
Un estudio reciente puso en el centro de atención un posible factor de riesgo para enfermedades neurodegenerativas: la dureza del agua potable. La investigación realizada con datos de casi 400.000 personas en el Reino Unido, sugiere que el consumo de agua blanda —caracterizada por bajos niveles de minerales como calcio y magnesio— podría estar asociado con un mayor riesgo de desarrollar demencia. Aunque los hallazgos despertaron interés, también suscitaron críticas entre expertos que consideran que las conclusiones deben ser tomadas con cautela. El portal The Independent difundió perspectivas médicas sobre la supuesta problemática.
El agua blanda, definida por la investigación como aquella que contiene entre 0 y 120mg de carbonato de calcio por litro, parece influir en la incidencia de enfermedades como la demencia vascular. Los resultados apuntan a que quienes consumen este tipo de agua presentan un riesgo 34% mayor de padecer demencia vascular en comparación con los que beben agua dura. Los niveles bajos de magnesio también fueron relacionados con un aumento del 25% en el riesgo de desarrollar cualquier forma de demencia.
Los impactos parecen ser más pronunciado en adultos mayores de 65 años que viven en zonas urbanas. En el Reino Unido, regiones como Escocia, norte de Inglaterra y el oeste de Gales son conocidas por tener un suministro predominante de agua blanda. Sin embargo, incluso en regiones con agua dura, muchas personas instalan ablandadores para evitar acumulaciones de cal, lo cual las expone a características similares a las del agua blanda.

Resultados claves y contradicciones del estudio
La investigación llevada a cabo por el Imperial College London (Inglaterra) y la Universidad Jiao Tong de Shanghái (China), también exploró los efectos a nivel cerebral. Los datos revelaron cambios estructurales en 20 áreas del cerebro en personas que consumen agua blanda, lo que refuerza la hipótesis de que la calidad mineral del agua podría tener un impacto en el desarrollo de enfermedades neurodegenerativas.
A pesar de los hallazgos, expertos como el doctor Tom Russ, director del Alzheimer Scotland Dementia Research Centre, subrayaron que estos resultados no prueban de forma definitiva que la dureza del agua contribuya al desarrollo de la demencia. “Si tiene algún efecto, será muy pequeño”, afirmó el especialista, destacando que factores como el tabaquismo, el colesterol alto y la hipertensión representan riesgos mucho más significativos.
Por otro lado, las críticas al diseño del estudio fueron contundentes. La Dra. Emma Anderson, profesora asociada de epidemiología en el King’s College London, calificó la investigación como “mal conducida” y advirtió contra usarla para hacer recomendaciones regulatorias sobre la dureza del agua. Debido a esto, por medio de Daily Mail, apuntó: “En general creo que se trata de un estudio mal realizado y que no deberíamos utilizarlo para evaluar si la dureza del agua debería tomarse más en serio”.

Áreas más afectadas según el análisis
Alrededor del Reino Unido, cerca de un 40% de la población (aproximadamente 27 millones de personas) vive en regiones abastecidas con agua blanda. Además de que muchas personas que residen en áreas con agua dura instalan dispositivos ablandadores para reducir el contenido mineral de sus suministros, lo que las expone a características similares al agua blanda.
El impacto potencial de esta calidad de agua radica en su posible vínculo con la demencia y en su capacidad para acelerar la corrosión de las tuberías. Este fenómeno podría facilitar la liberación de contaminantes tóxicos como el plomo, lo cual representa otro riesgo para la salud pública.
La investigación por la colaboración entre instituciones universitarias de Londres y Shanghái, analizó los datos de casi 400.000 personas del Reino Unido, e indicó la relación directa entre el consumo de agua blanda y un mayor riesgo de enfermedades neurodegenerativas. Se concluyó que la exposición prolongada a agua con bajos niveles de minerales incrementa en un 63% el riesgo de demencia general.
Las perspectivas en la comunidad científica son divididas. Por un lado, el Dr. Russ sugirió: “Hay más trabajo por hacer sobre cualquier factor ambiental que pueda estar relacionado con la demencia”. Mientras que el profesor Awadhesh Jha, experto en toxicología genética y ecotoxicología de la Universidad de Plymouth, consideró que establecer recomendaciones basadas en estos hallazgos sería especulativo.
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