
Hablar de lapsus de memoria, palpitaciones y sensación de pérdida de control emocional genera inquietud entre muchas mujeres que atraviesan la menopausia o la perimenopausia. Marta Marcé, nutricionista especializada en salud hormonal femenina, entrevistada en el podcast Tengo un Plan, señala que estos síntomas poco conocidos rara vez se mencionan, aunque tienen un impacto profundo en la vida diaria.
“No son solo los sofocos de los que siempre se habla”, afirmó Marcé, quien agregó: “A veces, el síntoma comienza con una inquietud, antes de sentir calor o sudor; otras veces es solo un súbito sudor durante la noche”. Explicó que las palpitaciones le generaron preocupación sobre su salud cardíaca, aunque las pruebas médicas resultaron normales.
“Es un síntoma que está dentro de los sofocos”, relató, y subrayó que los olvidos le sorprendieron especialmente: “Me chocó mucho olvidar palabras concretas. Iba a decir ‘pasame el…’, y no me venía la palabra ‘vaso’. O no recordaba el nombre de una prima. Llegas a preguntarte si es la menopausia o un problema cognitivo grave. Nadie te lo cuenta”.
Este desconcierto, según la nutricionista, se intensifica ante antecedentes familiares como el Alzheimer de su madre. “Fue muy chocante. Después, hablando con otras mujeres, ves que se repite más de lo que imaginas, pero nadie lo dice en voz alta”, manifestó.

Marcé reconoce que ahora existe más investigación sobre el cerebro femenino y menciona a la neurocientífica Lisa Mosconi. Sin embargo, la falta de información previa lleva a muchas mujeres a sentir miedo ante estos cambios.
Cambios en la mente y en el cuerpo
Además de los síntomas físicos, Marcé subraya los cambios psicológicos: “Una de las cosas que viví fue comenzar a preocuparme mucho menos por lo que otros piensan de mí”. Considera que tener menos presión le permitió replantear su vida profesional y explorar nuevas áreas, como la nutrición y el yoga.
“No entendía por qué me daba tan igual cambiar de rumbo”, apuntó, aludiendo a estudios sobre el cerebro: “La amígdala, que nos mantiene alertas, empieza a perder fuerza en esta etapa, lo que a nivel mental nos da paz y nos importa menos la opinión ajena. Tiene sentido biológico”.
Describe esta experiencia como una especie de “egoísmo positivo”, una priorización personal que, según explica, cuesta asumir en una sociedad donde a las mujeres se les asigna el rol de cuidadoras. “Cuando disminuyen los estrógenos y el cerebro cambia, pierdes paciencia y comienzas a priorizarte más. Si te lo cuentan y lo comprendes, dejas de pensar que haces algo mal. Eso me parece fundamental”, añade.
Respecto a los cambios físicos, destaca la necesidad de adaptar rutinas y expectativas para cuidar la salud en esta etapa. “El sueño es imprescindible”, subrayó. Y sumó: “Antes podía irme tarde a dormir, cenar a cualquier hora y descansaba igual. Ahora necesito hábitos y horarios”.

Sobre el cuerpo, aclaró que el aumento de peso no es el único cambio. “No es solo cuestión de sumar kilos. Hay pérdida de masa muscular y redistribución de la grasa. Mi figura pasó de tener cintura a ser más recta, con más acumulación de grasa abdominal. Como nadie lo explica, se asume que te estás descuidando, pero es completamente normal”.
“Así como una niña es recta y después de la pubertad las mujeres adquieren curvas, en esta transición ocurre lo contrario: el cuerpo vuelve a una forma más recta y natural”, sostuvo.
Esta transformación genera frustración y lleva a muchas a probar dietas rápidas. “Yo fui la primera en caer. Sentía que mi cuerpo estaba mal, que comía mucho y hacía ejercicio inadecuado. Por eso insisto en la importancia de comprender lo que sucede”, contó.
Añadió molestias inesperadas, como sequedad ocular y vaginal e incluso cambios en la mucosa intestinal. “Nadie dice que la microbiota también se modifica, que puedes tener más estreñimiento o sentirte hinchada tras las comidas. Las bacterias intestinales se ven muy influidas por las hormonas”, explicó.
Hormonas, perimenopausia y posmenopausia
Al ser consultada sobre las hormonas femeninas protagonistas en esta etapa y su repercusión más allá del ciclo menstrual, Marcé explicó: “Tenemos dos hormonas principales: estrógenos y progesterona. Hablamos mucho de estrógenos porque tienen más funciones y receptores, pero la progesterona también es clave. La menopausia llega de media a nivel global a los 49”.
La especialista define la menopausia como el día en que se cumplen 12 meses sin menstruación, a partir del cual comienza la posmenopausia. Antes de ese hito, la perimenopausia puede iniciarse hasta una década antes, con fluctuaciones hormonales comparables a una “segunda adolescencia”.

