
Los mosquitos atacan más a los corredores que a otros deportistas y la razón se basa en la química. Es que el ejercicio intensifica varias señales que los atraen: más dióxido de carbono en la respiración, más evaporación de sudor y una temperatura corporal más alta.
Un estudio reciente confirmó que diferentes especies de mosquitos pueden mostrar preferencias por distintas personas, guiadas por la composición química y bacteriana de la piel, y que no todos los individuos resultan igual de atractivos para todas las especies.
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Además, la piel humana emite compuestos volátiles, entre ellos ácidos carboxílicos, y no todas las pieles atraen igual, según explicó a L’Équipe el biólogo Jérémy Bouyer, investigador del Centro de Cooperación Internacional en Investigación Agronómica para el Desarrollo (Cirad).
Bouyer recordó a L’Équipe que solo las hembras pican y que en la piel humana hay 70 moléculas volátiles, entre ellas ácidos carboxílicos especialmente atractivos para el insecto. El investigador añadió: “Hay pieles que atraen más a los mosquitos”.
El deporte actúa como un refuerzo de esa atracción. “Cuando hacemos un esfuerzo, hay dos elementos que les gustan: el CO2 que expulsamos al exhalar y el agua que evaporamos en forma de sudor. Nos perciben como una burbuja caliente”, señaló el biólogo.
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Por qué aparecen en cuanto el deportista se detiene

Esa presión se nota sobre todo en las pausas. Étienne, corredor en París y en el bosque de Versalles, contó a L’Équipe que lleva siempre repelente, sobre todo si corre en el bosque o cerca del agua.
El corredor resumió así su experiencia: “Puede ser muy molesto, tanto como las nubes de mosquitos pequeños. Por eso siempre llevo mi producto en el neceser. Si no, atacan en cuanto dejo de correr para hidratarme”.
Pascal, del Running Club d’Aigues-Mortes, relató algo parecido desde la Camarga. Organiza tres salidas por semana al final del día, una franja en la que los mosquitos aparecen con facilidad, por lo que el club pone aerosoles a disposición de sus socios.
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Bouyer explicó que cada persona deja una especie de rastro olfativo en el aire, un penacho invisible que el insecto sigue hasta su origen. Añadió que, si alguien está en movimiento, los mosquitos no pueden alcanzarlo, pero si se detiene en un parque donde los hay, pueden encontrarlo en menos de un minuto.

El cambio de patrón también se relaciona con el mosquito tigre. Según L’Équipe, esta especie ya está registrada en 82 departamentos de Francia metropolitana y, a diferencia del comportamiento asociado al anochecer, también pica a plena luz del día.
Cómo intentan protegerse corredores y atletas
Entre aficionados, la molestia suele aceptarse como parte del entrenamiento al aire libre. Bastien, que practica street workout, dijo que en lugares como Narbona no lo pican demasiado y que, aunque haya mosquitos, no le impiden entrenarse.
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Para los atletas de alto nivel, el problema va más allá de la incomodidad. Aurélien Quinion, doble campeón de Francia de marcha, explicó a L’Équipe que la presencia de un mosquito en la habitación puede quitarle el sueño y abrir otra preocupación: “Como atletas, nos preguntamos si no van a transmitirnos una enfermedad, además de impedirnos dormir”.
Antes de los Campeonatos de Europa de atletismo de Birmingham, del 10 al 16 de agosto, los deportistas reciben instrucciones concretas. Quinion contó que les piden mantener el aire acondicionado y la ventilación en las habitaciones, y relató que en las sesiones de entrenamiento, como en una concentración invernal en Sudáfrica, el entrenador les aplica repelente en cada avituallamiento.
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El rechazo a las picaduras también llegó al Tour de Francia, asociado desde hace tres años con la empresa alemana Biogents. La compañía instala en los hoteles trampas que imitan el olor humano para capturar mosquitos y proteger el descanso de los equipos.
Hugo Plan, codirector de la compañía, defendió la eficacia de ese sistema con un dato concreto. “El año pasado, en un hotel de Pau que habíamos equipado, capturamos 30.000 mosquitos con 12 trampas”, afirmó a L’Équipe.
Bouyer aconsejó medidas simples: revisar el lugar, usar repelentes y no quedarse quieto demasiado tiempo. Desaconsejó la ropa impregnada con insecticidas porque, según explicó, puede provocar pequeñas quemaduras cuando entra en contacto con el sudor.
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