
Algunas personas afectadas por la enfermedad de Alzheimer mantienen la lucidez y las funciones cognitivas plenas pese a presentar los cambios cerebrales típicos de la enfermedad.
Esta resistencia se relaciona con diferencias genéticas y la acción de proteínas específicas, según un reciente estudio de de la Universidad de California en San Diego, Estados Unidos. El hallazgo abre nuevas vías para entender cómo ciertos individuos mantienen su agilidad mental ante el daño cerebral.
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Esta condición, conocida como enfermedad de Alzheimer asintomática (AsymAD), se ha observado durante mucho tiempo, pero aún no se comprende del todo. Descifrar esta resiliencia natural podría allanar el camino para una detección más temprana y nuevas estrategias para prevenir la pérdida de memoria antes de que aparezcan los síntomas, dijeron los autores.

El doctor Sushil K. Mahata, coautor principal del estudio y profesor en la Facultad de Medicina de la UC San Diego, explicó a Infobae que este trabajo representa un cambio de perspectiva: “Durante décadas, la investigación sobre el Alzheimer se ha centrado en qué falla en el cerebro. Este estudio cambia el enfoque hacia algo igualmente importante: por qué algunos cerebros resisten la enfermedad”.
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Mahata subrayó que comprender esta resiliencia podría transformar la atención al paciente, ya que permitiría identificar a las personas en riesgo e intervenir antes de que comiencen los síntomas. “Esto nos indica que el Alzheimer no se trata solo de daño, sino también de protección. Si logramos fortalecer las defensas naturales del cerebro, podríamos prevenir los síntomas”, afirmó.
“No solo importa la presencia de patología, sino cómo responde el cerebro a ella”, precisó el investigador a Infobae.
Entre el 20% y el 30% de quienes presentan en el cerebro las placas amiloides y ovillos neurofibrilares asociados al Alzheimer permanecen asintomáticos, señala el estudio publicado en la revista Acta Neuropathologica Communications. La investigación contó con financiación de los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos.
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Este grupo mantiene la memoria y el pensamiento intactos, a pesar de manifestar alteraciones cerebrales características de la enfermedad, lo que sugiere la existencia de mecanismos internos de protección.
Actualmente, más de 55 millones de personas viven con Alzheimer y otras demencias en el mundo. Se proyecta que para 2030 la cifra alcanzará 78 millones de afectados globalmente, de acuerdo con Alzheimer’s Disease International.
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La enfermedad de Alzheimer es la causa más frecuente de demencia, un término que engloba trastornos cerebrales que afectan memoria, pensamiento, comportamiento y emociones. Aunque no existe cura, el abordaje integral y la investigación en mecanismos de resiliencia abren nuevas oportunidades para enfrentar la epidemia global de demencia.
Cerebros con Alzheimer que “funcionan” normalmente

El equipo de investigación identificó una huella genética distintiva y el papel relevante de la proteína cromogranina A en la resiliencia cognitiva.
Mediante un modelo avanzado basado en inteligencia artificial, analizaron miles de muestras de tejido cerebral humano y lograron diferenciar, mediante firmas moleculares, entre envejecimiento normal, Alzheimer sintomático y Alzheimer asintomático.
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Un “interruptor molecular” que determina la aparición de síntomas

— Según los hallazgos de la investigación, ¿qué factores como la edad, el sexo o los antecedentes familiares influyen en que una persona con cambios cerebrales relacionados con el Alzheimer permanezca asintomática?
— Doctor Mahata: La respuesta parece residir menos en la edad en sí y más en la respuesta molecular del cerebro al estrés y la enfermedad. Tras analizar miles de muestras cerebrales, identificamos una “huella dactilar” biológica distintiva en individuos que permanecen asintomáticos. Estos cerebros muestran una menor actividad en genes relacionados con la acumulación de Tau y una mayor activación de los sistemas de respuesta al estrés celular que ayudan a mantener la función cerebral.
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El estudio también señala a un actor clave: la cromogranina A (CgA), una proteína que puede actuar como un interruptor molecular, inclinando la balanza entre la vulnerabilidad y la resiliencia. Curiosamente, el efecto protector fue más pronunciado en las hembras en los modelos experimentales (en animales), lo que sugiere que el sexo biológico puede influir en cómo el cerebro afronta los cambios relacionados con el Alzheimer.
— ¿Cómo podría este descubrimiento ayudar a encontrar nuevas formas de prevenir o retrasar la pérdida de memoria en el futuro?
— Doctor Mahata: Los hallazgos abren un nuevo camino en la investigación del Alzheimer, uno que se centra no solo en eliminar las proteínas dañinas, sino también en potenciar la capacidad del cerebro para hacerles frente. En términos prácticos, esto podría conducir a una detección precoz mediante marcadores moleculares de resiliencia, al desarrollo de nuevas terapias diseñadas para activar vías protectoras y a la implementación de tratamientos personalizados, adaptados al perfil biológico de cada individuo.
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En lugar de intentar revertir el daño una vez que aparecen los síntomas, los científicos ahora exploran formas de retrasar, o incluso prevenir, la pérdida de memoria por completo. Esto supone un cambio hacia una estrategia de protección cerebral. Si logramos identificar y potenciar estos mecanismos de resiliencia, podríamos modificar la evolución de la enfermedad de Alzheimer.
Implicaciones clínicas y futuras perspectivas
La posibilidad de identificar perfiles genéticos y niveles de cromogranina A en personas asintomáticas representa un avance para el diagnóstico temprano y el diseño de terapias preventivas.
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El grupo de la Universidad de California en San Diego sostiene que la aplicación de inteligencia artificial a datos moleculares, junto con pruebas en modelos animales, acelera el desarrollo de tratamientos personalizados.
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