
El dolor que sienten muchas personas con diabetes no se explica únicamente por el daño en los nervios de las extremidades. Un estudio reciente de Murdoch University aporta una mirada más amplia: el cerebro y la médula espinal también desempeñan un papel clave en la forma en que esa experiencia aparece, se intensifica y se mantiene en el tiempo.
La investigación, publicada en la revista Journal of Diabetes, indica que más de la mitad de quienes viven con diabetes desarrollan neuropatía periférica, una complicación que afecta los nervios, especialmente en los pies.
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En cerca de un tercio de los casos, esto se traduce en dolor persistente. Sin embargo, el trabajo sugiere que la explicación no se limita al deterioro nervioso: el sistema encargado de procesar y regular las señales del cuerpo también puede influir en la experiencia dolorosa.
El cerebro y la médula espinal, en el centro del dolor neuropático
La neuropatía diabética suele manifestarse con sensaciones como ardor, pinchazos o cosquilleo, principalmente en las extremidades inferiores. Estas molestias tienden a intensificarse durante la noche, lo que afecta el descanso y dificulta las actividades cotidianas.
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Tradicionalmente, se pensaba que estos síntomas eran consecuencia directa del daño en los nervios periféricos, es decir, aquellos que transmiten señales desde el cuerpo hacia el cerebro. Sin embargo, el nuevo enfoque propone que el problema también involucra al sistema nervioso central, que incluye al cerebro y la médula espinal.
En condiciones normales, este sistema no solo recibe información, sino que también regula la intensidad de las señales. Funciona, en cierta medida, como un “filtro” que puede atenuar el dolor antes de que llegue a la conciencia.
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Cuando el sistema de control deja de funcionar
Según explicó la Dra. Di Ye, investigadora principal del estudio, el manejo del dolor sigue siendo uno de los mayores desafíos para quienes conviven con diabetes y daño nervioso. Esto se debe a que el problema no está únicamente en los nervios afectados, sino también en cómo el cerebro interpreta esas señales.
En una persona sin esta alteración, el cerebro envía señales descendentes a través de la médula espinal que ayudan a reducir la intensidad del dolor. Este mecanismo permite, por ejemplo, que una molestia leve no se perciba como algo incapacitante.
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En cambio, en quienes presentan neuropatía diabética, este sistema de “bloqueo” funciona de manera menos eficaz. Como resultado, las señales dolorosas no solo llegan con mayor intensidad, sino que pueden amplificarse. Es decir, el propio sistema que debería moderar el dolor termina contribuyendo a que se vuelva más persistente.
La inflamación y el peso elevan el riesgo de dolor
El estudio también destaca la influencia de factores como el sobrepeso, la obesidad y la inflamación crónica. Estos elementos no solo afectan el metabolismo, sino que también impactan en el funcionamiento del sistema nervioso.
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La inflamación sostenida en el tiempo actúa como un factor que favorece la aparición y permanencia del dolor. En este contexto, no se trata únicamente de una respuesta del cuerpo ante una lesión, sino de un proceso que puede mantenerse activo y alterar la forma en que se procesan las señales.

Además, este estado inflamatorio puede influir en el sistema nervioso central, dificultando su capacidad de regular el dolor de manera adecuada. Esto ayuda a explicar por qué, en algunos casos, las molestias persisten incluso cuando el daño inicial no progresa.
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El profesor Peter Drummond, coautor del estudio, señaló que comprender estos mecanismos es fundamental para diseñar tratamientos más efectivos. En este sentido, el enfoque no debería centrarse únicamente en el control del nivel de glucosa, sino también en otros factores que influyen en la experiencia del dolor.
Nuevas estrategias para tratar el dolor
A partir de estos hallazgos, los investigadores proponen un cambio en la forma de abordar la neuropatía diabética. En lugar de enfocarse exclusivamente en el daño nervioso, sugieren considerar también el papel del sistema nervioso central y de la inflamación.
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Las futuras terapias podrían orientarse a restaurar los mecanismos naturales que el cerebro utiliza para modular el dolor. Esto implica fortalecer ese sistema de “freno” que, en condiciones normales, reduce la intensidad de las señales dolorosas.
Según Drummond, este tipo de estrategias podría combinarse con intervenciones destinadas a disminuir la inflamación, lo que permitiría abordar el problema desde múltiples frentes.

Otro de los aspectos relevantes del estudio es la posibilidad de identificar de manera temprana a las personas con mayor riesgo de desarrollar dolor crónico. Los investigadores plantean que una menor capacidad del sistema nervioso para regular el dolor podría funcionar como un indicador precoz.
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Esto abriría la puerta a diagnósticos más oportunos y a intervenciones antes de que el dolor se vuelva persistente. En la práctica, permitiría actuar antes de que la calidad de vida se vea gravemente afectada.
Hacia un tratamiento integral de la neuropatía diabética
La neuropatía diabética sigue siendo una de las complicaciones más comunes de la diabetes y una de las más difíciles de tratar cuando aparece el dolor. Los tratamientos actuales no siempre logran aliviar las molestias, y en muchos casos los síntomas se prolongan en el tiempo.

El estudio de Murdoch University propone ampliar la mirada. Entender que el dolor no depende solo del daño en los nervios, sino también de cómo el cerebro lo procesa, permite pensar en nuevas estrategias terapéuticas.
Abordar el problema desde un enfoque integral —que incluya el sistema nervioso central, la inflamación y la salud metabólica— podría mejorar la efectividad de los tratamientos y ofrecer mejores perspectivas para quienes conviven con esta condición.
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