
La psiquiatra Anna Lembke, directora de la Clínica de Adicciones de Stanford y experta en dopamina, afirma que “la adicción es la plaga moderna”, según expresó en una entrevista con Steven Bartlett en The Diary Of A CEO. Lembke sostiene que la abundancia de estímulos, en especial en el entorno digital, activa mecanismos adictivos en un cerebro humano adaptado a la escasez, no a la hiperestimulación propia del presente.
“La dopamina es una sustancia que producimos en el cerebro, pero la utilizo como una metáfora extendida. La sobreabundancia se ha convertido en un factor estresante único en la historia humana”, señala la especialista.
Según Lembke, el acceso a bienes de lujo, tiempo libre y facilidades para obtener productos o experiencias placenteras nunca fue tan amplio, incluso para quienes cuentan con menos recursos.

Tecnología, dopamina y validación artificial
En The Diary Of A CEO, Lembke describe cómo el cerebro reacciona de manera inmediata ante el placer y el dolor para asegurar la supervivencia. Sin embargo, la presencia constante de recompensas tecnológicas altera ese equilibrio.
“Las sustancias y conductas adictivas liberan una cantidad masiva de dopamina en la vía de recompensa cerebral, mucho más intensa que los estímulos naturales”, afirmó Lembke. Esto lleva a que el cerebro registre la experiencia como esencial para la supervivencia, aunque sea solo una reacción artificial.
Uno de los factores de riesgo más importantes para desarrollar adicciones es el fácil acceso. Crecer en un entorno donde las sustancias o experiencias reforzantes están disponibles incrementa el riesgo de consumo y recaída.

“La tecnología multiplicó esa accesibilidad de manera exponencial, facilitando que la validación emocional llegue de fuentes digitales en vez de vínculos humanos”, indicó la psiquiatra.
Lembke profundiza en la influencia de la inteligencia artificial y la personalización algorítmica. “Las aplicaciones y modelos digitales están diseñados para halagar y validar repetidamente, fortaleciendo la autoestima. No existe ninguna fricción, lo que nos aleja del esfuerzo necesario para construir relaciones verdaderas en la vida cotidiana”, declaró durante la entrevista.
También destacó el caso de los chatbots y aplicaciones de compañía digital, pensados para que las personas se sientan comprendidas y aceptadas sin exponerse a conflictos reales.

Adicción digital: consecuencias y ejemplos clínicos
En su clínica, Lembke ya atiende casos de adicción a la compañía digital. “Buscan validación y consejo en la inteligencia artificial cuando no la encuentran en sus parejas o allegados. Así, pasan cada vez más tiempo conectados, sustituyendo el contacto humano por vínculos digitales”, relató.
Por ejemplo, una paciente llegó a pagar USD 200 mensuales para mantener una relación sin límites con su ‘novio digital’ y recibir apoyo emocional constante. “Cuanto más personalizada la solución, más difícil es desprenderse y más adictiva puede ser”, agregó.
La personalización algorítmica intensifica esta tendencia. “Los algoritmos te dicen exactamente lo que deseas escuchar, generando una validación automática que libera dopamina. Es un ciclo: la sensación de bienestar dura muy poco, el cerebro se adapta y necesita un estímulo mayor, intensificándose así el aislamiento”, señaló en el podcast. Según la especialista, esto erosiona los lazos personales y dificulta disfrutar las experiencias cotidianas.
Lembke recurre a ejemplos clínicos y comparaciones experimentales. “Así como los ratones aprenden a presionar una palanca para recibir cocaína hasta agotarse, las personas expuestas a refuerzos continuos —sean sustancias, redes sociales o IA— entran en un estado crónico de déficit de dopamina”, explicó.
El placer inmediato se agota, y el cerebro responde al reducir los receptores de dopamina para conservar el equilibrio, proceso conocido como homeostasis.

Estrategias para la recuperación y la reconstrucción de vínculos
La adicción digital no solo afecta a quien la padece, sino que también fragmenta familias y debilita los vínculos de convivencia. “He visto padres que se informan de la vida de sus hijos a través de sus interacciones con la IA, en lugar de dialogar con ellos. Es un peligro real que puede conducir al aislamiento social profundo”, manifestó en conversación con The Diary Of A CEO.
Para enfrentar estos desafíos, Lembke plantea estrategias concretas. “El primer paso es identificar el hábito o sustancia que se consume en exceso”, recomendó.
Luego, sugiere un periodo de abstinencia que permita reiniciar el sistema de recompensas; estima que cuatro semanas es, en promedio, el tiempo necesario para superar el estado de abstinencia.
Los primeros 10 a 14 días suelen ser los más difíciles, pero superada esa fase, vuelve la capacidad de disfrutar pequeños placeres y recomponer el punto de partida emocional.

Con el fin de fomentar hábitos saludables, la especialista aconseja realizar temprano las tareas difíciles, antes de exponerse a recompensas inmediatas, y organizar rituales que favorezcan la acción. “El prefrontal, nuestro sistema de control y planificación, necesita estar activo”, subrayó.
Añadió la importancia de establecer barreras físicas y mentales frente al hábito nocivo, y remarcó que no se debe confiar únicamente en la fuerza de voluntad, ya que es un recurso limitado.
Reconocer factores de riesgo y vulnerabilidades personales —como antecedentes traumáticos, pobreza, predisposición genética o trastornos psiquiátricos— y el entorno social resulta clave. Lembke hizo referencia a modelos de intervención comunitaria, como los programas deportivos islandeses, asociados a una reducción de las tasas de adicción juvenil.

La especialista destacó la necesidad de practicar la honestidad radical en el relato personal, familiar o terapéutico. “Mis pacientes que logran mantener la recuperación han aprendido a no mentir, ni siquiera en pequeños detalles; la consciencia y la transparencia son claves para el cambio”, afirmó.
Lembke subraya la importancia de la agencia: “Aunque la adicción implica pérdida de control sobre ciertos hábitos, siempre conservamos alguna capacidad para actuar, aunque a veces solo sea para pedir ayuda”.
El proceso de recuperación implica reconstrucción desde la responsabilidad y suma de pequeños logros diarios que, con el tiempo, llevan a periodos más estables y saludables.
En su experiencia, esta recuperación representa una transformación perceptible incluso para el entorno del paciente: amistades y familiares suelen notar el regreso de la persona que habían perdido en el ciclo de la adicción. Así, la restauración de hábitos saludables permite reencontrarse consigo mismo y reforzar los lazos con quienes lo rodean.
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