
La menopausia suele asociarse con sofocos, cambios en el sueño y alteraciones del ánimo. Sin embargo, el proceso también incluye un cambio menos visible: el descenso de estrógenos también puede modificar cómo funciona el cerebro.
Un estudio reciente de Northwestern University, publicado en la revista Aging Cell, puso el foco en un componente poco mencionado fuera de los ámbitos científicos: la matriz extracelular, una estructura que ayuda a sostener y organizar el tejido cerebral.
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La investigación aportó evidencia de que, tras la pérdida acelerada de estrógenos, se producen cambios biológicos vinculados con la memoria, especialmente en el hipocampo, una región clave para el aprendizaje.

Según una revisión del Women’s midlife: the front line of Alzheimer prevention, las mujeres concentran casi dos tercios de los casos de enfermedad de Alzheimer y la mayoría de las pacientes son posmenopáusicas.
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En ese marco, el equipo científico planteó que el componente hormonal de la menopausia podría tener un efecto directo sobre la biología cerebral y, con ello, influir en la vulnerabilidad frente al deterioro cognitivo.
Qué descubrió el estudio y por qué importa para el riesgo de Alzheimer
El hallazgo central fue que la disminución de estrógenos no se asoció únicamente con cambios en las neuronas, sino también con modificaciones en la matriz extracelular, la red que rodea a las células, organiza sus conexiones y participa en la formación de recuerdos.
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La doctora Hong Zhao y el doctor Serdar Bulun detallaron que esta estructura representa alrededor del 20% del volumen del cerebro. Aun así, señalaron que durante décadas la neurociencia privilegió el estudio de las neuronas y dejó en segundo plano el papel de esta red en la plasticidad cerebral, es decir, la capacidad del cerebro de reorganizar sus conexiones y adaptarse ante nuevas experiencias o daños.
De acuerdo con el estudio, las alteraciones se detectaron con especial fuerza en el hipocampo, lo que los autores vincularon con el deterioro observado en pruebas de memoria.
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Cómo se realizó la investigación en modelos animales
Para observar el fenómeno, el equipo trabajó con ratones modificados genéticamente para impedir la producción de estrógenos a través de la aromatasa, la enzima necesaria para sintetizar esas hormonas. Se realizaron eliminaciones específicas en el cerebro y también intervenciones en todo el organismo, con el objetivo de diferenciar efectos por edad y por sexo.

Las pruebas incluyeron evaluaciones de memoria espacial (laberinto en Y), reconocimiento de objetos y análisis de conductas sociales y emocionales. Los resultados mostraron un patrón definido: las ratonas adultas mayores con deficiencia de estrógenos en el cerebro presentaron deterioro en la memoria de trabajo espacial, aparición de conductas depresivas y problemas de interacción social.
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En cambio, el mismo diseño experimental no produjo un efecto equivalente en machos. Esa diferencia por sexo fue uno de los puntos que los investigadores destacaron como posible explicación biológica para el riesgo aumentado de alzhéimer en mujeres.
Qué cambios biológicos detectaron en el hipocampo
Además de las pruebas conductuales, el estudio conectó los resultados con alteraciones medibles en el tejido cerebral. En el hipocampo se observaron cambios en genes asociados con la matriz extracelular, entre ellos Col1a1, Ccn2, Dcn y Ogn, todos vinculados con la estructura y función del soporte que rodea a las neuronas.
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La interpretación propuesta fue que la pérdida hormonal puede modificar la arquitectura molecular que ayuda a sostener redes neuronales estables. Ese cambio, en paralelo, se asoció con el declive observado en las tareas de memoria y con variaciones en indicadores emocionales y sociales en las ratonas adultas mayores.
Bulun afirmó: “Hemos presentado algunas de las pruebas más convincentes de que el estrógeno es fundamental para la memoria y el estado de ánimo femenino”. Zhao agregó que el estudio sugiere que las mujeres pueden ser especialmente sensibles a la pérdida de estrógenos cerebrales en la vejez, lo que incrementa el riesgo de alzhéimer.
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Qué implicancias abre para terapias y prevención
Los autores plantearon que estos resultados abren nuevas preguntas terapéuticas. En la actualidad, varios tratamientos buscan eliminar depósitos anómalos de proteínas en el cerebro, como los fármacos anti-amiloide, que mostraron efectos modestos para frenar el deterioro cognitivo.

En ese contexto, restaurar o proteger la matriz extracelular apareció como una alternativa posible, al centrarse en el entorno que sostiene la comunicación neuronal.
Otro punto de debate es la terapia de reemplazo hormonal (TRH). La evidencia clínica es diversa: algunos estudios reportaron beneficios cuando se inició poco después de la menopausia, mientras que otros no identificaron mejoras claras o describieron efectos negativos, según el tipo de tratamiento y el momento de inicio.
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En ese marco, Zhao sostuvo que “la investigación debe continuar para clarificar cómo afecta el estrógeno al cerebro femenino y por qué su pérdida incrementa el riesgo de alzhéimer en las mujeres”.
El estudio no propuso una recomendación clínica inmediata, pero reforzó la idea de avanzar hacia estrategias preventivas más personalizadas, con decisiones basadas en mecanismos biológicos y no en enfoques generales.
Cuáles son las limitaciones y qué falta comprobar en humanos

Los propios investigadores advirtieron que los resultados deben extrapolarse a humanos con precaución. El trabajo se realizó con muestras pequeñas y estableció una correlación entre alteraciones de la matriz extracelular y el deterioro de la memoria, pero aún no confirmó una relación causa-efecto directa.
Entre los próximos pasos, el equipo mencionó el desarrollo de modelos animales que permitan manipular genes de la matriz extracelular de forma individual, además de estudios con población humana, sobre todo en mujeres posmenopáusicas. El objetivo es comprobar si los cambios observados en ratones se replican en personas y si pueden convertirse en un objetivo terapéutico verificable.
La investigación sugirió que el descenso de estrógenos posterior a la menopausia puede modificar componentes estructurales del tejido cerebral vinculados con funciones como recordar, orientarse o sostener la interacción social. Comprender esos mecanismos podría orientar estrategias de prevención más seguras y adaptadas al riesgo de cada mujer.
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