
En el pódcast The Dr. Hyman Show, Mark Hyman entrevistó a Natalie Crawford, especialista en fertilidad y fundadora de Fora Fertility. Analizaron cómo indicadores reproductivos, como el ciclo menstrual y la calidad del esperma, pueden anticipar otros problemas de salud más allá de la búsqueda de un embarazo.
Crawford explicó que la fertilidad puede funcionar como una señal temprana de la salud general, ya que alteraciones en el ciclo menstrual, la ovulación, la reserva ovárica, el esperma o la testosterona reflejan posibles disfunciones celulares, metabólicas y hormonales. Propuso tratar la infertilidad también como un síntoma para favorecer estudios y cambios de hábitos con impacto a largo plazo.
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“La fertilidad y tu salud reproductiva no son relevantes solo para las personas que buscan tener un bebé”, afirmó Crawford. Añadió que estos aspectos actúan como “señales de advertencia tempranas” del cuerpo y aseguró: “Si tomamos la infertilidad no solo como una enfermedad o un problema, y también la tratamos como un síntoma, como una representación de tu salud subyacente, eso realmente les da a las personas la oportunidad de cambiar su vida”.

El ciclo menstrual como señal de salud
Cuando Hyman le pidió que precisara qué significa considerar el ciclo menstrual como un signo vital, Crawford respondió: “Es la forma en que tu cuerpo te dice cómo se están comunicando tus hormonas”.
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La especialista explicó que, en términos simples, el cerebro y los ovarios intercambian señales hormonales durante la fase folicular, la ovulación y la fase lútea. También señaló que la inflamación puede interferir en ese intercambio “como estática en la radio” y afectar la calidad del óvulo, la función mitocondrial y la respuesta del ovario a las señales cerebrales.
Crawford advirtió además sobre el uso de aplicaciones de calendario para seguir la ovulación. Según explicó, cuando esas apps solo calculan a partir del primer día del ciclo, “predicen con precisión la ovulación el 20% de las veces”.
A partir de ese punto, sostuvo que no basta con preguntar si el ciclo es regular. “La ovulación no es un interruptor de luz, sí o no”, afirmó, y añadió que una fase lútea de menos de 11 días puede ser una señal temprana de disfunción ovulatoria asociada con alteraciones tiroideas, prolactina alta, inflamación o resistencia a la insulina.
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La experiencia personal que cambió su mirada clínica
La entrevista avanzó luego hacia la historia personal de Crawford, que, según relató, marcó su práctica médica. “Lo inexplicado, ya sea pérdida de embarazo inexplicada o infertilidad inexplicada, significa que todavía no hemos encontrado la respuesta”, dijo.
La médica contó que sufrió pérdidas gestacionales recurrentes durante su residencia. Tras la segunda, acudió a consulta con síntomas inespecíficos y recibió una respuesta: debía perder un tercer embarazo antes de que le hicieran estudios.
“Me dijeron que era mala suerte y que siguiera intentándolo”, recordó. Después perdió el tercer y el cuarto embarazo, recibió el diagnóstico de pérdida recurrente inexplicada y le ofrecieron fecundación in vitro, aunque, según contó, nadie respondió entonces a sus preguntas sobre alimentación, sueño, ejercicio o estrés.
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Esa experiencia la llevó a revisar estudios sobre inflamación, fertilidad y sustancias químicas que alteran el sistema endocrino. Años más tarde, ya con 41 años, recibió un diagnóstico de enfermedad celíaca tras estudios por neuropatía periférica y osteopenia, y vinculó ese hallazgo con años de fatiga, hinchazón, cefaleas y niebla mental. “Nadie va a preocuparse por tu salud como tú, así que tienes que hacerlo tú misma”, afirmó.
Sueño y hábitos saludables en la fertilidad
Al pasar a las medidas prácticas, Crawford enumeró prioridades. “El sueño va a ser lo primero de la lista”, dijo, y añadió que el mínimo ideal es de 7 horas, con una referencia de 7 horas y media para muchas mujeres, sobre todo en la fase lútea. La especialista vinculó la falta de descanso con peores resultados reproductivos en hombres y mujeres.
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También insistió en el manejo del estrés y en el desarrollo de masa muscular. Consideró que el músculo ayuda a utilizar glucosa con menos dependencia de la insulina y puede ser útil frente a la resistencia a la misma.

Sobre la alimentación, defendió una base de alimentos integrales, frutas, verduras, legumbres, grasas saludables y proteínas de calidad, con una reducción de ultraprocesados y azúcares refinados. Planteó además pruebas individuales de exclusión y reintroducción de gluten o lácteos en personas con síntomas inflamatorios o cuadros sin explicación clara.
Tóxicos ambientales y salud reproductiva
En el tramo dedicado a los tóxicos ambientales, Crawford afirmó que “las sustancias químicas que alteran el sistema endocrino son la categoría que más nos preocupa”. Mencionó plásticos, fragancias, microplásticos y compuestos perfluoroalquilados y polifluoroalquilados (PFAS), y recomendó revisar primero los objetos y productos del hogar.
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“Controlamos lo que podemos”, resumió, al sugerir reducir el uso de plástico en la cocina, evitar mantener comida caliente en recipientes plásticos y distinguir entre productos “sin fragancia” y “sin perfume añadido”. En el cierre, Crawford vinculó la fertilidad con el envejecimiento ovárico y la salud futura.
Sostuvo que una baja reserva ovárica o una menopausia precoz pueden anticipar mayores riesgos de enfermedad cardiovascular, cáncer, accidente cerebrovascular, síndrome metabólico, demencia y osteoporosis, y añadió que el mismo principio también alcanza a los hombres porque la calidad del esperma y la testosterona reflejan procesos biológicos más amplios.
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