“A partir de los 40 años, la mayoría de las mujeres entramos en la perimenopausia”, señaló Marcé, remarcando que muchas aún no son conscientes de ese proceso. “El número de folículos en los ovarios disminuye y eso provoca estos cambios impredecibles en los niveles de estrógenos y progesterona; por eso un día podemos sentirnos de maravilla y al siguiente, totalmente agotadas”, destacó.
Durante esta fase, la menstruación persiste, aunque los ciclos pueden variar y el sangrado aumentar, lo que desconcierta incluso a profesionales sanitarios. “Hay muy poca formación sobre perimenopausia tanto en medicina como en nutrición”, advirtió.
“Si tienes síntomas y sigues menstruando, rara vez se reconoce que puede tratarse de perimenopausia. Este periodo de fluctuaciones suele anteceder a dos o tres años de síntomas intensos antes y después de la menopausia, que denominamos climaterio”, dijo.
En tanto, destacó que todo se basa en la regulación neuroendocrina: el cerebro recibe, interpreta y trata de adaptarse a los cambios hormonales, lo que da origen a muchos síntomas.
En la posmenopausia, la situación se estabiliza. “Tenemos niveles bajos pero constantes de estrógenos y progesterona. Es como entrar en una llanura hormonal después de años de montaña rusa”, señala.
Así, las mujeres experimentan días de mayor regularidad emocional, lo que puede reflejar alivio tras la inestabilidad precedente.
El efecto de las hormonas en el ánimo

Al ser consultada sobre las funciones específicas de las hormonas, Marcé detalló: “En la etapa fértil, el estrógeno principal es el estradiol, pero durante la perimenopausia y la menopausia, la estrona gana protagonismo y son hormonas con efectos bastante distintos”.
Indicó que, tras los ovarios, el cerebro es el órgano con más receptores de estrógenos, lo que explica su impacto en el ánimo. “Estas hormonas influyen directamente en los neurotransmisores. Los estrógenos se vinculan con la serotonina y, por extensión, con la melatonina. Por eso, tras la menstruación, las mujeres suelen sentirse más positivas o dormir mejor que en los días previos”, relató.
La progesterona también interviene en la regulación emocional mediante el ácido gamma-aminobutírico (GABA). “Cuando te alteras, la progesterona activa la GABA, que es como un freno que dice: ‘Tranquila’. Si no tienes suficiente, la calma desaparece”, acotó.

Además, advirtió que la progesterona suele disminuir más rápido que los estrógenos porque se produce principalmente en los ovarios, lo que puede causar reglas muy abundantes o dolor en los pechos. “No se trata de tener más estrógenos o progesterona”, insistió Marcé, quien fue más allá: “Lo importante es que el descenso sea lo más gradual posible, así el cerebro tiene tiempo para adaptarse”.
Bienestar y acompañamiento
Para finalizar, Marcé recordó que los cambios hormonales de la perimenopausia y la menopausia requieren un esfuerzo adicional para mantener el bienestar emocional y el descanso, ya que la producción de neurotransmisores como la serotonina y la melatonina disminuye de forma natural en esta etapa.
Así, la vivencia de la menopausia implica cambios físicos, emocionales y cognitivos que suelen permanecer invisibles, aunque afectan la vida cotidiana. La falta de información y de diálogo abierto sobre estos síntomas provoca miedo y desconcierto, pero comprenderlos y compartir experiencias ayuda a transitar esta etapa con mayor claridad.
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