
El deseo sexual es una fuerza interna que empuja al sujeto a tener una experiencia erótico sexual. En realidad, esta búsqueda tiene como objetivo la descarga de tensión y la sensación de placer que la acompaña en el momento del clímax.
En el principio de la historia, el sexo estaba ligado exclusivamente a la procreación, luego, con el descubrimiento del propio cuerpo y del cuerpo del otro, la dimensión se amplía a una experiencia mucho mayor y placentera: el erotismo.
Sin embargo, quedaba mucho por descubrir, sobre todo las diferencias entre el deseo sexual masculino del masculino y cómo influyen multiplicidad de factores sobre la libido. Si bien existen centros cerebrales que se activan cuando aparece el deseo, esta fuerza está subordinada a factores internos (creencias, limitaciones, mecanismos de defensa) y externas (estrés, conflictiva vincular, fármacos, cambios de pareja, etc.).
Entre las décadas del 50 y del 70 (Master y Johnson) y luego Hellen Kaplan abordan el deseo sexual es objeto de estudio. Estos maestros del sexo revelan que en el varón todo comienza con “sentir ganas” y que esta sensación inicial activa la búsqueda de contacto, ya sea con uno mismo o con otra persona. Es la llave que activa el siguiente paso que es la excitación (fase de dilatación de los vasos sanguíneos del pene con la consiguiente erección).
Más tarde, en la década del 90, Rosemary Basson argumenta que esta secuencia que comienza con el deseo es más frecuente en los hombres que de las mujeres, apareciendo en ellas una respuesta circular (el deseo se activa con el contacto sensorial y afectivo).

Deseo sexual en los hombres
La libido en los hombres jóvenes es espontánea e interna y no necesita demasiados estímulos externos. Las ganas de tener relaciones sexuales o de masturbarse se viven como experiencias novedosas que merecen repetirse. Sin embargo, en estos últimos tiempos, sobre todo en la generación Z, la emergencia de la libido está cambiando las conductas.
La influencia externa (redes, fotos sugerentes, porno, exhibición virtual de la vida sexual, etc.) está siendo más fuerte que la interna (pensamientos, fantasías, contacto con el propio cuerpo). La imaginación está en crisis en todas las áreas, incluida la sexual, provocando una disminución y un desplazamiento de la libido hacia otras áreas (amistades, deportes, estudios, gustos personales, etc.)
Los hombres adultos se preocupan cuando pasan por etapas de baja libido (es común que la libido sufra cambios a lo largo de la vida). Se consideran por lo menos seis meses consecutivos de falta de deseo, fantasías y de tomar la iniciativa o de ser receptivos para hacer el diagnóstico de Deseo Sexual Hipoactivo, además de la preocupación o angustia que conlleva. Es frecuente que estos hombres con solo imaginar que pueden fracasar se retraigan y no avancen.

La ansiedad anticipatoria sexual es más frecuente en los varones por el temor a no estar a la altura de la situación y en consecuencia ser cuestionados o avergonzados por sus parejas.
La presión social y cultural sobre la performance sexual vuelve a los hombres más exigentes, con la responsabilidad de tener que complacer a sus parejas, sin tener en cuenta que las mujeres tienen sus recursos (fantasías, estimulación del clítoris, zonas erógenas, poses preferidas) para llegar al clímax. Las reglas del modelo heteronormativo todavía son determinantes del placer masculino y femenino. El hombre se asume como el maestro y el guía y muchas veces le cuesta o se niega a la experiencia compartida.
Causas
Factores psicológicos: El estrés, la ansiedad, la depresión son las causas principales de la baja libido en los hombres. Las preocupaciones y las responsabilidades de la vida cotidiana superan a las ganas de tener sexo. Las parejas dejan de encontrarse y los cuerpos se distancian cada vez más.
Es tan critica la mirada del hombre sobre sí mismo que ante el mínimo atisbo de libido la reprime por miedo a no tener erección. La ansiedad tiene afinidad por el deseo sexual, se une a él y lo dirige hasta el punto de que el hombre no sabe si está “ansioso o desea”. Ante la posibilidad de una relación sexual el varón estará alerta, atento a la erección, lo cual ejerce el efecto contrario sobre el deseo. Un varón que se focaliza en la erección y en el coito tiene más probabilidades de sufrir problemas sexuales, en estos casos es la ansiedad la que lleva las de ganar.

