
El entrenamiento cerebral enfocado en pensamientos positivos puede aumentar la respuesta inmune tras la vacunación, según un estudio realizado en la Universidad de Tel Aviv.
La investigación, publicada en Nature Medicine, indica que las personas que aprendieron a activar el sistema de recompensa del cerebro mediante estrategias mentales optimistas produjeron más anticuerpos después de recibir la vacuna contra la hepatitis B.
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El trabajo, liderado por Talma Hendler, profesora de psiquiatría y neurociencia, aporta la primera evidencia en humanos de una relación causal: quienes dominan técnicas para estimular activamente el sistema de recompensa cerebral presentan una mayor eficacia en la vacunación.
“El poder de nuestra mente para moldear la respuesta inmunitaria se observó en un ensayo aleatorizado de neurofeedback entrenado para aumentar la actividad de recompensa. Expectativas más positivas equivalen a mayor respuesta de anticuerpos”, posteó en su cuenta de X el reconocido cardiólogo estadounidense Eric Topol, respecto a los resultados del estudio.
Cómo se hizo el estudio

La investigación incluyó a 85 personas adultas sanas que completaron cuatro sesiones de entrenamiento cerebral antes de la vacunación.
Cada participante empleó técnicas como recordar experiencias gratificantes o generar expectativas alentadoras, guiados por retroalimentación en tiempo real sobre la activación de la área tegmental ventral del cerebro, obtenida por resonancia magnética funcional.
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Este proceso permitió ajustar con precisión las estrategias mentales hasta lograr un mayor efecto estimulante.
Posteriormente, todos recibieron la vacuna contra la hepatitis B. Los niveles de anticuerpos se midieron en muestras de sangre obtenidas antes y en las semanas posteriores a la inmunización.
Según los datos del estudio, las personas que lograron mantener una mayor activación en la zona de recompensa cerebral presentaron un incremento superior en la respuesta inmune, algo que los autores asocian con el efecto placebo observado en medicina.

El mecanismo propuesto subraya que la motivación y las expectativas positivas pueden influir en la inmunidad, una hipótesis sugerida en modelos animales y consolidada ahora mediante un ensayo controlado aleatorizado en humanos. Los autores emplearon un método basado en la resonancia magnética funcional y en la medición inmediata de los resultados, lo que facilitó el aprendizaje y la adaptación voluntaria de las estrategias cerebrales. Entre los ejemplos citados figuran recordar viajes satisfactorios o imaginar escenarios alentadores para activar el sistema mesolímbico y potenciar la respuesta fisiológica.
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Sin embargo, especialistas como Nitzan Lubianiker, autor principal del estudio, advierten que estos resultados reflejan únicamente el aumento de anticuerpos, pero no demuestran beneficios clínicos directos.
Lubianiker aclaró que el enfoque se propone como una herramienta complementaria para potenciar la respuesta inmunológica tras la vacunación, y no puede sustituir las vacunas ni el tratamiento médico convencional.
Otras voces del ámbito internacional coincidieron en la necesidad de precaución. Jonathan Kipnis, profesor de patología e inmunología en la Universidad de Washington, subrayó al diario The Guardian que “probablemente es demasiado pronto para sacar conclusiones sobre la relevancia clínica”.
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Kipnis añadió que, de confirmarse en ensayos clínicos más extensos, esta técnica podría complementar los tratamientos habituales.
El consenso general, tanto de los autores como de expertos como Jeremy Howick, profesor en la Universidad de Leicester, es que se requieren nuevos ensayos clínicos para evaluar el efecto real y la utilidad de este tipo de intervención neurológica. El estudio midió solo la producción de anticuerpos, sin examinar otras dimensiones del sistema inmunitario ni cambios en la evolución clínica de los pacientes tras la vacunación.
Frente al desafío de mejorar la eficacia de las vacunas y el bienestar de los pacientes, estos resultados abren la puerta a intervenciones no invasivas centradas en el pensamiento positivo.
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Según Howick, fomentar expectativas alentadoras entre los pacientes supone una oportunidad accesible para los profesionales de la salud, dado el potencial observado. El estudio resalta así el valor de las expectativas positivas como recurso sin costo añadido, que podría favorecer la respuesta inmunitaria y el bienestar en el contexto sanitario.
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