
La restauración completa de Dejen que los niños vengan a mí, atribuida a la juventud de Rembrandt, reconfigura su lectura antes de su salida al mercado. La obra, que Sotheby’s subasta en Londres el 1 de julio con una estimación de 8 a 12 millones de libras esterlinas,(entre 10 y 15 millones de dólares) volvió a mostrar por primera vez la mano original del pintor tras una década de intervención.
El proceso despejó las dudas que habían contaminado la atribución desde su reaparición en 2014 en una subasta en Colonia, Alemania. En aquella instancia, la pintura mostró una fractura estilística: trazos en la parte superior compatibles con Rembrandt Harmenszoon van Rijn y una zona inferior resuelta con pinceladas “burdas”, impropias del artista. La atribución oficial se consolidó en 2020, después de trabajos de restauración y limpieza. El cuadro correspondía a una obra temprana del maestro que un pintor contemporáneo terminó tras quedar inconclusa. Seis años más tarde, la eliminación total de repintes dejó a la vista el original, con cambios en el relato iconográfico y en el encuadre presentado alrededor de la pieza.
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El cambio en la figura central de Rembrandt
La información que surgió de la limpieza fue puntual: la figura alta en el centro de la escena fue originalmente un hombre de tez morena, barba negra y turbante. Durante la repintura, esa figura fue reemplazada por un hombre blanco, de barba blanca, con un gorro holandés.
El hallazgo cambió “por completo” la lectura de la escena, según el texto que acompaña la restauración. La pintura recrea un pasaje del evangelio de San Lucas en el que Jesús reprendió a sus discípulos por rechazar a los padres que acercaban a sus hijos: “Dejen que los niños vengan a mí, y no se lo impidan, porque de los que son como ellos es el reino de los cielos”.
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En la versión que ahora volvió a emerger, Rembrandt pintó una multitud de figuras diversas. Además del hombre con turbante, el cuadro incluyó referencias a las religiones judía y cristiana, un dato que, en el contexto de la intervención, se presentó como clave para entender por qué la presencia recién revelada de una figura “posiblemente musulmana” adquirió relevancia.
La casa de subastas y los expertos plantearon que Rembrandt pudo buscar, mediante esa diversidad explícita, subrayar la tolerancia entre religiones. El texto también sitúa esa decisión creativa en una época de rivalidad entre facciones religiosas que “se estaba extendiendo a las calles”, un clima que el pintor habría vivido con sensibilidad por su herencia mixta: madre con raíces católicas y padre protestante.
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La interpretación histórica difundida por Sotheby’s
Andrew Graham-Dixon, historiador del arte, vincula el cuadro con un marco histórico preciso en un comunicado de la casa de subastas Sotheby’s. “En 1627, cuando Rembrandt comenzó este cuadro, la República Holandesa atravesaba una crisis humanitaria extraordinaria. La Guerra de los Treinta Años estaba en su punto álgido y cientos de miles de personas llegaban en masa como refugiados”, dijo. El comunicado incluye una cifra localizada: se estimó que Leiden, la ciudad del artista, solo en 1626 acogió a unos 10.000 refugiados, ante la consternación de buena parte de la población. En esa línea, Graham-Dixon lee la obra como un posicionamiento: “Lo que podemos deducir de este cuadro es que Rembrandt está del lado de la ayuda humanitaria. Está del lado de los niños que sufren”.
El historiador lleva esa interpretación al terreno ético al sostener que el cuadro funcionó como una declaración sobre la postura moral del pintor: “Creo que es una declaración de su postura moral, de su compasión. ¿Hay algún pintor en la historia más solidario con la condición humana que Rembrandt?”. Otros cambios entre la versión “suavizada” y el original se usaron como apoyo de esa tesis: el texto señala que Rembrandt pintó a un niño desnudo entre la multitud y que el artista posterior lo vistió durante la intervención pictórica que completó el lienzo.
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Las investigaciones destacaron otro dato que reordenó la lectura de la composición: el cuadro fue “particularmente personal” para Rembrandt porque representó a miembros de su familia, incluidos sus padres, y a él mismo. El texto describe su aparición como un joven en lo alto del lienzo, inclinado hacia adelante para presenciar el acontecimiento, mientras miraba directamente al espectador. Esa decisión de incluirse dentro de una composición “ambiciosa y compleja” quedó sin explicación documental definitiva.
Según Sotheby’s, no existieron “pruebas concretas” sobre el motivo. La hipótesis que se planteó fue contextual: dado que la obra se terminó poco después de su regreso a Leiden tras su aprendizaje con el artista de Ámsterdam Pieter Lastman, Rembrandt pudo realizarla para mostrarles a sus padres que la inversión en su formación “había dado sus frutos”. “Incluso él tenía que demostrar que realmente sabía pintar”, sostiene el comunicado.
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