
Un estudio difundido por Medical Xpress y publicado en BMC Biology vincula la gravedad de la COVID-19 con la historia evolutiva de 4 genes del sistema inmunitario en poblaciones de África, Europa y Asia e identificó en una cohorte italiana de casi 4.000 personas con diagnóstico confirmado 2 variantes raras de TLR2 asociadas con el estado de trasplante de órganos o con enfermedad más grave.
La primera vez que se abordó este tema, el análisis señaló que se sabía menos sobre el material hereditario implicado en el COVID-19 grave y sobre su historia evolutiva que sobre la susceptibilidad a la infección. El trabajo fue liderado por la Universidad del Sur de California (USC) y la Universidad Howard, con colaboración de Yale y Columbia.
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Según Medical Xpress, el equipo examinó los genes IL-4, TLR2, CCL2 y SLC11A1, antes vinculados con enfermedades respiratorias o inflamatorias. Para ese análisis usó datos genéticos de más de 2.000 personas del Proyecto 1000 Genomas.
Después, los investigadores contrastaron esos resultados con información genética y clínica del estudio multicéntrico GEN-COVID en Italia. Según el artículo científico, las pruebas incluyeron 2 conjuntos de datos con 1.112 casos para el análisis de trasplantes y 2.839 para el de gravedad de la enfermedad.
Qué reveló la historia evolutiva de los genes inmunitarios

El análisis mostró que los genes presentaban señales de selección natural, aunque de manera diferente entre las poblaciones estudiadas. Los autores identificaron eventos adaptativos antiguos y recientes, y observaron que distintas variantes eran más frecuentes según la región, lo que sugiere que las enfermedades infecciosas y otras presiones ambientales influyeron de forma desigual en la evolución humana.
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Algunas de esas variantes también aparecieron en genomas de neandertales o denisovanos, según la investigación. El artículo científico indicó que esa coincidencia puede deberse a que ciertos cambios genéticos ya estaban presentes en un ancestro común de estos grupos (polimorfismo ancestral compartido), o a que hubo cruces entre humanos modernos y esas especies extintas en el pasado (mestizaje antiguo).

Michael Campbell, profesor asociado de ciencias biológicas en USC Dornsife y autor principal sénior del estudio, dijo al medio que “el SARS-CoV-2, el coronavirus que causa la COVID-19, puede ser nuevo, pero el sistema inmunitario al que se enfrentó no lo es”.
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También expresó que “nuestros genes inmunitarios se han moldeado a lo largo de miles de generaciones de encuentros con patógenos. Comprender la historia evolutiva de los genes inmunitarios puede aportar información sobre por qué las personas responden de manera diferente a las enfermedades infecciosas en la actualidad”.
Qué se sabe y qué falta confirmar sobre TLR2 y la COVID-19 grave

El trabajo aclaró que estos resultados no demuestran una relación de causalidad. En particular, la posible asociación entre una variante de TLR2 y un mayor riesgo en receptores de trasplantes requiere más investigación, ya que estos pacientes de por sí presentan un riesgo elevado de desarrollar la enfermedad de manera grave y esta podría ser solo uno de varios factores.
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El artículo en BMC Biology indicó además que los alelos, diferentes versiones o formas de un mismo segmento de ADN, asociados de forma significativa, son raros o de baja frecuencia en Europa occidental y Asia oriental, y que están ausentes en poblaciones de ascendencia africana y del sur de Asia. Según la revista, esa distribución sugiere un origen relativamente reciente.
Los autores señalaron que futuras investigaciones deberán confirmar estas asociaciones en grupos independientes más amplios y comprobar sus efectos en laboratorio. Reconstruir cómo antiguas infecciones moldearon genes del sistema inmunitario puede aportar nuevas pistas sobre por qué la respuesta humana ante enfermedades infecciosas no es igual en todas las personas.
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