
En los márgenes de las fábricas de fuegos artificiales, en los talleres donde se manipulan explosivos, y en los entornos militares donde la exposición a sustancias peligrosas es parte de la rutina diaria, un químico poco conocido cobra protagonismo como amenaza silenciosa para la salud reproductiva masculina: el perclorato de potasio.
Un estudio realizado por expertos de la Universidad de Missouri aporta evidencia experimental que podría cambiar la forma en que se entiende y, eventualmente, se previene: la vitamina C. Este nutriente aparece como un posible factor protector frente a los efectos adversos de este compuesto.
Un contaminante omnipresente en la industria militar y pirotécnica
El perclorato de potasio es un producto químico esencial en la fabricación de explosivos, dispositivos pirotécnicos y fuegos artificiales. Su uso extendido en la industria militar y civil ha generado preocupación entre expertos en salud pública y toxicología ambiental. La sustancia es conocida por su capacidad para alterar el funcionamiento del sistema endocrino, especialmente afectando la tiroides, pero en los últimos años la atención se ha desplazado hacia sus posibles consecuencias sobre la fertilidad masculina.

Las investigaciones previas ya habían documentado que el perclorato puede contaminar el agua, el suelo y el aire en áreas industriales y militares. Sin embargo, la magnitud de su impacto sobre la salud reproductiva humana seguía siendo un campo poco explorado. Los trabajadores expuestos a este químico, muchas veces sin saberlo, podrían estar viendo comprometida su capacidad reproductiva a largo plazo.
El primer experimento que conecta el daño y la protección
El reciente estudio, publicado en la revista Environmental Science and Technology, da un paso clave para llenar este vacío de información. El equipo liderado por Ramji Bhandari, investigador reconocido en toxicología ambiental, diseñó un experimento con peces arroz japonés (Oryzias latipes), una especie que comparte importantes similitudes genéticas y fisiológicas con los humanos en lo que respecta a la reproducción.
Durante 21 días, los peces machos fueron expuestos a dosis controladas de perclorato de potasio. Los resultados no dejaron lugar a dudas: los animales sufrieron una reducción drástica en la fertilidad, lesiones en la estructura de los testículos y alteraciones en la expresión de genes que regulan la producción de esperma. Según el medio universitario Show Me, los daños incluyeron desorganización de los túbulos seminíferos y la interrupción de procesos celulares fundamentales para la maduración de las células germinales.

Lo novedoso del trabajo fue analizar si la vitamina C podía actuar como defensa. Los peces que recibieron vitamina C junto con el químico mostraron tasas de fertilidad considerablemente más altas, menor daño testicular y una recuperación parcial de los patrones genéticos alterados. “Nuestro descubrimiento con un modelo de pez ofrece esperanza de que la vitamina C puede desempeñar un papel importante como antioxidante en la protección de la salud espermática frente a los efectos dañinos del perclorato de potasio”, explicó Bhandari.
¿Por qué la vitamina C puede marcar la diferencia?
La vitamina C es uno de los antioxidantes más potentes y estudiados. Su función principal es neutralizar los radicales libres y reducir el estrés oxidativo, un proceso que, cuando se descontrola, puede dañar células y tejidos sensibles como los órganos reproductivos.
El estudio sugiere que el perclorato de potasio induce estrés oxidativo en el tejido testicular, desorganizando los mecanismos moleculares que permiten la producción y maduración de los espermatozoides. Al administrar vitamina C, los investigadores observaron que se restauraban parcialmente los procesos celulares y genéticos afectados, lo que se tradujo en una mejora significativa de la fertilidad en los peces.
Este hallazgo adquiere especial relevancia para trabajadores de industrias de alto riesgo, como la militar, la pirotécnica y la minería, donde el contacto con el perclorato es difícil de evitar. Si bien la investigación se realizó en peces, los autores destacan que los mecanismos biológicos involucrados son comparables a los de los humanos, aunque será necesario realizar estudios clínicos antes de establecer recomendaciones definitivas.

Implicancias y desafíos para la salud pública
Los especialistas coinciden en que el descubrimiento abre la puerta a nuevas estrategias preventivas para proteger la salud reproductiva de las personas expuestas a este contaminante. La intervención con vitamina C podría integrarse a los protocolos de salud ocupacional en industrias de riesgo, complementando otras medidas como el monitoreo ambiental, el uso de equipos de protección personal y la reducción de la exposición directa.
Sin embargo, los propios autores del estudio insisten en la necesidad de interpretar los resultados con cautela: “Aunque los datos en peces son alentadores, es fundamental avanzar en investigaciones que evalúen la eficacia y seguridad de la vitamina C como medida preventiva en humanos”, remarcó Bhandari.
El estudio también pone en relieve la importancia de identificar y controlar los contaminantes emergentes, aquellos que, como el perclorato de potasio, pueden estar presentes en el entorno durante años antes de que se comprendan plenamente sus efectos sobre la salud. En ese sentido, la Universidad de Missouri se posiciona a la vanguardia de la investigación en biología reproductiva y toxicología ambiental, impulsando líneas de trabajo interdisciplinarias que buscan respuestas concretas a problemas complejos.
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