Se denominan ansiosexuales a los hombres que centran el placer en el coito y están pendientes de su performance sexual dejando de lado o minimizando el objetivo principal que es el placer.
Las pautas de la heterosexualidad clásica todavía están vigentes y hacen fuerza para sostenerse frente a los cambios actuales. Y así como existen hombres ansiosos más que deseantes, también existen mujeres que piden ser penetradas (desplazando a un segundo lugar otras prácticas iguales o más placenteras). Las parejas jóvenes son más tolerantes que las adultas de más de cuarenta quienes muchas veces plantean su insatisfacción con enojo y se resisten a seguir teniendo sexo si no se cumple con las reglas del coito genital.
Problemas de pareja

Pueden ser consecuencia de la disfunción del deseo o existir previamente. Las diferencias en los puntos de vista, la dificultad para consensuar las diferencias, las desigualdades en el vínculo (estatus laboral, cultural, sueldos, manejo del presupuesto del hogar, hijos e influencia de los/las ex en la relación actual, etc.) son algunas de las causas vinculares, ni hablar cuando existe violencia de todo tipo.
Hoy también podemos sumar opciones que encuentran resistencia en un miembro de la pareja, por ejemplo: abrir la pareja, incluir a un tercero, swingers, juguetes sexuales, mirar porno. Las crisis vinculares muchas veces buscan salidas “mágicas” para recuperar el deseo perdido, ignorando que para lograrlo se necesita consenso, reglas claras que hay que cumplir, pero fundamentalmente saber que los conflictos de base no se solucionan con “manotazos de ahogado”, requieren comunicación, puesta en claro de los motivos que provocan crisis, compromiso para asumir los cambios.
El uso de pantallas es otro problema que se mete en la cama, se vive como un hábito más, una costumbre que se justifica como “es el momento para ver las redes”, “me relajan y me da sueño”, “contesto los últimos mensajes y me voy a dormir”. Las series ejercen el mismo efecto, se asumen como una actividad compartida que desplaza el sexo, es más, muchas veces se usan para evitarlo.

Factores relacionados con el estilo de vida
La mala alimentación, el sedentarismo, el tabaco, el alcohol y el uso de otras sustancias son contraproducentes para la salud en general, incluida la sexual. La ingesta de alcohol provoca desinhibición al inicio y depresión del sistema nervioso después, además, puede acentuar rasgos compulsivos y de violencia.
El tabaco ejerce efecto vasoconstrictor reduciendo el flujo de sangre al pene, además de comprometer la capacidad aeróbica. Además del efecto deletéreo sobre el organismo, el aumento de peso y el sedentarismo bajan la estima y aumentan la vivencia de descuido personal, además de la culpa por postergar condiciones saludables.
Factores médicos y farmacológicos
Existen una serie de fármacos que pueden bajar la libido, los más comunes son las antidepresivos. Estos fármacos no solo se indican para la depresión, también se usan para los trastornos de ansiedad.
Cuando los síntomas son muy intensos e impiden la vida cotidiana, se prioriza su uso de estos antidepresivos hasta que el paciente mejore y pueda reintegrarse a sus actividades, llegado a esta etapa, se puede rotar el antidepresivo por otro con menor efecto en el área sexual (pero menos efectivo para los síntomas agudos). Las enfermedades médicas también afectan la libido, algunas por la baja de hormonas como el hipotiroidismo o la baja de testosterona en el hombre adulto.
Consejos para mejorar la libido

- Dejar de lado creencias limitantes que le hacen creer al hombre que debe estar siempre preparado para el encuentro sexual.
- Las ganancias a la estima no se obtienen por la eficacia sexual, por el contrario, un hombre libre de estas exigencias es más feliz, empático, con mejor capacidad para comunicar.
- La libido tampoco se nutre de los amagues de conquista y mantener al otro en vilo, esperando un avance más certero.
- Las parejas deban darle más importancia a la erótica y prolongar el juego.
- El juego prolongado permite el contacto físico y sensorial, además de contribuir a focalizar la atención en el cuerpo.
- Si es difícil conseguir momentos de intimidad agendar un día para encontrarse puede ayudar. No es perder el romanticismo de lo espontáneo, es dar una respuesta más efectiva a la realidad cotidiana.
- Darle importancia y valor a otras prácticas que estimulen el erotismo (besos, caricias, masajes, aromas, cambio de lugar, bañarse juntos, juguetes sexuales, etc.) y específicamente sexuales (sexo oral, masturbación, masajes genitales, estimulación anal etc.,)
- Reprochar, reclamar, callarse, suponer, alejarse, son acciones nocivas para el vínculo. Comunicar con sinceridad, sin juzgar es la manera más saludable.
- Hacer las consultas médicas pertinentes para descartar patologías orgánicas o el efecto colateral de los fármacos.
- Consultar con profesionales idóneos en sexualidad y problemas de pareja.
*Walter Ghedin, (MN 74.794), es médico psiquiatra y sexólogo
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