Por qué el cerebro infantil no retiene los recuerdos de los primeros años

Nuevas hipótesis científicas exploran mecanismos biológicos y adaptativos que configuran la forma de aprender y responder en la vida adulta

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Los recuerdos de la primera
Los recuerdos de la primera infancia pueden permanecer ocultos en el cerebro durante años (Imagen Ilustrativa Infobae)

La pregunta sobre por qué olvidamos los recuerdos de la primera infancia ha intrigado a la comunidad científica durante generaciones. Aunque bebés y niños pequeños muestran consciencia del entorno y parecen almacenar información, la mayoría de las personas no conserva memorias anteriores a los tres años.

Este fenómeno, denominado amnesia infantil, ha sido objeto de investigaciones recientes que sugieren que los primeros recuerdos podrían persistir en el cerebro, aunque estén fuera de nuestro acceso consciente, según detalla TIME.

El olvido de estos primeros años no es exclusivo de los seres humanos. Investigaciones en ratones han encontrado patrones similares: aprenden a escapar de un laberinto o asocian un lugar con una experiencia negativa, pero pierden esa memoria al alcanzar la adultez. Este comportamiento sugiere que la amnesia infantil podría ser un rasgo común y adaptativo entre mamíferos.

Descubrimientos sobre la memoria en animales

La amnesia infantil es un
La amnesia infantil es un fenómeno que afecta tanto a humanos como a otros mamíferos (Imagen Ilustrativa Infobae)

El laboratorio de Paul Frankland, del Hospital para Niños Enfermos de Toronto, ha demostrado que los recuerdos de la infancia en ratones no se eliminan, sino que permanecen almacenados aunque inaccesibles.

Mediante una tecnología para marcar las celdas cerebrales activadas durante la experiencia de los ratones jóvenes, el equipo pudo reactivar esos recuerdos meses después. Así, los ratones adultos que parecían haberlos olvidado recuperaron la memoria tras la estimulación de las mismas neuronas.

Estos resultados, según TIME, indican que los recuerdos de la etapa temprana se conservan en el armazón cerebral, pero quedan fuera del alcance del recuerdo habitual. En especies como los cobayos, que generan menos neuronas nuevas después del nacimiento, la amnesia infantil es menos evidente, lo que resalta la influencia del desarrollo cerebral en este proceso.

Posibles causas biológicas de amnesia infantil

La microglía y el sistema
La microglía y el sistema inmune juegan un papel clave en la formación y el olvido de recuerdos infantiles (Imagen Ilustrativa Infobae)

Varios equipos estudian las causas de la amnesia infantil desde perspectivas biológicas distintas. Tomás Ryan, neurocientífico del Trinity College de Dublín, ha observado que la respuesta inmune durante el embarazo influye en la memoria infantil: en ratones, los machos cuyas madres tuvieron el sistema inmune activado durante la gestación muestran menor tendencia a olvidar que sus hermanas y que otros animales usados como control.

Ryan y su equipo también han analizado el papel de la microglía, células inmunitarias del cerebro. Al reducir de forma temporal su actividad en una etapa clave del desarrollo, los ratones conservaron recuerdos que normalmente olvidarían.

Las investigaciones sugieren que la amnesia infantil podría estar vinculada tanto a la generación de nuevas neuronas, que modifica la estructura cerebral, como a la acción de la microglía y el sistema inmune.

Además, estos factores pueden variar entre especies y sexos, lo que genera diferencias en la tendencia a olvidar recuerdos tempranos.

Investigaciones recientes en la memoria de la infancia

El olvido de los primeros
El olvido de los primeros años podría tener ventajas evolutivas para la adaptación y el comportamiento (Imagen Ilustrativa Infobae)

Investigar la memoria en bebés humanos implica retos técnicos, pero los avances persisten. Nick Turk-Browne, neurocientífico de la Universidad de Yale, ha logrado escanear el cerebro de varios niños pequeños.

Sus estudios señalan que, incluso antes del primer año, los menores generan recuerdos episódicos, lo que indica una capacidad de crear memorias, aunque después desaparezcan de la conciencia.

Turk-Browne explicó a TIME: “Puedes hablar mucho con el niño o mostrarle imágenes, pero la memoria genuina de una experiencia que ya no se recuerda, esa desaparecerá pronto”.

Para profundizar en ello, el equipo de Turk-Browne graba eventos desde la perspectiva de los niños y luego muestra esas grabaciones durante distintas etapas de desarrollo, analizando las reacciones cerebrales a lo largo de dos años.

Por otra parte, Sarah Power, del Instituto Max Planck para el Desarrollo Humano, creó un laboratorio donde 400 niños entre 18 y 24 meses experimentan situaciones completamente nuevas, exclusivas del espacio de investigación.

Nos hemos sorprendido mucho por la capacidad de los pequeños para codificar y retener este tipo de recuerdos episódicos”, destaca Power, cuyo objetivo es seguir la evolución de estas memorias en el tiempo.

La experiencia acumulada en la
La experiencia acumulada en la infancia moldea la toma de decisiones y la adaptación en la vida adulta (Imagen Ilustrativa Infobae)

¿Para qué sirve olvidar nuestros primeros recuerdos?

El motivo por el cual olvidamos la primera infancia sigue generando debate entre los científicos. Algunos, como Ryan, se preguntan si es resultado de un mecanismo biológico deliberado o simplemente de la intensa actividad de aprendizaje en los primeros años de vida.

La duda permanece: ¿el cerebro cierra a propósito el acceso a estos recuerdos o la vorágine de aprendizaje los desplaza?

TIME señala que olvidar la memoria temprana podría tener ventajas evolutivas. En vez de retener detalles específicos, la verdadera utilidad podría residir en la capacidad de los niños para construir un marco de referencia interno. Este bagaje, aunque invisible en la conciencia, guía la toma de decisiones y la adaptación a nuevas situaciones durante la vida.

Según los especialistas, el valor esencial de la memoria no está siempre en recordar datos concretos, sino en la experiencia acumulada que moldea la adaptación y el comportamiento diario. Así, aunque los recuerdos de la primera infancia se desvanezcan, su huella contribuye silenciosamente a cómo respondemos y nos desenvolvemos en el mundo.