Las jornadas laborales largas se asocian con mayor acumulación de grasa abdominal

Un estudio observacional encontró que las personas que trabajan más de nueve horas diarias presentan una mayor acumulación de tejido adiposo visceral

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Un hombre de mediana edad con camisa y corbata come comida para llevar en un cubículo de oficina. Detrás, un reloj digital marca 9:45 PM y un calendario tiene "OVERTIME" circulado.
Un hombre come comida para llevar en su cubículo de oficina tarde por la noche, reflejando el impacto de las largas jornadas laborales y el tiempo extra en su salud y bienestar físico (Imagen Ilustrativa Infobae)

Las jornadas laborales prolongadas han sido objeto de múltiples investigaciones en el ámbito de la salud pública y ocupacional debido a su impacto en la composición corporal y el riesgo metabólico de la población trabajadora. La acumulación de grasa abdominal, en particular, ha sido identificada como una de las consecuencias más frecuentes y preocupantes de los horarios extendidos frente a un escritorio o en actividades predominantemente sedentarias.

Según News9Live, esta problemática se ha agudizado en el contexto actual, donde la digitalización y la cultura del alto rendimiento han extendido la duración diaria del trabajo en numerosos sectores.

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El vínculo entre las largas horas de trabajo y el incremento de la grasa abdominal no responde únicamente al mayor tiempo de inactividad física; factores como el estrés crónico, los desajustes hormonales y los cambios en la alimentación juegan un papel determinante.

Un estudio publicado en el International Journal of Obesity encontró que las personas que trabajan más de 9 horas diarias presentan un riesgo significativamente mayor de desarrollar grasa visceral —el tipo de grasa que se acumula en la zona abdominal y rodea órganos internos clave—, incluso cuando su índice de masa corporal (IMC) global se mantiene dentro de parámetros saludables.

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¿Por qué el trabajo prolongado favorece la acumulación de grasa abdominal?

Mujer sentada en un escritorio de oficina con la cabeza apoyada en su mano, mostrando signos de cansancio. Sobre la mesa hay una laptop, documentos y una taza de café.
El estrés laboral crónico aumenta los niveles de cortisol y se vincula directamente con la formación de grasa visceral (Imagen Ilustrativa Infobae)

El principal mecanismo identificado por los especialistas es el sedentarismo asociado a las jornadas laborales extendidas. Permanecer sentado durante largos periodos reduce el gasto calórico diario, enlentece el metabolismo basal y disminuye la activación del core (conjunto de músculos que estabilizan la zona media del cuerpo, incluyendo abdomen, zona lumbar, pelvis y glúteos).

Según Harvard Health Publishing, esta inactividad física no solo favorece la acumulación de grasa en la cintura, sino que también debilita los músculos posturales, lo que puede provocar molestias lumbares y un mayor riesgo de lesiones musculoesqueléticas.

Otro factor crítico es el estrés crónico. El ambiente competitivo y la presión por cumplir objetivos en tiempos reducidos elevan los niveles de cortisol, hormona que, según Mayo Clinic, está directamente asociada con el aumento de la grasa visceral.

En ese sentido, el exceso de cortisol no solo estimula el almacenamiento de grasa abdominal, sino que también puede alterar el apetito y los patrones de sueño, impulsando a las personas a consumir alimentos ultraprocesados, ricos en azúcares y grasas saturadas, especialmente durante o después de extensas jornadas laborales.

La evidencia sugiere, además, que la falta de pausas activas y la tendencia a saltarse comidas o a optar por snacks poco saludables agravan el problema. News9Live resalta que la cultura del “trabajo sin descanso” lleva a una reducción de la movilidad diaria y a una mayor exposición a hábitos alimentarios desfavorables, lo que contribuye al círculo vicioso de la acumulación de grasa abdominal.

Estrategias de prevención y respaldo científico

Primer plano de un hombre con camiseta azul sosteniendo una hamburguesa y una lata de refresco, rodeado de pizza, papas fritas, snacks y dulces
La falta de pausas activas y movilidad diaria contribuye al círculo vicioso de sedentarismo y obesidad abdominal en la población trabajadora (Imagen Ilustrativa Infobae)

Para contrarrestar estos efectos, los expertos recomiendan adoptar estrategias integrales que incluyan tanto la actividad física como la gestión del estrés y la alimentación consciente.

Diversas investigaciones, como las presentadas por el National Center for Biotechnology Information, sugieren que la interrupción frecuente de los periodos de sedentarismo mediante pausas activas, estiramientos o caminatas breves durante la jornada laboral tiene un impacto positivo en la reducción del perímetro abdominal y en la mejora del metabolismo general.

Asimismo, la planificación de comidas balanceadas y la incorporación de ejercicios de fortalecimiento de la zona media y cardiovascular resultan fundamentales para revertir el impacto negativo de las largas jornadas laborales sobre la salud metabólica.

Según Mayo Clinic, mantener una rutina regular de actividad física —al menos 150 minutos semanales de intensidad moderada— y priorizar una dieta rica en fibra, proteínas magras y vegetales contribuye a limitar la acumulación de grasa visceral y a mejorar el bienestar general.

National Center for Biotechnology Information respalda la importancia de abordar el fenómeno desde una perspectiva multifactorial. Las recomendaciones internacionales enfatizan que la prevención y el tratamiento requieren tanto cambios en el entorno laboral como en los hábitos personales, promoviendo una mayor conciencia sobre los riesgos asociados a los horarios extendidos y el sedentarismo.

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