
Epilepsia, depresión resistente, secuelas de un accidente cerebrovascular y migraña son algunas de las afecciones que se pueden tratar con un implante pequeño capaz de enviar impulsos eléctricos al nervio vago.
Esto es una técnica que, aunque no reemplaza otros tratamientos, se ha convertido en una alternativa terapéutica y es conocida como estimulación del nervio vago, la cual ha sido aprobada por la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) para diversas indicaciones y continúa en expansión, según informó Mayo Clinic.
Además de sus aplicaciones actuales, la estimulación del nervio vago se investiga para tratar otras enfermedades, lo que la posiciona como una opción innovadora en el campo de la neurología y la psiquiatría.
En qué consiste el tratamiento

La estimulación del nervio vago consiste en utilizar un dispositivo que envía impulsos eléctricos a este nervio, el principal del sistema que regula funciones vitales como la digestión y la frecuencia cardíaca.
El objetivo es modificar la actividad cerebral para tratar afecciones específicas. Los dispositivos aprobados por la FDA se implantan bajo la piel del pecho y se conectan mediante un cable al nervio vago izquierdo, desde donde transmiten señales eléctricas al tronco encefálico y, en consecuencia, al cerebro.
Esta intervención busca reducir la frecuencia e intensidad de las convulsiones en la epilepsia, mejorar el estado de ánimo en la depresión resistente y facilitar la recuperación motora tras un accidente cerebrovascular.
En el caso de la epilepsia, la estimulación del nervio vago se indica para personas mayores de cuatro años con epilepsia focal o parcial que no han respondido adecuadamente a los medicamentos anticonvulsivos.
También puede utilizarse en casos de epilepsia generalizada. Según Mayo Clinic, aproximadamente un tercio de los pacientes con epilepsia no logra controlar completamente las convulsiones con fármacos, y en estos casos, la estimulación del nervio vago puede reducir la frecuencia de los episodios hasta en un 50% en algunos individuos, además de disminuir su intensidad y acortar el tiempo de recuperación posterior.
Para la depresión resistente, la FDA ha aprobado el uso de la estimulación del nervio vago en adultos que no han respondido a medicamentos, psicoterapia ni terapia electroconvulsiva. El procedimiento no reemplaza otros tratamientos, pero puede ofrecer una mejoría gradual de los síntomas, que suele observarse tras varios meses de uso.
En cuanto a la rehabilitación post-ictus, la estimulación del nervio vago, combinada con ejercicios de rehabilitación, ha demostrado ayudar a recuperar la funcionalidad de la mano y el brazo en personas que han sufrido un accidente cerebrovascular isquémico.
Además, puede contribuir a mejorar la capacidad de pensar y tragar, aunque estos beneficios aún se encuentran en fase de investigación.
Funcionamiento y alternativas

La tecnología detrás de la estimulación del nervio vago ha evolucionado. Existen dispositivos implantables, que requieren cirugía para su colocación, y modelos no invasivos aprobados para el tratamiento de la migraña y la cefalea en racimos.
Estos últimos se aplican sobre la piel del cuello y bloquean las señales de dolor, lo que permite prevenir o aliviar los episodios de dolor de cabeza sin necesidad de intervención quirúrgica.
Los dispositivos implantables funcionan con baterías y pueden durar varios años antes de requerir reemplazo; algunos modelos avanzados detectan aumentos repentinos en la frecuencia cardíaca, lo que puede indicar el inicio de una convulsión, y responden enviando una señal al nervio vago. Además, los pacientes pueden activar el dispositivo manualmente mediante un imán portátil si perciben el inicio de una crisis.
En cuanto a los beneficios y limitaciones, la estimulación del nervio vago no representa una cura definitiva para la epilepsia ni la depresión. La mayoría de los pacientes continúa necesitando medicación, aunque muchos experimentan una reducción significativa en la frecuencia y gravedad de los síntomas.
El impacto positivo en la calidad de vida y el estado de ánimo ha sido reportado por quienes reciben este tratamiento, aunque los resultados pueden tardar meses o incluso más de un año en manifestarse plenamente. En el caso de la depresión, algunos estudios sugieren que la eficacia del tratamiento aumenta con el tiempo.
Riesgos de este procedimiento

El procedimiento de implantación del dispositivo es seguro para la mayoría de las personas, pero implica riesgos asociados tanto a la cirugía como a la estimulación eléctrica. Las complicaciones quirúrgicas, aunque poco frecuentes, pueden incluir infecciones, sangrado, dolor o daño en los nervios cercanos.
Entre los efectos secundarios más comunes se encuentran ronquera, dolor de garganta, tos, dificultad para tragar, sensación de hormigueo en el cuello y cambios en la voz cuando el dispositivo está activo.
Estos efectos suelen ser leves y tienden a disminuir con el tiempo, aunque en algunos casos persisten mientras el dispositivo permanece en funcionamiento. El equipo médico puede ajustar los impulsos eléctricos para minimizar las molestias, y si los efectos secundarios resultan intolerables, es posible desactivar o retirar el dispositivo.
Más allá de las indicaciones aprobadas, la estimulación del nervio vago se estudia como posible tratamiento para enfermedades como la artritis reumatoide, la enfermedad inflamatoria intestinal, el trastorno bipolar, la obesidad y la enfermedad de Alzheimer.
Sin embargo, los estudios realizados hasta la fecha son insuficientes para determinar su eficacia en estas patologías, por lo que se requieren investigaciones adicionales, según Mayo Clínic.
Para los pacientes que consideran este procedimiento, el proceso de implantación suele realizarse de forma ambulatoria bajo anestesia general. El cirujano realiza dos incisiones, una en el pecho y otra en el cuello, para colocar el generador de impulsos y conectar el cable al nervio vago izquierdo.
Tras la cirugía, el equipo médico programa el dispositivo y ajusta la intensidad de los impulsos según la respuesta del paciente. Es fundamental realizar controles periódicos para verificar el funcionamiento del generador y evitar complicaciones.
Además, algunas aseguradoras pueden no cubrir el costo del procedimiento, por lo que se recomienda consultar previamente sobre la cobertura y las opciones de tratamiento disponibles.
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