que, según los autores, ayuda a interpretar por qué aparecían señales en análisis convencionales.
Cómo se instaló la controversia y por qué volvió el tema a la agenda

El debate público sobre el paracetamol durante el embarazo se reactivó con fuerza tras declaraciones del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, en septiembre de 2025, que sugirieron un vínculo con el autismo y llamaron a dejar de tomar el medicamento. Ese episodio fue rechazado por distintas entidades médicas y organismos citados en esas notas.
En ese contexto, el nuevo trabajo de JAMA Internal Medicine se publicó con una pregunta explícita: si, después de tener en cuenta los factores familiares no medidos, la exposición prenatal al paracetamol aumentaba el riesgo de TEA o TDAH. La respuesta del estudio, según sus resultados, fue negativa.
Qué aporta la nueva evidencia y qué queda en claro

En el texto del estudio, los autores señalaron que, en un análisis comparativo entre hermanos, no hallaron evidencia de asociación entre la exposición prenatal al paracetamol y el riesgo de TEA o TDAH en la descendencia, y que las señales positivas de estudios convencionales probablemente se debían a factores de confusión familiares residuales.
En conjunto, el trabajo presentado en JAMA Internal Medicine aportó datos de una cohorte poblacional en Hong Kong y reportó resultados consistentes en diferentes momentos de exposición, dosis acumulada y patrones de uso, con el objetivo de ofrecer una garantía sobre la seguridad del uso indicado de paracetamol durante el embarazo.
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