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Los secretos de “Volver”, el tango que dio lugar al primer videoclip de la historia

La pieza compuesta por Alfredo Le Pera en 1934 fue cantada por Carlos Gardel en la cubierta de un barco para la película “El día que me quieras”, de 1935. Esa escena se convertiría en ícono y en su mejor representación audiovisual

Carlos Gardel canta "Volver" en "El día que me quieras"
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Dicen que, sin proponérselo, Carlos Gardel protagonizó el primer video clip de la historia. Corría el mes de junio de 1935. Y él soñaba con abrirse paso, definitivamente, frente a las puertas de Hollywood. Por eso, mirando al horizonte desde la cubierta de un barco, empezó a entonar las estrofas de “Volver”, ese tango que Alfredo Le Pera había compuesto un año antes con música de su autoría. Y que maridaba perfectamente con esa escena de la película El día que me quieras que el cantor estaba filmando en Nueva York. Pero resultó ser que ese recorte, al día de hoy, continúa siendo la representación audiovisual más perfecta que pudo haber tenido esa emblemática pieza creada por la dupla más famosa del género.

“Yo adivino el parpadeo de las luces que a lo lejos van marcando mi retorno. Son las mismas que alumbraron, con sus pálidos reflejos, hondas horas de dolor. Y aunque no quise el regreso, siempre se vuelve al primer amor. La vieja calle donde el eco dijo: ‘Tuya es su vida, tuyo es su querer’. Bajo el burlón mirar de las estrellas, que con indiferencia hoy me ven volver”, comienza diciendo la letra del tango.

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El Zorzal Criollo no llegó a presenciar el estreno de la película dirigida por el austríaco John Reinhardt que había rodado junto a la actriz española Rosita Moreno, con quien también había protagonizado Tango Bar. Tampoco se enteró nunca de que esa escena, luego, se terminaría transformado en un video clip. Estando en Colombia, Carlitos pudo ver el film en privado y, según le trasmitió en una carta firmada el 20 de junio de ese año a su representante, Armando Delfino, estaba feliz porque Paramount había quedado más que conforme con el resultado y pensaba darle una gran difusión al proyecto. Sin embargo, cuatro días más tarde, lo sorprendió la tragedia.

Carlos Gardel y Rosita Moreno en el film El día que me quieras
Gardel y Rosita Moreno en "El día que me quieras" (IMDB)

El 24 de junio, cuando estaba por despegar del aeropuerto Olaya Herrera de Colombia, junto a Alfredo Le Pera, Guillermo Barbieri y Corpas Moreno, con quienes estaba realizando una gira latinoamericana, el avión en el que se encontraba Gardel se desvió en pleno carreteo y terminó embistiendo a otra aeronave. El cantor murió con tan solo 44 años, en pleno éxito de su carrera. Y vio truncado su sueño de posicionarse en el cine de los Estados Unidos. O, mejor dicho, logró un reconocimiento que se merecía pero post mortem.

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Porque el mundo, y la industria, no se detuvo con su partida. Tango Bar, donde interpretaba “Por una cabeza”, “Los ojos de mi moza”, “Lejana Tierra mía” y “Arrabal amargo”; y El día que me quieras, que incluía “Suerte negra”, “Sol Tropical”, “El día que me quieras”, “Sus ojos se cerraron”, “Guitarra, guitarra mía” y “Volver”, se estrenaron el 5 de julio de ese año. La primera en Nueva York y la segunda en La Habana, Cuba, para llegar un mes más tarde a los cines estadounidenses. Esta última fue, para muchos, la mejor película de Gardel. Y la que, tal como él suponía, lo terminó consagrando para siempre.

En cuanto a la pieza de Le Pera, que fue registrada en vivo dejando de lado los doblajes que solían hacerse hasta entonces en posproducción, se convirtió en la representación más descarnada de la nostalgia. “Volver, con la frente marchita, las nieves del tiempo platearon mi sien. Sentir que es un soplo la vida. Que veinte años no es nada, que febril la mirada, errante en las sombras, te busca y te nombra. Vivir, con el alma aferrada a un dulce recuerdo que lloro otra vez”, reza el estribillo del tema que, con impecables metáforas, habla del dolor de quien se alejó de su tierra frente al inexpugnable paso del tiempo. Y de la necesidad de regresar tanto a la patria, como al primer amor.

85 aniversario Carlos Gardel
Carlitos junto a Alfredo Le Pera

Con el tiempo, se grabaron muchas versiones del tango “Volver”. Hugo del Carril lo cantó especialmente para la película La vida de Carlos Gardel, de 1939. También fue interpretado por Aníbal Troilo junto a Ástor Piazzolla para el álbum Tango Master Collection, de 1970; por Plácido Domingo para Placido Domingo sings tangos, de 1981; por Roberto Goyeneche para El Polaco por dentro, de 1985; por Roberto Carlos para Roberto Carlos ‘88, de 1988; por Julio Iglesias para Tango, de 1996; por Luis Miguel para Mis romances, de 2001; y por Andrés Calamaro para El cantante, de 2004, entre otros.

Tengo miedo del encuentro con el pasado que vuelve a enfrentarse con mi vida. Tengo miedo de las noches que pobladas de recuerdos encadenen mi soñar. Pero el viajero que huye, tarde o temprano detiene su andar. Y aunque el olvido que todo destruye, haya matado mi vieja ilusión. Guardo escondida una esperanza humilde, que es toda la fortuna de mi corazón”, terminan diciendo los versos de Le Pera. Y que, sin ninguna duda, nadie entonó mejor que el Zorzal Criollo.

Sobre los motivos que inspiraron a Gardel y Lepera a componer este tango, en realidad, poco se sabe. Pero una de las versiones más repetidas señalaba que Carlitos añoraba volver a una de las ciudades que se mencionan como el supuesto lugar de su nacimiento: Tacuarembó. Esto, por supuesto, es discutible teniendo en cuenta que otra versión, la más creíble, señala que en realidad había venido a la Argentina proveniente de Tolouse, Francia, junto con su madre, Marie Berthe Gardès.

Lo cierto, sin embargo, es que cuando tenía unos 25 años y todavía no era una figura conocida, el cantor recibió un disparo en medio de una trifulca. Y, no solo para recuperarse sino también para resguardarse de sus agresores, decidió refugiarse en la casa de unos amigos que vivían en Tacuarembó. Así que, para algunos, ese deseo de volver, tendría que ver con ese episodio puntual. Aunque, a decir verdad, esto también forma parte de los incontables mitos del tango que nunca se podrán terminar de comprobar.

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