
Un aumento inesperado en la resonancia de Schumann —la vibración electromagnética natural que circula entre la superficie de la Tierra y la ionosfera— ha puesto en alerta a la comunidad científica durante febrero de 2026.
Según datos difundidos por la aplicación de monitoreo MeteoAgent y citados por el New York Post, esta frecuencia superó sus valores normales en cuatro ocasiones, generando preocupación tanto por su posible impacto en la salud cerebral como en infraestructuras tecnológicas.
La resonancia de Schumann: pulso global y salud cerebral
La resonancia de Schumann se manifiesta como un pulso de 7,83 Hertz, generado por descargas eléctricas de rayos que viajan por toda la atmósfera terrestre.
Aunque invisible y constante, este “zumbido” resulta fundamental para el equilibrio electromagnético planetario. Investigaciones de la NASA han confirmado que estas ondas pueden variar por actividad solar intensa o tormentas geomagnéticas, como la llamarada de intensidad moderada registrada este mes.

Se ha observado que los cambios abruptos en estas frecuencias pueden coincidir con alteraciones en los ritmos biológicos humanos, especialmente en los ciclos de sueño. De acuerdo con especialistas consultados por el New York Post, existe un interés creciente en la posible sincronía entre la resonancia de Schumann y las ondas theta cerebrales, asociadas a la relajación profunda y el descanso.
La Universidad de California en Berkeley, por ejemplo, ha publicado trabajos donde se explora cómo las frecuencias ambientales podrían influir en la arquitectura del sueño, aunque aclaran que la evidencia sigue siendo preliminar.
MeteoAgent y la escala de disturbios geomagnéticos
Durante febrero de 2026, MeteoAgent reportó un aumento significativo en el pulso electromagnético, con la escala de disturbios geomagnéticos —que va de cero a nueve— superando el nivel cinco en cuatro jornadas. Este tipo de eventos, cuando alcanzan niveles altos, pueden incidir no solo en la salud, sino también en la estabilidad de redes eléctricas y sistemas satelitales, como advirtieron especialistas consultados por el New York Post.
La Agencia Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) ha advertido en informes recientes que los disturbios geomagnéticos severos pueden provocar desde interrupciones en las telecomunicaciones hasta daños en transformadores eléctricos.
En paralelo, usuarios y observadores reportaron síntomas como mareos, cefaleas, zumbidos en los oídos y dificultad para dormir. Aunque estos efectos se han documentado en foros y redes sociales, los expertos recalcan la importancia de distinguir entre correlación y causalidad.

Estudios científicos y controversias sobre los efectos en la salud
La relación entre la resonancia de Schumann y la fisiología humana es un tema de debate. Un estudio liderado por investigadores de la Universidad de Tokio, citado por el New York Post, exploró una posible asociación entre las variaciones de baja frecuencia y la presión arterial. Los resultados sugirieron una correlación, pero los autores enfatizaron que no hay pruebas concluyentes de causalidad directa, ya que influyen múltiples factores ambientales y fisiológicos.
Por su parte, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha señalado que la exposición a campos electromagnéticos de baja frecuencia, como los generados por la resonancia de Schumann, suele estar muy por debajo de los umbrales considerados de riesgo para la salud.
Sin embargo, la OMS reconoce que aún existen áreas grises en la investigación, especialmente en lo que respecta a poblaciones sensibles o con condiciones médicas preexistentes.
Estudios del Instituto Max Planck de Alemania han detectado que algunas personas podrían experimentar una mayor sensibilidad a las fluctuaciones electromagnéticas, aunque advierten que la mayoría de los síntomas atribuidos a estos cambios pueden explicarse por factores psicológicos o ambientales no controlados.

Perspectivas y recomendaciones de la comunidad científica
Frente a la inquietud generada por el fenómeno, los investigadores recomiendan cautela. Desde la Universidad de Stanford, expertos en neurociencia sugieren que la resonancia de Schumann podría tener un papel en la regulación de ciertos ritmos biológicos, pero insisten en que la magnitud de este impacto aún requiere mayor validación.
La comunidad científica coincide en que “no debe atribuirse de manera exclusiva a la resonancia de Schumann cualquier alteración en la salud”, como subrayan los especialistas citados por el New York Post. Los ritmos biológicos humanos responden a una compleja interacción de variables ambientales, tecnológicas y personales.
El reciente aumento de la resonancia de Schumann abre interrogantes legítimos sobre la interacción entre los fenómenos naturales y la salud, pero la evidencia disponible apunta a que los riesgos inmediatos para la población general son limitados.
El fenómeno continuará bajo observación, con la expectativa de que futuros estudios, respaldados por universidades y organizaciones internacionales, permitan comprender con mayor precisión su alcance real.
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