
Para cerca del 4% de la población mundial, el llamado zumbido global no es una rareza aislada sino una percepción persistente de sonidos de baja frecuencia cuya causa sigue en disputa, y un estudio sugirió que la explicación más probable para la mayoría de los casos no está en una fuente externa sino en una forma de tinnitus, informó la revista Wired.
La investigación, publicada en PLOS One, analizó a 28 personas de Alemania que afirmaban escuchar ese sonido inexplicable y encontró que solo dos tenían una capacidad auditiva superior al promedio frente a un grupo de control. Ese resultado debilitó la hipótesis de que la mayoría de los casos se explique por una sensibilidad auditiva extraordinaria.
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Según la revista, el fenómeno fue documentado por primera vez a mediados de la década de 1970 en Bristol, Inglaterra, cuando un periódico local empezó a recibir cartas de vecinos que describían un sonido persistente, a veces acompañado de vibración, sin una fuente evidente. Al principio se atribuyó a ventiladores industriales instalados en un almacén cercano, pero la percepción continuó incluso después de que esa instalación dejara de operar.
Con los años se registraron casos en otras ciudades del Reino Unido, entre ellas Hythe, Plymouth, Southampton y Swansea, y en la década de 1990 también aparecieron reportes en Estados Unidos, en Taos, Nuevo México, y Kokomo, Indiana.
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Desde entonces, los testimonios se extendieron a distintos puntos del mundo, sobre todo en relatos de personas que dicen oír el ruido por la noche, en habitaciones cerradas y en áreas densamente pobladas.

Los reportes del zumbido global, reunidos en un mapa
Los casos pueden consultarse en la plataforma Map and Database of the Global Hum, creada por el investigador canadiense Glen MacPherson, que recopila testimonios y ubicaciones de personas que afirman escuchar el sonido. El sitio sostiene que uno de los rasgos más frecuentes es que quienes lo perciben siguen oyéndolo sin importar dónde estén, incluso cuando otras personas situadas en el mismo lugar y al mismo tiempo no detectan nada.
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La misma plataforma describe el sonido como parecido al motor de un automóvil encendido, aunque en otros casos se asemeja más a un murmullo o a una pulsación. También indica que suele percibirse con mayor intensidad durante la noche y en espacios interiores.
La ausencia de una explicación definitiva abrió espacio para hipótesis muy distintas, desde contaminación acústica ambiental hasta teorías conspirativas, según Wired.
Entre las explicaciones científicas más aceptadas figuran fuentes artificiales como sistemas de ventilación, bombas de calor y tráfico vehicular, además de causas naturales como el viento, el oleaje marino o sonidos producidos por animales.
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Otras teorías trasladan el origen al propio organismo, ya sea al cerebro o a los órganos auditivos, y también se planteó una relación con la hiperacusia, un trastorno marcado por una sensibilidad extrema a sonidos cotidianos.

El estudio descartó una causa general en el oído interno
Para examinar esas posibilidades, el equipo dirigido por el profesor Markus Rudolf Drexl de la Universidad Noruega de Ciencia y Tecnología (NTNU) evaluó primero si los participantes podían detectar sonidos de muy baja frecuencia, con longitudes de onda extensas capaces de propagarse a grandes distancias. “Sabemos que hay personas que oyen sonidos de baja frecuencia que se pueden medir, aunque otras personas no los oigan. Pero no es tan fácil encontrar la fuente de estas ondas sonoras, porque localizar los sonidos de baja frecuencia es complicado", explicó.
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Drexl añadió que estos resultados deben leerse a la luz de diferencias biológicas individuales en los umbrales auditivos, llamadas microestructuras, que pueden volver a algunas personas extremadamente sensibles en rangos muy específicos, como entre 50 y 51 hercios. El problema es que esas variaciones suelen escapar a las pruebas auditivas convencionales.
En una segunda fase, el equipo estudió si el sonido podía originarse en la cóclea, la estructura del oído interno que convierte vibraciones mecánicas en impulsos nerviosos. Durante la amplificación auditiva, esa zona genera señales débiles de entre 500 y 5.000 hercios llamadas emisiones otoacústicas espontáneas, o EOEA.
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Sobre ese punto, el profesor señaló: “La mayoría de nosotros no oímos estos sonidos. Sin embargo, algunas personas sí pueden oír los sonidos que produce el oído. Y estos sonidos se pueden medir objetivamente“.
Las pruebas, sin embargo, mostraron que las EOEA no explicaban ninguno de los casos analizados.

Tinnitus, la explicación más respaldada
A partir de esos resultados, el estudio plantea que el fenómeno puede responder a dos mecanismos. Uno corresponde a un grupo pequeño de personas capaces de detectar sonidos reales de baja frecuencia presentes en el entorno pero imperceptibles para la mayoría.
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El otro, que los investigadores consideran el más probable para la mayor parte de los casos, es una forma de tinnitus de baja frecuencia. Esa condición, asociada a diversas enfermedades y alteraciones del sistema auditivo, suele presentarse como pitidos o silbidos, aunque también puede manifestarse en forma de zumbidos graves o sensaciones de vibración.
“Sugerimos que el tinnitus subjetivo en el rango de baja frecuencia suele ser la causa de las pulsaciones auditivas en las percepciones de sonidos de baja frecuencia”, sostuvo Drexl.
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En etapas iniciales, quienes padecen tinnitus suelen creer que el sonido viene del exterior, pero con el tiempo advierten que persiste sin importar el lugar, un indicio de origen interno.
De acuerdo con la revista, las causas exactas del tinnitus todavía no se comprenden por completo, aunque la afección fue asociada con exposición prolongada al ruido, pérdida auditiva, uso de ciertos medicamentos, acumulación de cerumen, infecciones del oído y lesiones en la cabeza o el cuello.
El profesor sostuvo además que la ciencia entiende mucho mejor cómo el oído procesa los sonidos de alta frecuencia que los mecanismos implicados en la percepción de sonidos graves e infrasonidos.
Además, afirmó: “Si queremos realizar una evaluación exhaustiva de los sonidos de baja frecuencia y el infrasonido, primero necesitamos comprender mejor cómo los sistemas sensoriales procesan estos sonidos y el infrasonido“.
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