
Las crisis de asma infantil continúan representando un desafío para la medicina, incluso cuando los tratamientos más avanzados están disponibles.
Un reciente ensayo clínico ha identificado al menos tres vías inflamatorias distintas que pueden desencadenar exacerbaciones en niños con asma, aun cuando reciben terapias biológicas diseñadas para controlar la enfermedad.
Según publicó JAMA Pediatrics, este hallazgo podría marcar el inicio de una nueva etapa en la personalización de tratamientos y transformar la atención de los menores afectados por esta condición.
El asma es una enfermedad crónica que se debe a la inflamación y la contracción de los músculos que rodean las vías respiratorias. Los niños y los adolescentes que tienen asma suelen tener dificultad para respirar, con episodios recurrentes de sibilancias, falta de aliento, opresión en el pecho y tos, especialmente durante la noche o temprano por la mañana.

El asma eosinofílica, una de las formas más frecuentes y graves de asma en la infancia, se caracteriza por una inflamación persistente de las vías respiratorias. Esta inflamación se debe principalmente a la llamada “inflamación tipo 2” (T2), una respuesta inmunitaria que involucra citocinas que promueven la producción y activación de eosinófilos.
Las terapias biológicas, como el mepolizumab, se han desarrollado para reducir la presencia de eosinófilos y, con ello, prevenir las crisis asmáticas. Sin embargo, la persistencia de brotes en algunos pacientes ha llevado a los científicos a investigar mecanismos adicionales más allá de la inflamación tipo 2. Esto sugiere que existen otras vías inflamatorias que también influyen en las exacerbaciones.
El equipo dirigido por el doctor Rajesh Kumar, jefe interino de la División de Alergia e Inmunología del Hospital Infantil Ann & Robert H. Lurie de Chicago, analizó datos de un ensayo clínico previo realizado en nueve ciudades de Estados Unidos.
Cómo se hizo el estudio

El estudio se centró en niños con asma eosinofílica que residían en zonas urbanas de bajos ingresos, un grupo especialmente vulnerable a las complicaciones respiratorias. Durante 52 semanas, los investigadores compararon los efectos del mepolizumab frente a un placebo, evaluando la frecuencia y gravedad de las exacerbaciones asmáticas.
El informe detalló que, aunque el mepolizumab logró reducir de manera significativa la inflamación tipo 2 asociada a los eosinófilos, las crisis asmáticas no desaparecieron por completo.
Esta observación llevó a los científicos a preguntarse por qué algunos niños seguían sufriendo exacerbaciones a pesar de recibir un tratamiento dirigido y qué otros mecanismos podrían estar implicados. El doctor Kumar explicó que la interacción entre diferentes tipos de inflamación —alérgica y no alérgica—, así como la presencia de infecciones virales o no virales, complica el panorama y exige una comprensión más precisa de las causas subyacentes de las crisis.
Tres vías inflamatorias identificadas

Para profundizar en estas causas, los investigadores recurrieron a la secuenciación de ARN en muestras nasales tomadas durante 176 episodios de enfermedad respiratoria aguda.
Este análisis permitió identificar tres factores inflamatorios distintos responsables de las exacerbaciones.
- Las vías inflamatorias epiteliales, que aumentaron en los niños tratados con mepolizumab, independientemente de la presencia de infecciones virales.
- La inflamación inducida por macrófagos, especialmente en el contexto de enfermedades respiratorias virales.
- La hipersecreción de moco y respuestas al estrés celular, que se observaron tanto en el grupo que recibió el medicamento como en el que recibió placebo durante los episodios de crisis.

El doctor Kumar detalló que, en los niños que continuaban presentando exacerbaciones pese al tratamiento, la inflamación de tipo alérgico era menor, pero persistían otras vías epiteliales que seguían impulsando la respuesta inflamatoria.
“Encontramos que los niños que aún presentaban exacerbaciones con el medicamento presentaban menos inflamación de tipo alérgico, pero tenían otras vías epiteliales residuales que impulsaban parte de la respuesta inflamatoria implicada en la exacerbación”, explicó el especialista a JAMA Pediatrics.
Estos resultados subrayan la complejidad del asma infantil y la necesidad de adaptar los tratamientos a las características específicas de cada paciente.

El doctor Kumar insistió en que “existen múltiples tipos de respuestas inflamatorias que intervienen en las exacerbaciones, y estas las impulsan de forma diferente según si los pacientes tienen un virus o si toman medicamentos para bloquear diferentes partes de la respuesta inflamatoria”.
Esta diversidad de mecanismos implica que una única terapia podría no ser suficiente para todos los casos, y que la combinación de tratamientos personalizados podría ofrecer mejores resultados.
Según el doctor Kumar, los conocimientos obtenidos en este estudio podrían allanar el camino hacia intervenciones más precisas, basadas en el tipo de inflamación que predomina en cada paciente, y así mejorar la calidad de vida de los niños que conviven con esta enfermedad.
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