
¿Recordás mejor una anécdota cuando alguien te la transmite desde la emoción o cuando la detalla con precisión casi fotográfica? La respuesta no depende únicamente de tu personalidad ni del carisma de quien relata. Revelaciones científicas indican que la manera en que se narra un hecho transforma la forma en que tu cerebro lo almacena y, sobre todo, lo evoca.
La estructura emocional u objetiva de una historia activa diferentes rutas cerebrales y da forma a lo que quedará grabado en tu memoria. Así lo concluye un estudio difundido por la Society for Neuroscience, que sitúa a la narración en el centro del andamiaje de la memoria humana.
En esta investigación de la Universidad McGill, liderada por Signy Sheldon, los científicos abordaron una pregunta clave: ¿el énfasis en distintas dimensiones de un relato —emociones profundas o detalles medibles— puede modificar la calidad y naturaleza del recuerdo? Para despejar la incógnita, diseñaron un experimento en el que 35 participantes escucharon relatos con igual núcleo argumental, pero matices narrativos distintos.

En algunas versiones, los protagonistas expresaban pensamientos, sentimientos y valoraciones personales (detalles conceptuales); en otras, prevalecían las descripciones objetivas, centradas en información observable y concreta (detalles perceptuales).
Una vez finalizada la escucha, los voluntarios tuvieron que recordar esas historias mientras sus cerebros eran observados por neuroimagen. Los resultados sorprendieron: el tipo de detalles recibidos determinó la activación de redes neuronales diferentes durante la evocación. Society for Neuroscience lo resumió así: “Las diferencias detectadas en la activación cerebral permitieron predecir con precisión qué tan bien cada persona recordaba los elementos centrales de la narración”.
El cerebro y la estrategia narrativa
El trabajo identifica dos estrategias narrativas claves. Por una parte, la conceptual, basada en la interpretación subjetiva y el impacto emocional del acontecimiento; por otra, la perceptual, que prioriza la descripción detallada y exacta de los hechos, desprovista de matices personales.
Esta distinción resulta significativa: las narrativas conceptuales impulsaron la conectividad entre el hipocampo anterior y la red neuronal por defecto (DMN, por sus siglas en inglés), en particular los subsistemas central y dorsomedial. Esta conexión se asoció con una memoria de la trama más sólida, permitiendo retener lo fundamental de la historia con mayor eficacia.

Paralelamente, las narrativas perceptuales implicaron la activación de regiones parietales y temporales laterales, así como áreas periféricas a la DMN. El recuerdo derivado de estos enfoques resultó distinto: menos cargado de interpretaciones, pero mucho más fiel a los detalles concretos y observables del relato original.
El análisis desarrollado por el equipo de la Universidad McGill demuestra que el hipocampo actúa como un “puente” dinámico entre distintas formas de codificación de la memoria, permitiendo configurar los recuerdos en función del tipo de información recibida.
Este hallazgo se suma a una tradición de teorías que ya destacaban el rol fundamental del hipocampo y las zonas neocorticales de la DMN en la organización de los recuerdos. El valor agregado de este estudio radica en mostrar que modificar la manera en que describimos un evento puede alterar la red hipocampal subyacente y, en consecuencia, influir en el recuerdo resultante.
Implicancias prácticas: educación y comunicación
Las repercusiones de estos descubrimientos trascienden el contexto experimental. Resultan especialmente relevantes en ámbitos como la educación, la psicología y la comunicación. Si el modo de narrar determina lo que se recuerda, docentes, comunicadores y divulgadores disponen de nuevas herramientas para optimizar el aprendizaje y la retención de información.

Ajustar el énfasis de la narrativa puede convertir un concepto abstracto en una experiencia emocional inolvidable o fijar datos complejos en la memoria de manera más eficiente y duradera.
Signy Sheldon hizo hincapié en la importancia de adaptar las estrategias narrativas según el grupo etario y características del público: “Existe abundante evidencia que indica que individuos y grupos prefieren distintos sistemas de memoria.
Por ejemplo, los adultos mayores tienden a apoyarse más en el sistema conceptual, mientras que los jóvenes prefieren el sistema perceptual al experimentar eventos. Esto podría ayudarnos a personalizar la manera de transmitir información para mejorar la memoria, un aspecto que esperamos analizar en futuras investigaciones”.
El análisis apunta a que, por ejemplo, una lección de historia relatada desde la emoción y la interpretación favorece la retención entre adultos mayores, mientras que una presentación visual y minuciosa puede resultar mucho más eficaz para estudiantes jóvenes. La clave radica en ajustar tanto el contenido como la presentación narrativa al “perfil de memoria” predominante en cada audiencia.
Potenciar la memoria a través del relato

Al profundizar sobre cómo la organización funcional del hipocampo y la DMN influye en la memoria de los eventos, este estudio abre oportunidades concretas para diseñar estrategias que potencien la memoria a través de la narrativa.
Explorar de qué manera la selección de detalles —internos y emocionales, o externos y descriptivos— favorece la codificación y evocación de la información, abre ventajas en campos tan diversos como la pedagogía, la comunicación institucional, la publicidad o la terapia.
Muy lejos de ser una cuestión estilística sin relevancia objetiva, la forma de contar una historia emerge como una herramienta poderosa capaz de moldear la mente y fortalecer el aprendizaje.
Asimilar y utilizar estos hallazgos implica reconocer que cada relato es, al mismo tiempo, una huella cerebral: su trazo, su riqueza y su permanencia dependerán, en gran parte, de la naturaleza que adquiera su narrativa. Lo que permanece en tu memoria, finalmente, no es solo lo que escuchaste, sino el modo en que esa historia fue contada.
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