
Una investigación dirigida por Uri Alon, del Instituto Weizmann de Israel, reveló que la influencia de los genes en la esperanza de vida humana es mucho mayor de lo estimado hasta ahora.
Según los resultados, la genética explica hasta un 55% de la longevidad, el doble de lo calculado previamente, lo que modifica la perspectiva científica sobre el envejecimiento, informó Der Spiegel.
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Hasta este descubrimiento, la opinión predominante atribuía la longevidad principalmente a factores externos y hábitos saludables. Sin embargo, el análisis del equipo de Alon indica que la herencia biológica establece un umbral fundamental, aunque el modo de vida personal conserva un papel relevante dentro de esos márgenes.
La magnitud de la influencia genética

Alon y su equipo concluyeron que la influencia genética en la esperanza de vida es considerablemente más relevante de lo que se pensaba. Esta conclusión desafía la visión dominante, que daba mayor peso al entorno y la prevención.
Tras revisar datos históricos y descartar muertes por accidentes, infecciones y desastres, los investigadores hallaron que el componente genético supera ampliamente las estimaciones de trabajos previos.
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Al respecto, Alon afirmó: “La edad alcanzada por la madre, el padre y los abuelos tiene más importancia para predecir la esperanza de vida de lo que pensábamos hasta ahora”, según recogió Der Spiegel.
Reevaluación de datos históricos y ajuste por causas externas

El estudio se basó en un extenso registro de gemelos suecos nacidos entre 1900 y 1935. Al diferenciar las muertes debidas a factores externos, los científicos constataron que las generaciones nacidas en periodos con menor incidencia de accidentes y epidemias presentaban una relación genética mucho más estrecha respecto a la longevidad.
Además, aplicaron una fórmula matemática que permitió identificar el impacto neto de los genes en la mortalidad por causas naturales.
Comparación con estimaciones previas y evidencia en ratones
Las estimaciones previas sobre la influencia genética en la longevidad humana oscilaban entre el 20% y el 25%. Los estudios en ratones ya arrojaban cifras superiores, de entre 38% y 55%, incluso en entornos controlados.
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Las diferencias se explican por los sesgos de época: los datos antiguos incluían un alto porcentaje de muertes accidentales o por enfermedades, lo que ocultaba la verdadera magnitud de la herencia genética.
Opiniones de expertos y advertencia ante el determinismo genético
En este contexto, la bióloga Daniela Bakula, de la Universidad de Copenhague, destacó la importancia de evitar interpretaciones deterministas. “El estudio no debería hacernos sentir que estamos a merced de nuestros genes”, señaló a Der Spiegel. Asimismo, subrayó que, aunque la biología fija ciertos límites, cada persona puede influir en su salud y longevidad.
El papel de los hábitos saludables y los factores modificables

El peso de la genética no excluye la importancia de los hábitos saludables. Un trabajo publicado en 2024 en el American Journal of Clinical Nutrition indica que adoptar de manera sostenida ocho comportamientos positivos —realizar actividad física, moderar la dieta, evitar el tabaco, gestionar el estrés, restringir el alcohol, dormir bien, cuidar las relaciones sociales y evitar opioides— puede permitir a una persona de cuarenta años sumar hasta 20 años a su vida en comparación con quienes descuidan estos aspectos.
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La visión actual, compartida por Der Spiegel, sostiene que la genética fija un rango básico de longevidad para cada individuo. Dentro de esos márgenes, la elección de estilos de vida puede añadir o restar años, lo que deja un margen real de acción y prevención personal.
El nuevo paradigma indica que la herencia genética establece los límites de la longevidad, pero las decisiones cotidianas determinan si una persona puede acercarse o alejarse de su máximo potencial biológico.
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