
El hígado es uno de los órganos más activos del cuerpo: procesa nutrientes, regula el azúcar en sangre, metaboliza grasas, elimina toxinas de la sangre, produce bilis para la digestión y aporta energía al organismo. La dieta es uno de los factores más determinantes para su salud, porque los hábitos alimentarios pueden repercutir positiva o negativamente en él, según especialistas citados por la revista Parade.
De acuerdo con investigaciones citadas por el medio, entre el 32% y el 42% de los adultos en Estados Unidos tienen enfermedad hepática esteatósica asociada a disfunción metabólica (MASLD por sus siglas en inglés), antes llamada enfermedad por hígado graso no alcohólico. Los patrones alimentarios son uno de los factores más determinantes para reducir ese riesgo.
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Susan Kais, hepatóloga y profesora asociada de medicina clínica en la Universidad de Cincinnati, afirmó: “La dieta tiene un impacto sin precedentes en la salud hepática, posiblemente mayor del que la mayoría de las personas realmente reconoce. Lo que se come puede reducir el estrés sobre el hígado o contribuir a su deterioro mediante daño acumulado con el tiempo”.

Alcohol y azúcar: los primeros elementos a eliminar
Respecto a qué quitarían primero de su dieta para proteger el hígado, tanto Kais como Jasmohan Bajaj, profesor del instituto Stravitz-Sanyal para Enfermedad Hepática y Salud Metabólica de la Universidad de la Mancomunidad de Virginia, dieron la misma respuesta: alcohol.
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“Puede agravar cualquier problema hepático subyacente de una manera acumulativa. Incluso un consumo moderado puede ser perjudicial, especialmente para quienes quizá no saben que tienen problemas hepáticos”, indicó la hepatóloga.
Un estudio publicado en la revista científica Gut, encontró que consumir 30 g de alcohol al día, una cantidad equivalente a alrededor de dos bebidas estándar, aumenta el riesgo de cirrosis. Otra investigación, publicada en la revista Frontiers in Medicine y basada en más de 53.000 personas, determinó que incluso una sola bebida alcohólica al día elevó el riesgo de enfermedad hepática.
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Bajaj, que también es gastroenterólogo del Veterans Affairs Health Care System, alertó sobre las bebidas con alto contenido de azúcar añadido y jarabe de maíz de alta fructosa, como los refrescos. Conforme a la revista, la evidencia científica vincula el consumo habitual de gaseosas con un aumento importante del riesgo de MASLD.

Ultraprocesados y comida rápida: qué más evitar
Kais también sugirió que muchas personas conocen el daño del exceso de alcohol, pero no identifican con la misma claridad otros factores dietarios perjudiciales: bebidas azucaradas, golosinas, postres, pan blanco, granos muy procesados, comida rápida frecuente y un exceso calórico procedente de cualquier fuente.
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Según su explicación, los patrones alimentarios ricos en grasas saturadas, grasas trans y ultraprocesados favorecen la inflamación, pueden empeorar la enfermedad hepática y contribuir a la cicatrización del órgano. Agregó que una mala alimentación puede aumentar la resistencia a la insulina, lo que lleva al hígado a producir y almacenar más grasa.
Si la pregunta se limita a los alimentos, la especialista señaló que lo primero que eliminaría sería la comida rápida. Explicó que estas cadenas están en todas partes y se convierten en una opción fácil cuando el ritmo diario se acelera, pero que suelen contener grandes cantidades de grasas poco saludables, azúcares y conservantes.
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“He visto de primera mano cómo estos alimentos pueden afectar negativamente la salud del hígado”, relató. Además, advirtió que su consumo regular puede contribuir a la enfermedad por hígado graso y a otros problemas de salud.

Qué comer para proteger el hígado
Para quienes buscan una pauta concreta de alimentación, Kais recomendó seguir la dieta mediterránea. Ese patrón reduce el consumo de ultraprocesados, carbohidratos refinados, alimentos con alto contenido de azúcar añadido y grasas saturadas y, en su lugar, prioriza alimentos integrales ricos en nutrientes, en especial de origen vegetal, y fuentes de grasas insaturadas como mariscos, frutos secos y aceite de oliva extra virgen, detalló la especialista.
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Bajaj añadió que consumir con regularidad alimentos ricos en fibra es especialmente beneficioso para la salud hepática.
Como alternativa a la comida rápida, la especialista optó por alimentos vegetales ricos en nutrientes y hierbas como ajo y cúrcuma. Sobre esos ingredientes, afirmó: “No solo saben bien, sino que también aportan nutrientes y compuestos fundamentales que promueven la desintoxicación y la regeneración del hígado”.
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El criterio general que atraviesa todas las recomendaciones es simple: cuanto menos procesados sean los alimentos del plato, más probable es que favorezcan la salud hepática. La revista resumió que reducir comida rápida, refrescos y alcohol puede ayudar de forma amplia a proteger el hígado.
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